CAPÍTULO IV. SE RESPIRAN CELOS
Camino con la cabeza recta y erguida mientras salgo del lugar con pasos firmes y calmados, ya no huyó de manera apresurada como antes y me repito a mi misma que no puedo dejar que ellos me afecten nuevamente, pero mi ánimo inicial evidentemente esta afectado y recuerdo algo que decia mi manager "no hay nada mejor que gastar dinero para subir el ánimo" y decido ponerlo a prueba.
Entro en una tienda de diseñador especializada en vestidos, ninguna dependiente se acerca por lo que me pongo a ver los modelos y a ojo empiezo a seleccionar los que considero que me quedarían, elijo vestidos de coctel y gala, como también modelos básicos que pueda usar a diario junto con piezas que pueda combinar entre si. En este momento agradezco mis conocimientos adquiridos en mi otra vida porque asi podre lograr que Ciara tenga su brillo propio.
No se si ella esta muerta o dormida o peor aun si yo deba dejar este cuerpo en algún momento, el pensamiento me da escalofríos que hace que lo desheche de manera rápida, aún no estoy preparada para descubrir todo aquello acabo de renacer y no quiero irme tan rápido.
- Ciara, ¿Eres tu? - una voz masculina pronuncia mi nombre de manera sensual casi como una caricia y camina en mi dirección haciendo que enseguida se me acerca una dependiente, como si reconociera quien es el hombre - este nuevo look te hace ver aún mas hermosa cara mia - y toma mi mano y me hace dar un giro provocandome que suelte una risa, la primera desde que renaci.
Alessandro Montero es un hombre peligroso de eso que no se imponen pero su sola presencia llena el lugar y sobretodo esta consiente de ello lo que lo hace aún mas peligroso, el no es de los que pide perdón y menos permiso, sonrie como si el mundo le perteneciera por el simple hecho de existir, destila un aura poderosa como si fuera algo natural.
- Señor Montero - saludo.
- Alessandro Cara mia, Alessandro ya superamos lo de señor Montero - y aquello está abierto a cualquier modo interpretativo.
- Señor Montero no sabía que era tan cercano a mi esposa - dice entrando Ignacio y acercándose a mi de manera posesiva - ve a probartelos - me ordena y obedezco sin poner objeción porque el aura de esos dos presagia problemas y definitivamente no pienso estar en el medio de ellos dos, sea lo que sea que haya pasado entre ellos no sere un escudo para ninguno.
- Y yo no sabía que ahora le dedicabas tiempo a tu esposa pero mas sorprendente que su cambio que ya es bastante es verte por primera vez acompañandola - le escucho decir mientras me alejo con toda la ironía impregnada en cada palabra.
Me mido el primer vestido y me queda como un guante, no quiero salir pero la dependiente me insiste por lo que me veo obligada a hacerlo.
- Estas hermosa Cara mia - recibo apenas salgo un halago de parte de Alessandro.
- Mi esposa no necesita que le digas lo hermosa que es - responde en un tono que no logro identificar Ignacio.
- Toda mujer necesita que se lo digan. Eres muy bueno en los negocios Del Vecchio pero no tanto con las mujeres o será que es solo con ella - no puedo evitar que su comentario toque una fibra sensible en mi porque he visto facetas diferentes en mi esposo con otros, pero trato de que mi rostro no pierda su expresión.
- No te permito...
- Por favor, solo quiero comprar sin incidentes - le tomo del brazo a Ignacio para tratar de calmar el escándalo que está por iniciar.
Pero con cada prueba los ánimos parecen volverse mas pesados por lo que decido cambiarme y llevarme el resto del vestuario sin probarmelo y disponerme a pagar para salir antes que esos dos terminen yéndose a las manos y monten un espectáculo que seguramente me colgarán a mi.
- Creo que es todo por ahora - ignoro a ese par mientras mi cerebro piensa como me llevaré todos esos paquetes.
- Tengo a mis hombres afuera y puedo llevar lo que necesites - dice Alessandro adivinando mi dilema - asi tendré nuevamente una excusa válida para volverte a ver.
- No es necesario Montero, mi esposa no necesita de su ayuda. Soy suficiente para encargarme de mi esposa - y empieza a tomar mis paquetes junto al chofer que lo mira con cara de sorpresa.
- De verdad que es interesante - dice Alessandro claramente provocando a Ignacio.
- Llamaremos a uno de los chicos de depósito para que les ayude con los paquetes - dice la mujer de la caja, gesto que Ignacio acepta sin soltar los que ya tiene en la mano.
- Nos vemos el viernes cara mia, ansio ver como floreces y nos iluminas con tu luz propia - se despide Montero tomando mi mano y depositando un beso en ella.
- Nos vamos - Ignacio esta claramente molesto y me toma por el brazo empujándome a la salida.
Verlo cargar por primera vez bolsas me provoca una mezcla de risa y asombro, Ignacio Del Vecchio está cargando algo para Ciara es definitivamente una escena que debería fotografíarse pero mi instinto de supervivencia me dice que por mí bien me quede quieta y no invente.
- Por lo visto te produce felicidad ver a ese hombre - me dice molesto por la sonrisa que trato de reprimir ante mi deseo de una foto de la escena - no olvides con quién te casaste y no creas que pienso dejarte el camino libre para que corras a sus brazos - dice mientras termina de colocar los paquetes en la maleta del carro y el mismo me abre la puerta.
- Si no te conociera tan bien, diría que estas celoso - le digo antes de intentar entrar en el auto.
Algo que no llega a suceder porque soy tomada por la cintura y me pega a su cuerpo, activando mis memorias y haciendo que tiemble en sus brazos. La pequeña sonrisa que me da hace que quiera soltarme pero antes que pueda llevarlo a cabo coloca una mano detras de mi cuello y me besa, de manera exigente y cuando su mano baja a mis glúteos el aprovecha mi sorpresa para explorar mi boca y en ese momento olvido todo y le correspondo con la misma intensidad que él me besa.
- No olvides nunca que eres mi esposa- dice mirando por encima de mi hombro y al voltear veo a Alessandro que me da una sonrisa en señal de despedida.