LOST!
RM (BTS)
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Los meses se deslizaron como agua entre los dedos, arrastrando a Solstice por un torbellino de hitos históricos que desafiaron todo lo que la industria musical creía saber sobre el éxito global. La gira mundial había sido una travesía titánica y absolutamente increíble; con cada estadio que pisaban, el fenómeno de los siete chicos se agigantaba, llevando la bandera de Corea por todo lo alto en rincones del planeta que nunca antes habían coreado un verso en su idioma. Su estatus ya no era solo el de estrellas de la música, sino el de leyendas vivientes.
Ahora, tras recorrer continentes enteros, el mapa del tour estaba casi por terminar. Solo les quedaba una última parada, una noche definitiva en Argentina, antes de poder abordar el avión de regreso a Seúl para disfrutar de unas semanas de descanso más que merecidas.
Geo se encontraba de pie en el centro del imponente estadio de Buenos Aires, observando cómo el equipo técnico realizaba las pruebas de sonido y ajustaba las pantallas gigantes para la noche. A pesar de la inmensidad del recinto y del calor de la tarde, el aire en el escenario se sentía denso, impregnado de una sutil incertidumbre que flotaba entre los miembros del grupo.
En ese momento, su mánager se acercó a paso lento y, con un gesto discreto, le tocó el hombro para llamarlo aparte, alejándolo un poco del ruido de los altavoces. Geo lo siguió hacia la zona más tranquila detrás del escenario.
-Geo, tengo las actualizaciones sobre lo que me pediste -comenzó el mánager, frotándose la nuca con evidente frustración-. Lamentablemente, no he logrado comunicarme con el escritor de ninguna manera.
El líder de Solstice frunció levemente el ceño, cruzando los brazos sobre el pecho. Hacía un par de semanas que habían iniciado una investigación silenciosa para localizar al autor. Geo estaba a las puertas de dar forma a su próximo álbum en solitario; sentía que era el momento exacto para un nuevo proyecto individual y tenía la certeza absoluta de que, si lograba colaborar con esa mente brillante para componer las nuevas canciones, harían una magia nunca antes vista en la música.
-¿Ninguna respuesta de la editorial? -preguntó Geo con voz mansa pero firme.
-Ninguna -suspiró el mánager-. La agencia es sumamente estricta. Nos han dejado claro que no van a darnos el número ni el contacto directo de la agente del escritor, recalcando que el autor es un perfil extremadamente hermético y que su mayor deseo es que nadie conozca su identidad real. Protegen su anonimato como si fuera un secreto de estado. Por lo que veo, si decidimos seguir adelante, será un trabajo verdaderamente arduo y complicado.
Geo guardó silencio por unos instantes, procesando la información mientras miraba las gradas vacías del estadio, el mismo lugar donde miles de almas cantarían sus temas en unas horas. Sabía que las cosas valiosas requerían paciencia y que el destino no solía regalar los caminos más cortos.
Con una sonrisa tranquila y madura, Geo miró a su mánager y le dio una palmada de agradecimiento en el hombro.
-Está bien. Muchas gracias por intentarlo, de verdad -le dijo con serenidad-. No nos presionemos ahora. Lo mejor será concentrarnos en acabar esta gira como se debe, dándolo todo esta noche con los chicos. Una vez que estemos de regreso en Corea y con la mente descansada, será mucho más fácil mover los hilos desde allá, contactar formalmente a la editorial y pedir la colaboración con el escritor.
El mánager asintió, visiblemente aliviado por la actitud comprensiva del líder. Geo regresó la mirada al frente, acomodándose los monitores internos en el cuello de su camiseta.
*************
Pocas horas después, el bullicio del estadio se transformó en el zumbido constante y relajante de los motores del jet privado. Con rumbo fijo hacia Seúl, el ambiente dentro de la cabina era de pura desconexión. Los chicos se habían cambiado por ropa cómoda y holgada; algunos ya dormían profundamente con mantas hasta el cuello, mientras otros escuchaban música en voz baja o devoraban la cena.
Geo estaba sentado junto a la ventanilla, contemplando la negrura de la noche estrellada a miles de pies de altura. Tenía una libreta sobre sus rodillas y un bolígrafo entre los dedos. Aunque su cuerpo pedía a gritos las semanas de descanso que les esperaban, su mente creativa ya estaba trabajando en el futuro.
Abrió la libreta en una página en blanco y escribió en el margen superior un título tentativo para su álbum en solitario.
AURUM (Oro)
Sugeto a cambios....
Justo debajo, recordó las palabras de su mánager en el estadio sobre el misterioso y hermético escritor.
Una sonrisa de determinación dibujó sus labios. El anonimato del autor y las barreras de la editorial, lejos de desanimarlo, solo aumentaban su fascinación por la obra. Sabía que alguien capaz de escribir con tanta sensibilidad no lo hacía por fama, sino por una necesidad vital de sanar, exactamente igual que él con su música.
-Ya casi estamos en casa -se dijo a sí mismo en un murmullo, guardando la libreta en su equipaje de mano.
Se acomodó en el asiento y cerró los ojos, dejando que el cansancio finalmente lo venciera. La gira había terminado con un éxito rotundo, pero Geo presentía en el pecho que el viaje más importante de su vida estaba por comenzar en cuanto sus pies tocaran tierra coreana.