Mi Voz De Angel

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INNER CHILD
BTS

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Las semanas posteriores al lanzamiento del álbum se convirtieron en un torbellino implacable de compromisos para Solstice. Geo apenas tenía tiempo para mirar el reloj entre la filmación de divertidos programas de variedades -donde los chicos desataban risas con sus ocurrencias-, las extensas jornadas de entrevistas para medios internacionales y las exigentes sesiones de fotos, tanto en grupo para las portadas de revistas de moda como en solitario, donde la madurez y elegancia de Geo captaban toda la atención. El cansancio físico era innegable, pero la energía de los ensayos generales los mantenía a flote: el reloj corría en cuenta regresiva y pronto tendrían que partir hacia Japón para dar inicio a su esperada gira de conciertos.

A pesar de la agenda asfixiante, la fascinación de Geo por las novelas de Ámbar Ponce no disminuyó ni un solo milímetro. Llevaba los libros consigo a los camerinos y aprovechaba cada viaje en camioneta para repasar sus líneas favoritas. Su devoción por la obra llegó a tal punto que, durante una reciente entrevista televisiva en vivo, cuando el presentador le preguntó cuál había sido el último libro que había leído y que más lo había conmovido, Geo no dudó en responder: Instrucciones para disolver un iceberg en la bañera, mencionando además lo mucho que admiraba la impecable estructura narrativa de su autor. Aquella declaración, por supuesto, fue la que encendió las redes de Ámbar Ponce días atrás, aunque él seguía firmemente convencido de que investigaba los pensamientos de un hombre.

Sin embargo, una noche, tras regresar exhausto de un ensayo nocturno, el misterio literario quedó de lado cuando el pasado reclamó su lugar en sus sueños.

Geo volvió a soñar con ella. Volvió a ver los ojos dorados de la chica que había salvado de saltar al río Han hacía exactamente dos años. Esas dos esferas llenas de una luz extraña y dolorosa lo perseguían de vez en cuando en la quietud de la madrugada, obligándolo a recordar con una nitidez abrumadora lo que de verdad ocurrió en aquella fatídica noche de tormenta.

En aquel entonces, Geo aún no tocaba las estrellas con la misma fuerza que ahora. Venía de regreso a su casa después de un día entero de entrenamiento extenuante; el cuerpo le dolía y sus ojos pesaban por el cansancio acumulado mientras conducía bajo una lluvia torrencial que golpeaba el parabrisas.

Fue al cruzar el puente sobre el río Han cuando la vio.

A través de las ráfagas de agua, divisó la silueta de una mujer de espaldas, parada peligrosamente cerca del borde del puente. Iba completamente descalza, con la ropa empapada pegada al cuerpo y el cabello chorreando bajo la tormenta. En un primer reflejo, Geo pensó en seguir conduciendo, abrumado por sus propios problemas y la fatiga, pero su conciencia no se lo permitió. No podía dejarla ahí, no en esas condiciones.

Frenó el auto a un costado, bajó de inmediato y corrió hacia ella, sintiendo el frío de la lluvia calarle los huesos. Al acercarse por la retaguardia, la llamó en voz alta varias veces, pero la mujer no reaccionaba; permanecía inmóvil, como una estatua de sal contemplando el abismo oscuro del río.

Desesperado por romper su trance y sin saber qué más hacer, a Geo le brotó una melodía desde lo más profundo del alma. Comenzó a tararearla con suavidad, dejando que la música fluyera para aplacar la violencia del viento, y pronto, la melodía se convirtió en palabras improvisadas. Cantó sobre que aún debía quedar algo por lo que vivir, prometiéndole en cada nota que, sin importar la oscuridad del presente, mañana el sol volvería a salir.

Fue en ese instante cuando la melodía hizo efecto. La mujer giró lentamente la cabeza y lo miró.

En ese microsegundo, el mundo de Geo se detuvo por completo. Frente a él estaba una chica que se veía sumamente joven, pero lo que lo impactó con la fuerza de un rayo fueron sus ojos. Jamás en su vida había visto a nadie con ese color de ojos dorados, magnéticos y desgarradores, que lo miraban cargados de un dolor tan profundo que le encogió el corazón. No hubo tiempo para palabras. Acto seguido, las fuerzas de la joven cedieron y se desmayó hacia el frente. Geo reaccionó con la rapidez de un parpadeo y la tomó firmemente en brazos antes de que su cuerpo chocara contra el frío suelo del puente.

Mientras la lluvia seguía cayendo sin piedad, él la resguardó como pudo, llamó de urgencia a los servicios médicos y esperó junto a ella hasta que los destellos de las luces rojas y azules iluminaron el lugar. Una vez que la ambulancia se llevó a la chica con rumbo al hospital, Geo regresó a su coche y condujo a casa, conmocionado.

Al día siguiente, la preocupación no lo dejó en paz. Llamó a varios hospitales de la zona para preguntar por el estado de la joven ingresada esa noche, intentando averiguar si se encontraba bien, pero debido a las estrictas políticas de privacidad y a que no sabía su nombre, no dio con ella. Nadie le dio razones. Y así, buscando respuestas que nunca llegaron, pasaron las semanas, los meses... hasta convertirse en dos años de un misterio que aún le quemaba el pecho.

Geo se despertó de golpe en su cama, con la respiración ligeramente agitada y el eco de su propia melodía del pasado flotando en la habitación de su moderno departamento. Se sentó en el colchón y se pasó una mano por el cabello, mirando hacia el gran ventanal donde Seúl comenzaba a iluminarse con el alba.

Deseaba saber qué había sido de ella, si seguía con vida, si había logrado ver salir el sol tal como él le había cantado.

************

Era el primer día libre que Solstice tenía en casi dos meses, y el chat de grupo de la banda era un reflejo exacto de sus caóticas personalidades.

[SOLSTICE ☀️]

Min: ¡LIBERTAD! Al fin puedo dormir hasta tarde... Mentira, me desperté a las 7 a.m. por la costumbre. Alguien ayúdeme, mi cuerpo está programado para sufrir. 😭




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