Mi Voz De Angel

4/1

WE ARE
ONE OK ROCK

🎧

Él estruendo dentro del Domo de Tokio era indescriptible, pero para Chae-Yoon y Soo-min, el mundo se había reducido a ese pedazo de escenario iluminado. Rodeadas por un océano de varitas de luz que parpadeaban al ritmo de la música, las dos amigas saltaban y cantaban, contagiadas por la euforia colectiva del fandom. Ver a Solstice en vivo era una experiencia religiosa se habían perdido los conciertos de Corea, algo que lamentaban, Pero la energía que los siete chicos proyectaban en directo era mil veces más potente que a través de cualquier pantalla.

Para Chae-Yoon, esta era la segunda vez en su vida que lograba verlos en un concierto presencial, y la admiración que sentía por ellos solo se había intensificado con el tiempo. Eran maravillosos, una fuerza de la naturaleza que borraba cualquier rastro de dolor.

Si alguien le hubiera dicho en el pasado que ella -con la crianza tan estricta que recibió, las asfixiantes expectativas de sus padres y todas las restricciones impuestas por su familia- estaría alguna vez en un lugar así, saltando en medio de una multitud en Tokio, jamás lo habría creído. Toda su vida había sido un camino de líneas rectas y jaulas de cristal. Por eso, estar allí tenía un significado mucho más profundo y liberador; era la prueba tangible de que había tomado el control de su propio destino para presenciar algo que, a sus ojos, era pura magia.

Se sentía viva.

Cada vez que los integrantes recorrerían las pasarelas laterales y quedaban a pocos metros de su sección, el autocontrol se esfumaba. Soo-min, completamente desatada, gritaba a todo pulmón el nombre de S.H cada vez que el rapero pasaba cerca con su imponente presencia, abanicándose con las manos y fingiendo desmayarse. Chae-Yoon no se quedaba atrás; ver a Geo tan cerca, con esa sonrisa mansa que contrastaba con su imponente atractivo y sus hombros anchos bajo las luces, hacía que el corazón le diera un vuelco. Olvidando por completo la timidez, Chae-Yoon unía su voz a la de las miles de Eclipses, gritando el nombre del líder con una emoción que le encendía las mejillas.

Una melodía para sanar.

Sin embargo, el momento cumbre de la noche llegó cuando las luces del estadio bajaron su intensidad y los primeros acordes de piano de Tu Órbita comenzaron a resonar en el domo.

Al escuchar la introducción de su canción favorita, Chae-Yoon se llevó las manos a la boca y se quedó congelada. En el escenario, la luz se concentró en Geo, quien cerró los ojos para empezar a cantar los primeros versos sobre un amor puro capaz de guiar a un alma perdida en la noche más oscura. La belleza de su voz en vivo, cargada de una sensibilidad desarmante, caló profundo en el pecho de ella.

Casi de inmediato, las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de Chae-Yoon. Pero esta vez, a diferencia de las lágrimas amargas que derramó en el asiento trasero del taxi tras el rechazo de su familia, estas eran lágrimas de pura felicidad, de alivio y de sanación. Escuchar a Geo interpretar esa letra era como recibir un abrazo directo en el alma; una confirmación silenciosa de que haber roto con el molde familiar, haber dejado atrás la medicina y haber elegido su propio camino valía la pena. La música de Solstice estaba cumpliendo su promesa: ser el faro que la rescataba de la oscuridad.

Soo-min la abrazó de lado por los hombros, compartiendo el peso de la emoción mientras ambas balanceaban sus brazos al ritmo de la balada. Fue una noche absolutamente maravillosa, un bálsamo perfecto que borró los fantasmas del pasado y selló en la mente de Chae-Yoon el recuerdo de un mar azul donde, por fin, se sentía completamente libre.

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Los días siguientes en Japón se convirtieron en un sueño pintado de colores otoñales y sabores inolvidables para Chae-Yoon y Soo-min. Lejos de la rigidez de Seúl y con el corazón completamente curado tras la catarsis del concierto, las dos amigas se dedicaron a exprimir cada segundo en la capital nipona. Se regalaron el placer de comer delicioso, perdiéndose en los callejones iluminados de Shinjuku en busca del mejor ramen de la ciudad.

Una tarde, sentadas en un pequeño y acogedor local tradicional en Asakusa, con dos enormes y humeantes tazones de ramen frente a ellas y un plato de mochis de postre esperando en la esquina de la mesa, Soo-min soltó una carcajada limpia mientras revisaba las fotos de su teléfono.

-¡Chae-Yoon, por favor, tienes que ver la cara que pusiste en esta foto! -exclamó la editora, girando la pantalla-. Justo cuando Geo pasó caminando por la pasarela lateral. Pareces una estatuilla de porcelana a punto de derretirse. ¡Tenías los ojos como platos!

Chae-Yoon sintió que las mejillas se le encendían de inmediato y se cubrió el rostro con las manos, riendo con timidez antes de arrebatarle el teléfono de forma juguetona.

-¡Oye! No te burles -protestó entre risas, mirando la imagen donde, efectivamente, se le veía completamente extasiada-. Estábamos ridículamente cerca, Soo-min. Cualquiera habría reaccionado igual. Además, ¿hablas de mí? Tú casi dejas sordo al grupo de Eclipses que teníamos al lado cada vez que S.H sonreía. Juraría que vi a una chica japonesa mirarte con miedo.

-¡Es que ese hombre no tiene derecho a ser tan guapo! A veces siento que estoy pecando con solo mirarlo.-se defendió Soo-min, agitando los palillos en el aire con dramatismo-. Una es de carne y hueso, Chae-Yoon. Cuando S.H rapeó su línea en Neon Shockwave mirando hacia nuestro sector, sentí que mi alma abandonaba mi cuerpo por unos segundos. Pero admitamos algo... tu líder no se quedó atrás. Cuando Geo te miró... bueno, miró a nuestra sección, esa sonrisa divina que tiene... ¡Uff!

-¡No es mi líder, Soo-min!

Chae-Yoon suspiró, removiendo los fideos de su tazón con una sonrisa nostálgica y pacífica.




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