Mi Voz De Angel

7/1

PRETTY
JVKE

🎧

Geo sirvió dos vasos de agua helada y se acercó al sofá donde Chae-Yoon organizaba minuciosamente sus libretas de notas.

-Un poco de agua para aclarar la mente -dijo Geo con suavidad, extendiéndole el vaso.

-Gracias, señor Moon -respondió ella, alzando la vista.

-Gye-On -la corrigió él con una sonrisa mansa, sentándose en el taburete del piano, a solo un par de metros de ella-. O Geo, si te resulta más cómodo para el trabajo. Pero dejemos atrás los títulos corporativos; aquí solo somos dos creadores.

-¿Qué pasa? -preguntó Geo, esbozando una sonrisa mansa viendo lo roja que se pudo Chae-yoon-. ¿Por qué te pones tan roja de repente? No te estoy incomodando, ¿Verdad?.

Chae-Yoon bajó la mirada a su cuaderno, intentando esconder su timidez tras las hojas manuscritas, y carraspeó antes de responder con total honestidad:

-Es que... usted es mayor que yo. No me atrevería a llamarlo por su nombre de pila así de fácil. Me resulta un poco difícil romper esa formalidad.

Geo soltó una pequeña risa, un sonido suave y reconfortante que pareció aligerar la timidez en el ambiente.

-Ah, ¿es por eso? No pasa nada, de verdad -le respondió con total frescura, mirándola fijamente-. Todos en mi entorno me llaman así, así que tú puedes llamarme como más te guste. Gye-On, Geo... no me importa.

Se reclinó un poco en su asiento y, mientras desviaba la mirada hacia las teclas del piano, agregó entre dientes en un susurro casi inaudible:

-...Cariño.

-¿Qué dijo? -preguntó Chae-Yoon, alzando los ojos al notar que él añadía algo más, aunque no había logrado escuchar la palabra.

-Nada, cosas mías -replicó él de inmediato, guiñándole un ojo con total picardía y fingiendo concentración absoluta mientras estiraba sus dedos largos sobre las teclas de marfil.

-Bien... Gye-On -pronunció, experimentando un sutil vuelco en el corazón al saborear el nombre real del músico-. Analizando la estructura que me enviaste por correo, entiendo que para este mini álbum buscas un total de siete canciones. Siete capítulos musicales que narren la transición desde el aislamiento hasta la aceptación de las propias cicatrices.

-Exactamente siete -asintió Geo, y sus ojos oscuros brillaron con una intensidad artística que a Chae-Yoon le cortó el aliento por un segundo-. Quiero que cada tema sea un peldaño. El primer borrador de la melodía inicial lo tengo aquí, pero sentía que la letra que había esbozado era demasiado predecible. Le falta algo, deja y te muestro.

Geo estiró sus dedos largos sobre las teclas de marfil y tocó una secuencia de acordes menores. El sonido del piano de cola inundó el búnker, suspendiendo el tiempo. Era una melodía melancólica pero con un pulso constante, una marcha silenciosa que Chae-Yoon reconoció de inmediato como el lenguaje de alguien que ha caminado solo por la cima.

Mientras él tocaba, Chae-Yoon se concentró en sus notas, pero su mirada se desvió de manera inevitable hacia el perfil del compositor. Observó la fijeza de sus cejas, la concentración mística en sus labios y la forma en que sus manos se movían con una gracia innata. En ese preciso instante, Geo giró la cabeza hacia ella, atrapándola en el acto. Se produjo una mirada fugaz, un choque eléctrico de pupilas que duró apenas un suspiro antes de que Chae-Yoon bajara la vista a su cuaderno, fingiendo leer, mientras Geo esbozaba una sonrisa de pura suficiencia y dulzura, deleitado por su reacción.

-Para esa transición -comenzó Chae-Yoon, cerrando los ojos y escuchando la melodia obligando a su voz a recuperar el tono armónico y profesional-, Algo como: "El silencio no es la ausencia de ruido, sino el eco de todo lo que no me atrevo a decirte".

Geo detuvo las manos sobre el piano. El impacto de la frase pareció asentarse directamente en su pecho. Repitió las palabras en voz baja, saboreando la métrica implacable de la escritora.

-"El eco de todo lo que no me atrevo a decirte"... "El eco de lo que no me atrevo a decirle"... "Decir"-susurró Geo, mirándola fijamente-. Dios, Chae-Yoon. Eso es perfecto.
Es exactamente la nota que estaba buscando.

Impulsado por una ráfaga de pura inspiración, Geo comenzó a tararear una guía vocal mientras sus manos encontraban los acordes perfectos para arropar los versos de Chae-Yoon. La energía en el estudio mutó por completo, transformándose en un torbellino creativo de alta vibración. Durante las siguientes horas, el estudio privado se convirtió en un campo de juego intelectual. No había barreras; la timidez de Chae-Yoon se disolvía cada vez que defendía el uso de una metáfora, y el hermetismo de Geo desaparecía cuando abría su mente para reestructurar un puente musical en función de los párrafos de ella.

El avance fue vertiginoso. Ambos, mentes brillantes y sumamente analíticas, se percataron de inmediato de algo maravilloso: podían trabajar sumamente bien juntos. La sincronía era asombrosa, casi simbiótica. Donde Chae-Yoon dejaba un final abierto en la palabra, Geo lo cerraba con una resolución en el piano; donde la melodía de Geo se volvía demasiado oscura, el lirismo de Chae-Yoon aportaba un hilo de luz reconfortante.

Entre idea e idea, las interacciones se llenaron de pequeños momentos compartidos. Sonrisas espontáneas al coincidir en la misma palabra, miradas fugaces que se sostenían un segundo más de lo estrictamente profesional y una complicidad que crecía a la par de las partituras sobre la mesa ratona. Chae-Yoon proponía un concepto y Geo la miraba con una fascinación tan transparente que ella debía morderse el labio inferior para no perder el hilo de sus pensamientos.

Al final de la tarde, con tres de las siete canciones ya sólidamente estructuradas en su base lírica y musical, Geo se alejó del piano y estiró los brazos, soltando un suspiro de absoluta satisfacción. Miró las hojas repletas de anotaciones corregidas a mano y luego clavó sus ojos oscuros en la escritora, con una sonrisa mansa y brillante que delataba la inmensa dicha que llevaba por dentro.




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