Teo
El aire fresco llenaba mis pulmones, salir a correr en las mañanas me despejaba bastante la mente y despues de mi explosion de ira en la reunión de hace unos días la vergüenza me hacía querer mantenerme un poco lejos de los demás, aunque Jasper fue comprensivo y no se molesto, aun me siento un poco culpable por las cosas que dije sobre el, olvidándome de sus sentimientos, sin embargo, es bueno verlo más tranquilo a pesar de las circunstancias.
La vista desde la montaña es impresionante y no pude evitar parar un momento para disfrutar del paisaje, desde aquí arriba se veía todo tan pequeño y diría que hasta normal, pero mientras estaba distraído unos brazos fuertes me abrazaron por la espalda —¿Por qué tan solo?— La voz de Marco se escuchó directo en mi oído.
—Quería salir a correr un rato, solo eso— sin darme cuenta acomodé mejor mi espalda para estar más cerca de su pecho
—Te entiendo, pero no puedes seguir huyendo para siempre—
Suspire —Se que debo parar, pero es un poco difícil ver a la cara a los demás después de ese berrinche—
Sonrió —Tranquilo, fue algo entendible—
—Gracias—
—No hay nada que agradecer— me abrazó un poco más fuerte—Extraño Unix— cambio de tema de forma brusca —Hace varios meses que no podemos compartir con nuestras criaturas mágicas—
—Así es, extraño mucho a Arcante, me siento tranquilo al saber que nada ni nadie puede entrar a su dimensión, pero aun no me puedo creer que perdimos dos distritos frente a las fuerzas del mal—
—En realidad, Cantararea no presenta ocupación—
—Está completamente arrasada, los daños son gigantescos y aunque los recursos para reconstruir la ciudad están, es muy arriesgado y se vería como un reto a las fuerzas oscuras, hasta podría desatar otro ataque—
—Y por su parte Aliseum sigue lleno de sombras y criaturas de las tinieblas, intentar caminar en sus calles actualmente es un sentencia de muerte—
—Así es lobito— sentí como su cuerpo se relajaba
—Aun no entiendo porque me agrada escucharte llamarme así—
Me di la vuelta y lo mire directo a los ojos, él aún me sostenía la cintura —Realmente yo tampoco lo se, pero disfruto mucho mirarte a los ojos, son como si estuviera mirando lo profundo del mar— se sonrojo un poco, pero sonrió sincero.
—Puedes verlos todo lo que quieras, a parte el que me mires fijamente me da el placer de disfrutar de esos ojos color sol—
Sonreí, de forma honesta y sincera, mientras me perdía en la mirada de este hermoso hombre lobo — Si me dices ese tipo de cosas, podrías hacer que me enamore de tí—
El abrió los ojos con sorpresa, pero luego su mirada se volvió más determinada —¿No has pensado que quizás eso es lo que deseo?—
—Disculpa— eso fue lo único que pude decir, la sorpresa hizo que mi lengua se desconectara de mi cerebro y mi corazón se acelerara.
—Lo digo enserio chico demonio, desde que te conoci estoy perdidamente flechado por ti— colocó su mano en mi rostro y no pude evitar sonrojarme por sus caricias, me quede viéndolo directo a los ojos y sin pensarlo lo bese, como hace mucho quería hacerlo, primero reaccionó con sorpresa, pero se recompuso rápido y me respondió fue suave y sutil, tal como era la personalidad del enorme hombre frente a mi.
Luego de unos cuantos minutos deje de besarle y lo mire nuevamente —Por si no quedo claro, siento lo mismo por ti lobito— me sonrió grande y emocionado
Nos sentamos y comenzamos a hablar de la vida, nuestra infancia, miedos, preocupaciones, pero también de las cosas que nos llenaban de alegría, los valores que nos rigen y nuestros planes futuros, sin darnos cuenta el tiempo se fue volando.
Marco se puso de pie —Creo que es momento de que bajemos— extendió su mano hacia mi, como ya había hecho en otras ocasiones, pero el tomarla esta vez se sintió diferente, como si un hilo invisible se estuviera conectando entre nosotros y se sintio tan correcto.
—¿Una carrera hasta el pie de la montaña?— dije con una sonrisa un tanto burlona
El simplemente resoplo, se puso en posición y los dos salimos corriendo a toda velocidad, a los pocos segundos el iba muy por delante de mi, le deje pensar que tendría la ventaja y cuando él menos lo esperaba acelere el paso, dejándolo atrás, él se rió con ganas y cuando pense que habia ganado, sentí sus brazos tomarme por la cintura y caímos al suelo, cerré los ojos esperando el golpe que nunca llegó, pues aterrice en una superficie suave, cuando me atreví a mirar qué había pasado, me tope con las pupilas brillantes y dilatadas del chico que sonreía.
—Probaste tu punto— rozó su nariz con la mía
De repente los vellos de mis brazos se erizaron y la mirada de amor de Marco fue sustituida por una de alerta, sin perder tiempo levante un escudo en el justo momento que una bola de fuego morada venía en nuestra dirección, el golpe fue menos poderoso de lo que esperaba para el tamaño del ataque y 3 personas en capuchas se hicieron presente frente a nosotros.
—Dos enamorados se han cruzado en nuestro camino— una voz ronca, pero femenina provino del encapuchado del centro.