Mi vida mi color

Capítulo 5: Coincidencias inesperadas

Amanda, queriendo profundizar más en su amistad con Jessie y dejando de lado el tema superficial de los chicos —ese terreno que a Jessie le resultaba tan incómodo y ajeno de navegar—, cambió el rumbo de la conversación de forma repentina y directa. Quería conocer más allá de la superficie de su nueva amiga.
—Oye, Jessie —preguntó Amanda, apoyando la barbilla en su mano y mirándola con curiosidad genuina—, ¿qué hiciste ayer en tu casa? A veces siento que solo hablamos de cosas de la escuela y no nos contamos mucho de nuestra vida fuera de aquí.
Jessie se encogió de hombros con sencillez, recordando el refugio reconfortante que encontraba en su rutina diaria lejos del caos escolar.
—Pues, la verdad estuve muy tranquila en mi cuarto. Me puse a hacer mi cama para que no fuera un desastre total, vi un poco la tele, me puse a ver una película de acción y, como siempre, terminé viendo anime hasta tarde. Ah, y luego tuve que hacer la tarea de historia que nos encargó la profe, que por cierto, ¡qué pesada estuvo, no terminaba nunca! ¿Y tú, qué tal estuvo tu día ayer?
Amanda sonrió de oreja a oreja, y para gran sorpresa de Jessie, sus actividades resultaron ser bastante similares a las de ella. Comenzaron a intercambiar detalles sobre sus tardes: el aburrimiento mortal de las tareas, la paz inmensa de estar a solas en sus cuartos y las pequeñas cosas que disfrutaban en la comodidad de su hogar. Sin embargo, cuando Amanda mencionó con total naturalidad que a ella también le apasionaba el anime y que pasaba horas viéndolo, el corazón de Jessie dio un vuelco de emoción pura. Jessie se sintió profundamente emocionada y liberada; por fin había encontrado a otra persona, además de José Antonio, con quien podía compartir ese mundo vibrante y fantástico que tanto la fascinaba y que sentía que la definía en gran parte. Sin pensarlo dos veces, sacó su celular de la mochila, entró a la aplicación de Netflix y comenzó a navegar con destreza por el catálogo. Encontró el anuncio de una nueva serie de animación coreana que se estrenaría próximamente y que tenía una pinta increíble. Sin perder tiempo, se la enseñó a Amanda, cuyos ojos se iluminaron al ver la pantalla.
—¡Ay, no inventes! ¡Sí, está chida! —exclamó Amanda con una sonrisa radiante, casi gritando de la emoción—. Ya me habían salido los anuncios en todos lados y ya vi los tráilers; va a estar muy emocionante la trama. ¿La vas a ver tú?
—¡Claro que sí, no me la pierdo por nada del mundo! —respondió Jessie con una determinación y un entusiasmo que hizo que su amistad con Amanda se sintiera aún más sólida y real.
En ese momento, el bullicio ensordecedor del recreo se desvaneció por completo para ellas. Estaban tan absortas en su conversación, analizando cada detalle del tráiler, compartiendo teorías locas sobre la trama y discutiendo sus expectativas, que no notaron que el tiempo se había agotado hasta que una sombra conocida se proyectó sobre ellas. Era José Antonio, quien regresaba de la cancha, respirando con dificultad y secándose el sudor de la frente con el cuello de su camiseta de uniforme, con la cara roja por el esfuerzo.
—¡Hola! ¿Cómo estuvo el partido? —preguntaron las dos chicas al unísono, interrumpiendo su plática sobre anime para prestarle atención a su amigo.
José Antonio esbozó una sonrisa de triunfo absoluto, inflado de orgullo por el resultado.
—¡Estuvo increíble! —respondió él, tratando de recuperar el aire—. Metimos cinco goles y ganamos contra el otro equipo. Estuvieron rudos, pero logramos darles la vuelta en el último minuto.
Al escuchar la noticia de la victoria, la reacción de Jessie fue instantánea y cargada de una energía ruda e inusual en ella.
—¡A huevo! Ese es nuestro amigo José Antonio —exclamó ella, con un tono de voz fuerte, masculino y directo, chocando su mano con la de él—. ¡Chingón, papá!
José Antonio se quedó un instante en completo silencio, parpadeando con sorpresa y confusión, genuinamente extrañado por escuchar a Jessie hablar con esa seguridad tan ruda y ese vocabulario, algo que nunca antes le había escuchado. Amanda, por su parte, también se quedó callada, procesando la forma en que su amiga acababa de festejar; un fugaz "¡Ah, caray!" cruzó por su mente al notar ese lado tan distinto y potente de Jessie. Sin embargo, ambos decidieron ignorar el momento y no decir nada al respecto. Respetaban demasiado su espacio y su amistad como para cuestionar esa faceta desconocida de su personalidad. En ese instante, el timbre volvió a sonar con fuerza, obligándolos a regresar al salón de clases, listos para enfrentar el resto de la jornada juntos, con la complicidad de su amistad más fuerte que nunca.



#308 en Joven Adulto

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Editado: 30.08.2026

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