Mi Voz De Angel

Capitulo 5

SOY MI LUGAR SEGURO
Melodías Sagradas

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Para Chae-Yoon, los meses posteriores al viaje a Japón se transformaron en un torbellino de actividad silenciosa pero incesante. Encerrada en su mundo de letras bajo el seudónimo de Ámbar Ponce, su vida transcurría entre plazos de entrega y la creciente atención que su obra despertaba.

Apenas dos meses atrás, la editorial había recibido una llamada inusual de alguien que intentaba desesperadamente obtener la información de contacto de su agente. Por supuesto, la respuesta de la empresa fue una negativa rotunda. No era la primera vez que productores, periodistas o curiosos intentaban traspasar los muros para conocer la verdadera identidad de Ámbar Ponce, y el protocolo siempre era el mismo. Para Chae-Yoon, mantener el anonimato era vital; lo último que necesitaba en su vida era que alguien filtrara su identidad y destruyera la paz que tanto le había costado construir.

Esa paz, sin embargo, se sentía un poco más vacía últimamente. Soo-min no estaba en Seúl; había tenido que viajar de urgencia a su pueblo natal para cuidar de su madre, quien se encontraba enferma.

Sin la presencia ruidosa y protectora de su mejor amiga, la soledad se instaló en el apartamento. Aunque a Chae-Yoon normalmente le gustaba pasar tiempo en casa, el silencio comenzó a abrumarla, impulsándola a adoptar un nuevo hábito: salir a caminar todas las tardes. Le gustaba pasear sola, con los auriculares puestos, dejando que la música aislara el bullicio de la ciudad mientras sus pasos la guiaban sin rumbo fijo.

Fue durante uno de esos paseos vespertinos, mientras contemplaba cómo el sol se ocultaba entre los edificios, que el recuerdo de su abuela Victoria la asaltó con una calidez nostálgica. Chae-Yoon rememoró con el corazón encogido los viajes que solía hacer a México para visitarla; aquellos días iluminados por el amor incondicional y el cariño desbordante que su abuela siempre le entregaba. Sin duda, esos habían sido los mejores días de su vida.

«Si estuvieras aquí...», pensó, conteniendo un suspiro. Tenía la certeza absoluta de que, si su abuela Victoria estuviera con vida, habría sido la única en apoyarla con orgullo en su decisión de abandonar la medicina para dedicarse a la literatura. En su mente resonaron las palabras sabias que la anciana solía repetirle, consejos llenos de libertad que se convirtieron en su brújula. De hecho, era gracias a ella, y a la herencia personal que le había dejado, que Chae-Yoon había podido permitirse el lujo de empezar desde cero, alquilar su propio espacio y escribir sin tener que depender económicamente de la ayuda de sus padres.

El recuerdo de su familia biológica, sin embargo, amargó el instante. Durante mucho tiempo, Chae-Yoon había guardado la secreta esperanza de que el tiempo transcurrido desde la última vez que los vio hubiera suavizado las cosas, que tal vez hubieran cambiado un poco. Pero la fría e hiriente actitud que mostraron durante la reciente boda de su prima le demostró, con la fuerza de un golpe, que ellos jamás cambiarían.

Tenía que aceptarlo de una vez por todas. Debía acostumbrarse a la idea de que estaba sola en ese aspecto; no tenía una familia tradicional que pudiera alegrarse de sus éxitos o celebrar sus logros como escritora. Por esa misma razón, el día de la boda de su prima, prefirió marcharse en silencio, sin despedirse de nadie. Chae-Yoon lo sabía muy bien en su interior: el día que volviera a verlos cara a cara y se despidiera formalmente, sería para siempre.

Ajustándose los auriculares, Chae-Yoon aceleró el paso bajo la luz dorada del atardecer. Estaba sola, sí, pero mientras tuviera sus palabras, el legado de su abuela y la música que sanaba sus heridas, caminaría hacia adelante sin mirar atrás.




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