Mi vida en un susurro

El peso de un suspiro

Casi no he probado la cena, ya que tenía el estómago cerrado, menos mal que mis padres esta noche cenaban con unos amigos si no ya tendría a mi madre taladrándome para que cenase en condiciones.

Ya son casi las 10, estos estarán a punto de llegar y cada minuto que pasa, más intranquila me pongo.

Suena mi móvil y al ver la pantalla es Raul que al primer timbrazo cuelga. Ya están abajo esperándome, me dispongo a ponerme mi abrigo y coger las llaves cuando llaman a la puerta. Supuse que sería Raul que subiría a buscarme para que no me escaquease.

-Ya baja… -me quedo estupefacta al no ver a nadie frente a mí.

Doy un paso al frente, miro a un lado del pasillo, miro hacia el otro y no hay nadie. En ese momento pensé que alguno de estos tontos quería asustarme.

Bajando por el ascensor vuelve a llamarme Raul y le cuelgo. Cuando llego al portal veo el coche aparcado en frente, están los tres hablando supongo que de mí ya que se ríen de vez en cuando.

-Ya vale de reíros a mi costa ¿no?- solté de golpe al entrar en el coche. Esto empezaba a cabrearme.

-Pero ¿qué dices?- soltaron los tres al unísono mirándome.

-Muy graciosos, llamáis a la puerta y salís corriendo, parecéis críos- dije mientras me ponía el cinturón.

-¿Tía de que hablas? Y si que no hemos sido nosotros, no nos hemos movido de aquí- dice victoria que estaba junto a mí en el asiento de atrás.

-No me vaciléis que no estoy para tonterías- Ya empezaba a mosquearme.

-En serio Kayla que no te estamos mintiendo- Raul parecía sincero- ¿crees que yo te mentiría?

-Puffff, ok… vámonos- estaba agobiada ya.

Durante el trayecto apenas hablé, solo deseaba no estar donde estoy, quiero irme a mi casa, aún no sé cómo me metí yo en este embrollo, espera, si lo sé… Raul.

Al llegar estaba todo muy oscuro y sospechosamente tranquilo para estar en medio del bosque.

Entramos en la casa uno detrás de otro con las linternas de los móviles encendidas, sentí un escalofrío recorrer toda mi piel… recorrí con la mirada la estancia veía sombras que se movían a consecuencia de la luz. Estaba continuamente alerta y aterrada al mismo tiempo.

Nos acomodamos en una habitación que se suponía que era el salón, lo deduje por la chimenea ennegrecida que estaba en medio de la pared más amplia. Victoria sacó de su mochila la ouija, el puntero y unas velas, las cuales encendimos de inmediato para tener más claridad.

Allí estábamos los cuatro, sentados en medio de aquella habitación, el ambiente era lúgubre y tenso, al menos para mí que no dejaba de mirar hacia todos lados. Para nada me imaginé hace una semana que estaría aquí metida hoy…

-¿Empezamos?- dice Victoria con una sonrisa.

-¡Al lío chicos!- suelta Jesús emocionado.

-Nos cogemos de las manos y formamos un círculo en torno a la tabla- Victoria agarra mi mano y la de Jesús- Después cerramos los ojos y respiramos profundamente tres veces.

Intenté respirar profundamente pero al tener los ojos cerrados el sentido auditivo lo tenía por las nubes y escuchaba ruidos desde todas direcciones. Sí… estaba bastante acojonada y quería salir huyendo de allí. Tenía todos los pelos de mi cuerpo como escarpias.

-Ahora tenemos que realizar una oración que a la mayoría nos guste invocando a algún ser de luz para que proteja la sesión- Nos miraba a los tres esperando que alguno dijese algo.

-Yo no tengo ni idea- balbuceé

-Victoria tú eres la que sabe cómo va esto- susurró Raul.

-Repetid conmigo: La luz de la perfección Divina, y del poder amoroso de Dios se expresa a través de todo mi ser, a todo perdonando, a todo liberando ya todo curando.¡Qué así sea¡¡Qué así sea!¡Qué así sea!¡Y así será!

Los cuatro repetimos la oración sin dejar de mirarnos los unos a los otros.

-Ahora ya estamos perfectamente preparados para comenzar- Victoria nos mira a los tres- lo primero que tenemos que hacer es que todos pongamos el dedo índice en el puntero.

Miré como los tres ponían los dedos en el puntero, me resistía a hacerlo, no me gustaba nada pero accedí.

-Repetid conmigo- vuelve decir Victoria- amigos unidos para invocar, espíritus prestos a escuchar.

-Amigos unidos para invocar, espíritus prestos a escuchar- repetimos al unísono los cuatro.

-¿Hay alguien ahí?- pregunta Victoria mirando a su alrededor, como no hay respuesta vuelve a hacer la pregunta- ¿hay alguien ahí?

No sé si fue una pequeña corriente de aire, pero sentí en mi nuca como si alguien estuviese respirándome y me giré de inmediato aterrada.




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