Mi Vida Sobrenatural Llega La Magia

Capítulo 38. Las memorias de la arena 

Aristides

El bullicio del mercado hacía que todo pareciera casi mundano, personas sin preocupaciones, vendedores ambulantes que gritaban el precio de sus productos y niños corriendo alrededor de una fuente de colores desgastados que lanzaba un chorro potente en el aire, gente que simplemente vivía, sin saber que las sombras a su alrededor se estaban agitando, vigilantes y latentes.

—Al parecer esta zona es bastante movida— dije rompiendo el silencio que se había estacionado hace unas horas en el carruaje en el que viajamos, era de madera oscura, pero sin ningún tipo de decoración o elegancia para no llamar la atención, considero que un portal hubiera sido más rápido, sin embargo, Jasper apuntó a que la apertura de vórtices de transporte provenientes desde Zelfica a Egyptapolis hubiera sido sospechoso, poniendo en alerta a nuestros enemigos.

—Recuerdo que la gente de mi pueblo siempre ha sido enérgica y alegre, a pesar de que la ciudad tuvo que moverse por el cambio de las aguas y las edificaciones son completamente nuevas, siguen siendo tal como la recuerdo— Amunckra soltó un suspiro.

—¿Por qué no visitas más?— pregunte curioso antes de poder detener mis palabras

El me miro por unos minutos y luego soltó el aire que retenía en sus pulmones —Los recuerdos son muchos, a pesar de que han pasado milenios y que todo el que me conocia esta en el otro plano, las experiencias que viví en mi reinado me ponen un poco melancólico, no me mal entiendas estoy feliz de ver que mi trabajo no fue en vano, pero las memorias de la arena pueden ser hermosas, así como pueden crear un gran dolor—

—¿Las memorias de arena?— Philiph lo miro curioso

—Antaño, los grandes escribas de mi pueblo tenían el poder, mediante ciertos hechizos y rituales, de hacer que la arena reviviera o mostrará las situaciones de las que fueron testigos, pude verlo dos o tres veces, creaba siluetas y rostros perfectos, nos ayudaba a resolver trifulcas y crímenes con mucha facilidad—

—Es como si fuera una cámara de vigilancia, totalmente sorprendente— dijo Jasper con una sonrisa

—Lo era, pero lamentablemente esa práctica se perdió hace años o al menos eso creo, ese arte sólo unos pocos lo dominaban y a los faraones no se nos permitía obtener esos conocimientos, pues era algo exclusivo de los escribas y sacerdotes de mayor rango—

—Que lastima— dije con algo de pesar

—Todo cambia con el pasar de los años, las culturas evolucionan y se transforman dejando atrás lo que se considere poco práctico o pierda su función, así como la tierra misma decide y va borrando los restos de civilizaciones pasadas, ni siquiera la magia arcana pudo sobrevivir, con excepción de Jasper y yo, ningún otro hechicero puede practicarla, por lo menos hasta donde tengo entendido—

—Tienes razón Amunckra y en mi caso no conozco todos los hechizos arcanos, por lo general aparecen en mi memoria cuando los necesito o me encuentro en un aprieto de fuerza mayor, sin embargo, quizás con el retorno de los elfos, uno que otro de sus ancianos pueda tener acceso a ese tipo de poder—

—Seria bueno averiguar eso, hay ciertos tipos de magia que si se realizan en grupo son bastante fuertes— comentó el faraón

—¿No sería posible que se les enseñara a las nuevas generaciones a utilizar ese tipo de magia, al fin y al cabo corre por las venas de este mundo?— preguntó Philiph con simpleza.

Los dos hechiceros se quedaron pensativos y la ruta al palacio continuó en silencio, habíamos dejado el bullicio atrás y a ambos lados de la carretera había grandes campos de siembra, con decenas de personas trabajando en orden y armonía, se me hacía difícil mantener la idea de que estamos en el medio del desierto, pero imagino que es una de las ventajas de vivir en un oasis, la protección natural y la tierra siempre fértil.

—Estamos por llegar—

Mire en la dirección que señalaba mi novio, un enorme palacio, parecido al taj mahal se levantaba imponente, con tejas de color marfil y oro, con grandes ventanales y un arco gigantesco que emarcaba las puertas que estaban abiertas para nosotros, no nos detuvieron ni pregutnaron nada, pues todos estaban enterados de quienes viajaban en este carruaje.

Nos bajamos del carruaje y en las escalinatas nos esperaba el faraón con su traje típico, su reina y su hijo mayor, junto a 6 soldados, 3 a cada lado de los regentes —Legionarios, bienvenidos a Egyptapolis, para mi es un honor recibir su visita de manera oficial, quisiera que fuera en momentos más agradables para nuestro mundo, pero esta es la realidad que nos ha tocado vivir—

Todos hicimos una leve reverencia —Gracias a ustedes por recibirnos con tan poco tiempo—

—No hay nada que agradecer, síganme por favor— comenzamos a caminar atrás el alto hombre, llegamos a un salón de reuniones enorme —Pensaba que vendrían todos, por eso prepararon este salón tan grande, disculpen el inconveniente—

Jasper asintió —No hay problema, los demás legionarios están visitando los demás distritos para entablar esta misma conversación con los demás regentes—

Nos dirigimos a las sillas y cuando el faraón tomó asiento, lo demás lo hicimos igual, como andábamos cortos de tiempo le comentamos todo lo que aprendimos al regente de este distrito, su rostro se fue tornando sombrío mientras hablábamos, la reina no pudo ocultar la preocupación de en su rostro perfecto y el heredero de la corona apretó los puños con enfado.




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