THE SCIENTIST
Coldplay
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El reloj del vestíbulo de la agencia marcaba las dos en punto de la tarde cuando las puertas de cristal templado se abrieron para dejar pasar a Soo-min. Al cruzar el umbral, un escalofrío que combinaba los nervios puros con el deslumbramiento absoluto le recorrió la espalda. La opulencia del lugar casi la deja ciega. El suelo de mármol pulido reflejaba las luces LED del techo como si fuera un espejo de agua, las paredes exhibían discos de oro y platino que destellaban con arrogancia, y el aire olía a una mezcla exclusiva de café caro y éxito internacional.
Internamente, Soo-min estaba extasiada, al borde de un colapso de emoción. Iba a conocer a nada más y nada menos que a Geo. El líder de Solstice. El hombre cuyas canciones ponían de rodillas al planeta entero. Por un segundo, sintió un impulso primitivo de sacar su teléfono, tomarse una selfie con el logo de la pared y gritar como una fanática más, pero se obligó a respirar hondo.
Pero lo que si hizo fue pararse frente al poster de infarto de S.H y lanzarle besos discretos, a ese hombre tallado por los mismo dioses del firmamento.
«Compostura, Soo-min. Eres una profesional. Aunque se te salga la baba por dentro, no vas a flaquear», se repitió a sí misma como un mantra, ajustándose la chaqueta de su traje sastre y enderezando los hombros. Su prioridad absoluta en esa habitación no era su propio fanatismo; era proteger la imagen de Chae-Yoon y resguardar ese búnker de anonimato donde su mejor amiga siempre había querido estar.
Una asistente de vestimenta impecable la guió por pasillos interminables hasta una sala de juntas privada en el último piso. Al abrirse la puerta de madera noble, el mánager de la agencia se puso de pie de inmediato con una sonrisa ensayada. Pero Soo-min ni siquiera pudo procesar su saludo, porque sentado a su lado, vistiendo una sudadera negra de diseñador y con un bolígrafo entre los dedos, estaba él.
Geo levantó la mirada, le dedicó una sonrisa mansa y se puso de pie para hacer una reverencia educada.
A Soo-min se le congeló la sangre. Verlo en persona, sin filtros ni pantallas de por medio, era casi un abuso para los sentidos. Sus ojos se abrieron un milímetro más de lo normal y abrió la boca para hablar, pero solo emitió un leve sonido ahogado, como el de un pez fuera del agua. El mánager de Geo carraspeó con una sonrisita, acostumbrado a esa reacción. Soo-min reaccionó de inmediato, tragó saliva con fuerza y extendió la mano con una firmeza que ni ella misma sabía de dónde había sacado.
-Buenas tardes. Soy Soo-min, mánager y editora de Ámbar Ponce -dijo, logrando que su voz sonara asombrosamente ejecutiva.
-Un placer, señorita Soo-min. Soy Moon Gye-On, Geo. Muchas gracias por aceptar venir -respondió él con esa voz profunda que hizo que las piernas de la editora temblaran un poco bajo el pantalón.
Una vez sentados, el ambiente se tornó serio, formal, pero con una tensión cómica subyacente cada vez que Soo-min aceptaba un sorbo de agua y sus manos daban un sutil brinco de nerviosismo.
-No le daremos muchas vueltas-comenzó el mánager de la agencia, deslizando un pesado fajo de documentos sobre la mesa de cristal-. Estos son los borradores de los acuerdos de confidencialidad de los que hablamos por teléfono. Nuestra propuesta económica para Ámbar Ponce supera cualquier estándar del mercado actual, y garantizamos que el nombre del autor solo se manejará bajo estrictos seudónimos dentro de la base de datos de la discográfica.
Soo-min apartó los documentos con elegancia, sin siquiera mirar las cifras. Miró fijamente al mánager y luego a Geo.
-El dinero no es el motor para mí jefe -sentenció Soo-min con una seriedad implacable, demostrando los dientes de la loba protectora que llevaba dentro-. Lo que me preocupa es la seguridad. Ustedes mueven masas, tienen paparazzis en cada esquina y fanáticos capaces de hackear servidores gubernamentales. Ámbar Ponce ha construido una vida donde su mayor tesoro es la invisibilidad, sus novelas pese a solo escribir dos hasta la fecha tienen mucha popularidad, Si un solo fotógrafo los ve encontrándose en un café, o si un correo electrónico se filtra, el mundo de Ámbar Ponce se destruirá. Y mi trabajo es evitar eso a toda costa.
Geo, que había estado escuchando en silencio mientras observaba las reacciones de la mánager, asintió con un respeto genuino. Apoyó los codos sobre la mesa y se inclinó hacia adelante.
-Entiendo perfectamente su miedo, señorita Soo-min -dijo Geo, suavizando la tensión de la sala-. Y tiene toda la razón del mundo en ser así de protectora. Si yo estuviera en su lugar, haría lo mismo. Pero permítame explicarle por qué insistí tanto en esta reunión.
Durante la siguiente hora y media, la conversación fluyó de manera profunda y con un sentido abrumador. Geo desnudó sus intenciones artísticas de una manera que dejó a Soo-min desarmada. Le explicó el concepto de su álbum en solitario.
-Este disco no es para llenar estadios ni para romper récords en las listas musicales -explicó Geo, con la mirada encendida por la pasión del arte-. Como líder de Solstice, llevo años cargando con el peso de las expectativas del mundo entero. He llevado la corona con orgullo, pero en el proceso, he tenido que guardar mis propias grietas en una caja fuerte. Cuando leí la última novela de Ámbar Ponce, sentí que alguien había entrado a esa caja fuerte sin mi permiso. La forma en el escritor describe la soledad, el abandono familiar y la resiliencia no es comercial; es real. Es dolor puro transformado en belleza.
Geo hizo una pausa, buscando las palabras exactas mientras Soo-min lo escuchaba sin parpadear, con el corazón encogido al pensar en Chae-Yoon.
-Quiero que Ámbar Ponce escriba las letras de este álbum conmigo porque siento que nuestras mentes operan en la misma frecuencia. Quiero hacer música que sane a los que están rotos en secreto, de la misma forma en que las novelas de Ámbar ponse me fascinaron a mí durante las noches de insomnio de la gira mundial. No busco una marca, busco un alma compañera para crear arte. Si Ámbar Ponce me pide que trabajemos a ciegas, a través de correos encriptados o con un muro de por medio sin ver su rostro jamás, lo aceptaré. Solo quiero su mente.