HASTA LA RAIZ
Nathalia Lafourcade
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Soo-min dio un golpe ligero sobre la mesa del restaurante, mostrando con una sonrisa la pantalla de su laptop donde el panel del proyecto de la novela de Chae-Yoon brillaba con letras verdes que indicaban: "ESTADO: EN ORDEN".
-Tú no te preocupes por nada de esto -le aseguró Soo-min, dándole un sorbo a su bebida-. Para eso soy tu agente. Tu única tarea este mes es respirar y desconectar. Yo me encargo del resto.
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Y Chae-Yoon le tomó la palabra. Los días siguientes se convirtieron en un borrón difuminado de normalidad recuperada. Entre las rutinas matutinas para reactivar su cuerpo en el gimnasio, las conferencias telefónicas obligatorias con los directivos de la editorial para pulir los flecos legales y las reuniones de trabajo vespertinas en cafeterías con Soo-min, el tiempo se aceleró de forma imprevista. Cuando Chae-Yoon quiso darse cuenta, se le había pasado volando una semana completa desde aquella madrugada de encierro.
Siguiendo los estrictos y competitivos criterios de la industria editorial de Corea del Sur -donde los tiempos de preventa, la maquetación final y las estrategias de distribución en plataformas de ventas literarias se miden al milímetro-, el engranaje funcionó a la perfección. La editorial confirmó de manera oficial lo que tanto habían esperado: la fecha de lanzamiento y publicación del libro quedó fijada para finales de la semana próxima.
A partir de ese anuncio, el ecosistema digital explotó. La novela estaba en pleno auge, posicionándose en las tendencias principales antes de pisar una sola librería física. En las redes sociales y las comunidades literarias, las personas comenzaron a hacerse eco de la noticia de forma masiva. La publicación oficial en las redes sociales de la editorial anunciando el próximo lanzamiento se volvió completamente viral en cuestión de horas. Los contadores de "compartidos" no paraban de subir y la sección de comentarios se inundó de miles de usuarios ansiosos, contando los días y declarando que no podían esperar un minuto más para tener la obra entre sus manos.
Tal como Soo-min había profetizado con absoluta certeza durante aquella cena, este nuevo libro estaba perfilándose para ser muchísimo más solicitado que el anterior. Y eso no era decir poco: su primera novela ya había sido un fenómeno tan grande que la editorial se vio obligada a lanzar cinco lotes consecutivos con miles de ejemplares cada uno para poder cubrir la altísima demanda del público.
Ver la respuesta del público a través de la pantalla de su teléfono, mientras compartía un café con Soo-min en su última reunión de la semana, le dio a Chae-Yoon una extraña mezcla de vértigo y orgullo. El iceberg finalmente se estaba disolviendo, y el mundo entero estaba listo para ver qué había debajo.
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El sudor corría por su frente mientras mantenía el ritmo en la caminadora, pero el cansancio físico quedaba en segundo plano gracias a los auriculares que la acompañaban a solas a todas partes. En ese momento, las notas de su grupo de K-POP favorito, Solstice, inundaban sus oídos. Sus canciones tenían un significado profundo y real para millones de personas en todo el mundo; no pasaba una semana sin que Chae-Yoon viera alguna publicación en redes donde alguien confesaba que tal letra de Solstice les había salvado la vida o los había ayudado a superar un trauma severo. De verdad eran hermosas. A ella le fascinaban, y más porque el vocalista principal -Geo- poseía una voz tan angelical, profunda y perfecta que tenía el poder de calmar su ansiedad al instante, borrando cualquier rastro de tormenta en su cabeza.
En medio de su rutina, el teléfono vibró en su soporte. En la pantalla apareció el nombre de su prima, Kang Seo-A. Cada cierto tiempo ambas solían quedar para tomar algo. A decir verdad, Chae-Yoon no se sentía del todo cómoda en esas reuniones; a pesar de que Seo-A nunca la había tratado diferente ni la había juzgado por sus decisiones pasadas, el simple apellido Kang cargaba un peso asfixiante. Chae-Yoon detuvo la caminadora, se puso de pie, caminó hacia un rincón tranquilo de los pasillos del gimnasio y le devolvió la llamada. Sostuvieron una conversación corta y directa para quedar esa misma tarde en una cafetería, y Chae-Yoon aceptó antes de que los nervios la hicieran arrepentirse.
Cuando Chae-Yoon llegó al lugar acordado, el aroma a granos de café tostados la recibió, y divisó a su prima sentada junto a la ventana. En cuanto la vio entrar, Seo-A se puso de pie de inmediato y la saludó con un abrazo cálido y apretado.
-¡Chae-Yoon! Estás hermosa, de verdad -dijo Seo-A, dándole una mirada llena de admiración mientras se separaban-. Definitivamente te queda muy bien el pelo largo. Te da un aire tan diferente.
Ambas se sentaron y ordenaron. Chae-Yoon mantuvo la guardia sutilmente alta. Nadie en su estricta familia sabía que ella era escritora; debido al hermetismo con el que manejaba su nueva vida y al rechazo de sus padres, todos en el clan pensaban que simplemente estaba desempleada y viviendo a la deriva. Según lo que Seo-A le había soplado alguna vez, los comentarios en las cenas familiares solían ser duros, pero ella prefería ignorarlos.
Continuaron charlando de temas triviales durante unos minutos hasta que Seo-A tomó su taza, le dio un sorbo y cambió el tono de voz a uno más emocionado.
-Bueno, Chae-Yoon, la verdad es que te cité hoy porque quería entregarte algo muy especial en persona -dijo, abriendo su bolso.
De la cartera sacó un sobre de papel texturizado y elegante, adornado con sutiles detalles dorados. Lo deslizó por la mesa. Era una invitación de boda.
Chae-Yoon abrió los ojos con sorpresa, se puso de pie de inmediato impulsada por la alegría del momento y rodeó la mesa para abrazarla de nuevo.