LOVE WINS ALL
IU
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Chae-Yoon volvió a tener sueños. Después de meses en los que cerrar los ojos significaba entregarse a una oscuridad hostil, las noches volvieron a poblarse de imágenes. Pero esta vez, algo en el engranaje de su subconsciente había cambiado drásticamente. Ya no eran las pesadillas de siempre, esas que la dejaban sin aire y con el corazón golpeándole las costillas. En sus visiones, el vacío oscuro seguía ahí, acechándola, pero justo en el instante en que estaba a punto de caer en picado hacia la nada, una mano firme, cálida y segura aparecía de la nada para sostenerla con fuerza. El único problema era que, por más que se esforzaba, nunca lograba verle el rostro a su salvador. La silueta se desvanecía entre la bruma del despertar y Chae-Yoon abría los ojos en su cama, llorando en silencio, con una extraña mezcla de nostalgia y alivio en el pecho.
Hacía unos días que el ritmo de su rutina se había transformado; ahora iba tres días a la semana a casa de Geo para avanzar en la culminación del mini álbum en solitario de Geo. No entendía qué le estaba pasando a su mente ni qué cable interno se había movido para que empezara a tener esos sueños de forma tan repentina. ¿Por qué había cambiado de sentir un pánico paralizante a experimentar esa intensa y abrumadora sensación de estar protegida dentro de su propio caos nocturno?
Incapaz de encontrar las respuestas por sí misma y necesitando urgentemente un ancla de lógica, decidió llamar al Doctor Choi para que la ayudara a entender el nuevo rumbo de su psique. Por esa misma razón, durante su última sesión de trabajo en el estudio, Chae-Yoon miró a Geo con educación y le avisó de sus planes:
-Gye-On, este viernes tengo un compromiso personal muy importante, así que no podré venir. Regresaré para que continuemos con el álbum hasta el lunes.
Geo, lejos de molestarse, asintió con una sonrisa comprensiva mientras acomodaba unos papeles sobre el piano.
-No te preocupes, Chae-Yoon, tómate el tiempo que necesites. De todas formas, yo tengo un compromiso con el grupo este sábado; tenemos que asistir a esa alfombra roja y el fin de semana estará bastante ocupado. Así que no pasa nada, nos viene bien el descanso a los dos.
Al menos el horario encajaba a la perfección. Sin embargo, lo que Chae-Yoon omitió en esa conversación fue el absoluto calvario de preguntas al que se había enfrentado días atrás. Soo-min, su mejor amiga y confidente absoluta, la había interrogado sin piedad esa misma noche en que Chae-Yoon cenó por primera vez en el apartamento de concepto abierto del músico.
Apenas Chae-Yoon cruzó la puerta de su hogar, el teléfono comenzó a sonar con el nombre de Soo-min parpadeando en la pantalla. No hubo escapatoria; Chae-Yoon tuvo que explicarle detalladamente todo lo que había ocurrido en la isla de mármol negro, desde el aroma del galbi-jjim hasta la increíble coincidencia de sus platos favoritos.
-¡No te lo puedo creer! ¿De verdad el mismísimo Moon Gye-On se puso un delantal y picó verduras para ti? Chae-yoon ahora mismo eres la señorita de la nación. -gritaba Soo-min al otro lado de la línea, haciendo que Chae-Yoon tuviera que alejarse el auricular de la oreja entre risas.
Disfrutando enormemente de la reacción de su amiga, Chae-Yoon decidió jugar su última carta y bromeó con Soo-min para terminar de desquiciarla.
-Bueno, eso no es todo -comentó Chae-Yoon con un tono fingidamente casual-. Mientras Geo estaba haciendo la cena, recibió una llamada de S.H en su celular. Y para mi sorpresa, puso el teléfono en altavoz, así que escuché toda su conversación en tiempo real.
Al escuchar las siglas del misterioso e imponente rapero de Solstice, Soo-min casi se vuelve loca de la envidia.
-¡¿Escuchaste a S.H en vivo y en directo?! ¡Chae-Yoon, te juro que te voy a colgar ahora mismo! ¿Qué clase de fan con suerte eres? -chilló Soo-min, fingiendo una indignación dramática que hizo que Chae-Yoon se riera a carcajadas en la soledad de su habitación, sosteniendo su vaso de agua.
La llamada terminó entre risas compartidas y promesas de mantener el secreto profesional, pero ahora, con el viernes tocando a la puerta, la mente de Chae-Yoon volvía a ensombrecerse. Necesitaba que el Doctor Choi le explicara por qué, cada vez que cerraba los ojos, esa mano sin rostro la rescataba de la caída, y por qué el miedo estaba siendo reemplazado por una calidez que la asustaba casi tanto como la propia oscuridad.
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El consultorio del Doctor Choi mantenía siempre la misma atmósfera imperturbable: el sutil aroma a madera de sándalo, la luz tenue filtrándose por las persianas semiabiertas y el tic-tac parsimonioso de un reloj de pared que parecía medir el tiempo a un ritmo diferente al del ruidoso Seúl exterior. Chae-Yoon se sentó en el sillón de cuero oscuro, acomodando el dobladillo de su abrigo sobre las rodillas, mientras el especialista tomaba asiento en el sillón de enfrente con una libreta apoyada en el regazo.
El Doctor Choi la observó fijamente por encima de sus anteojos de lectura, escaneando su postura antes de romper el silencio con su habitual voz pausada y reconfortante.
-Hacía un par de semanas que no te veía por aquí, Chae-Yoon. Te noto diferente hoy. Hay algo en tu expresión que no suelo ver cuando vienes de pasar una mala racha. Cuéntame, ¿cómo has estado?
Chae-Yoon suspiró profundamente, entrelazando sus dedos sobre el regazo mientras ordenaba mentalmente las piezas del rompecabezas que la habían llevado hasta allí.
-He estado bien, doctor. O... al menos, de una manera en la que no estaba acostumbrada a estar. Los patrones cambiaron. Mi mente está haciendo cosas raras por las noches.
El terapeuta asintió despacio, anotando una palabra corta en su libreta antes de volver a clavar su mirada analítica en ella.