AT MY WORST
Pink Sweats
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La sala del departamento de Soo-min estaba sumida en un silencio sepulcral, roto únicamente por el sonido de la televisión de alta definición que transmitía en vivo. Chae-Yoon sostenía una taza de té entre sus manos, pero sus dedos estaban tan congelados por la impresión que temía tirarla al suelo.
En la pantalla, Moon Gye-On -el imponente y magnético Geo- miraba fijamente a la cámara del presentador. Al ser cuestionado sobre su última lectura más conmovedora, el líder de Solstice pronunció con perfecta modulación cada una de las palabras del título: Instrucciones para disolver un iceberg en la bañera. Añadió, además, que había quedado tan deslumbrado por la mente analítica del autor que se había tomado el tiempo de buscar y devorar también su primera obra, El teorema de las cosas que nunca regresan.
Chae-Yoon y Soo-min se miraron por un segundo con las respiraciones contenidas, antes de estallar en un grito unísono de pura euforia. Quedaron completamente extasiadas, saltando en el sofá como adolescentes mientras la televisión continuaba mostrando los rostros perfectos de los integrantes de Solstice. Para Chae-Yoon, saber que su "escudo" de letras había impactado de esa forma a la misma voz que la mantenía aferrada a la vida era un shock del que tardaría días en recuperarse.
-¡No puedo creerlo! -chilló Soo-min, abanicándose el rostro con las manos como si le faltara el aire-. ¡Ámbar Ponce es tendencia mundial ahora mismo en las redes de Eclipse, Chae-Yoon! El fandom entero de Solstice se está volviendo loco buscando quién demonios eres. ¡Míralos! Es que no solo son unos genios literarios sin saberlo, ¡es que son jodidamente guapos! Mira a mi hombre, por favor.
Soo-min señaló la pantalla con ojos enamorados justo cuando la cámara enfocaba a S.H.
-Esa madurez que tiene Seong-Ho me va a matar un día de estos -suspiró la editora, derritiéndose por completo en el respaldo del sofá-. Esa mandíbula, esa seriedad cuando produce... Es el tipo ideal de cualquier mujer con buen gusto.
Chae-Yoon soltó una risita, contagiada por la emoción de su amiga, pero sus ojos regresaron de inmediato al centro de la pantalla, fijos en el líder del grupo.
-Pues a mí el que me derrite es Geo -confesó Chae-Yoon en un murmullo, sintiendo un vuelco en el corazón al ver la calidez de su sonrisa a través de los píxeles-. Hay algo en él... no lo sé. Es magnético.
Soo-min se giró hacia ella de golpe, entornando los ojos con una sonrisa pícara y burlona.
-Vaya, vaya... Así que a nuestra brillante escritora estrella le gustan mayores. Te recuerdo que Geo está a punto de cumplir los treinta, jovencita. ¡Viejito pero sabroso, te entiendo perfectamente! -bromeó Soo-min, dándole un codazo amistoso.
-¡Oye, no es por eso! -protestó Chae-Yoon, ensanchando sus mejillas sonrojadas mientras se defendía entre risas-. No es una cuestión de edad. Lo que más me fascina de Geo es su forma de pensar. ¿Escuchaste cómo analizó la estructura de los libros? Es un alma profundamente reflexiva, se nota en la manera en que cuida a los chicos y en cómo interpreta cada nota. Aunque bueno... -añadió Chae-Yoon, mordiéndose el labio inferior mientras miraba la imponente figura del cantante en la pantalla-, admito que esos hombros anchos y esa mirada profunda tampoco le hacen daño a nadie. ¡Es guapísimo!
-¡Totalmente! -secundó Soo-min, soltando una carcajada limpia-. Esos siete hombres fueron tallados por los mismos dioses. Si el fandom de las Eclipses supiera que la autora de los libros que su líder ama está aquí metida, derritiéndose por él en un sofá de Seúl, causaríamos un colapso internacional.
Pasadas unas horas, cuando la adrenalina del programa en vivo finalmente comenzó a disiparse y la noche se instaló sobre Seúl, Soo-min preparó algo de cenar. Mientras acomodaba los platos en la mesa, miró a su amiga con una expresión cargada de genuina preocupación.
-Chae-Yoon... ¿cómo te sientes realmente con respecto a mañana? -preguntó Soo-min en voz baja-. Es la boda de tu prima Seo-A. Sé que estás feliz por ella, pero ahí estará toda tu familia unida. Mañana vas a enfrentarte al ojo del huracán. ¿Vas a estar bien? Han pasado dos años enteros desde la última vez que viste a la mayoría de ellos.
Chae-Yoon dejó caer los palillos suavemente sobre el mantel y suspiró, mirando hacia la ventana. La calidez que había traído de su viaje a Jeju parecía ser el blindaje que necesitaba para este momento.
-Estaré bien -respondió Chae-Yoon con una madurez que sorprendió a su editora-. Recuerdo perfectamente lo que me dijo Seo-A cuando me entregó la invitación en mano. Ella me recordó que ya soy una adulta de veinticuatro años, y que ya ha pasado suficiente tiempo. Mi familia debería haber aceptado a estas alturas que la medicina quedó en el pasado, que esa ya no es mi vida.
Hizo una breve pausa, tragando el nudo que se formaba en su garganta al pensar en el día siguiente.
-No voy a mentirte, Soo-min. Va a ser horriblemente difícil volver a cruzar miradas con mis padres, con mi abuelo, mis tíos y mis primos. Sé perfectamente cómo juzgan y las altas expectativas que siempre me asfixiaron. Pero, al mismo tiempo, creo que es el momento preciso. Verlos a todos juntos en un evento neutral me permitirá salir de eso de una vez por todas. Es hora de cerrar esa puerta y demostrarles que sigo de pie.
Soo-min asintió con orgullo, conmovida por la valentía de la joven escritora. Le dio un apretón en la mano, sellando un pacto mudo de apoyo incondicional.
Dispuesta a aligerar la pesadez del ambiente y devolverle la sonrisa a su amiga, Soo-min cambió de tema drásticamente. Dejó escapar una sonrisa pícara, se puso de pie y corrió hacia su bolso para extraer dos documentos impresos que sacudió en el aire con aire triunfal.