INTO THE SUN
BTS
🎧
El ambiente en el departamento de Chae-Yoon era completamente distinto al estudio de alta tecnología de Geo. Decidieron cambiar de aires para desatascar las últimas ideas del guion conceptual, y esa tarde la reunión de trabajo se trasladó a su sala de estar. Chae-Yoon estaba sentada con las piernas cruzadas en el suelo, apoyada contra la mesa ratona de madera, mientras Geo descansaba sobre el alfombrado a solo unos centímetros de ella, sumamente entretenido tocando una pequeña guitarra acústica de viaje que había llevado consigo.
Chae-Yoon intentaba concentrarse en las anotaciones de sus folios, pero la proximidad la estaba venciendo. A solas en su propio terreno, la conversación fluía de una manera mucho más libre y constante, salpicada de risas y confesiones a medias.
-Si seguimos a este ritmo, terminaremos el concepto antes de lo planeado -comentó Chae-Yoon, acomodándose un mechón de cabello detrás de la oreja-. Aunque admito que es extraño verte aquí, sin tu piano gigante ni tus pantallas de producción.
Geo soltó una risita baja, deteniendo el rasgueo por un segundo para mirarla.
-A mí me gusta. Tu casa tiene una energía muy pacífica, Chae-Yoon. En mi ático todo es mármol negro y líneas rectas; aquí se siente... como un hogar. Además, así puedo vigilarte y asegurarme de que no te escapes a tus misteriosos compromisos de los viernes.
Chae-Yoon sintió un vuelco en el estómago ante la alusión a los días que visitaba al Dr. Choi, pero prefirió guardar silencio y desvió los ojos hacia él. Al observarlo detalladamente desde esa nueva perspectiva cotidiana, no pudo evitar repasar las descripciones precisas de su perfil conceptual. Geo poseía una belleza que era a la vez clásica y sumamente intelectual. Tenía una presencia innegable que dominaba por completo el espacio sin necesidad de ser ostentoso o ruidoso. Mientras tarareaba un acorde, el esbozo de su sonrisa fácil y su trato agradable -rasgos tan propios de él- hacían que el ambiente se sintiera increíblemente cómodo, delatando lo atento y considerado que era en las distancias cortas.
Con una altura imponente de 186 centímetros, desbordaba una elegancia innata y un buen porte. La sudadera ligera de color gris que llevaba esa tarde se ajustaba a una musculatura bien definida y atlética, el producto innegable de años de exigentes coreografías y una disciplina implacable dentro de la industria. Su complexión, tal como dictaban sus notas personales, era naturalmente fuerte sin llegar a ser excesivamente voluminosa. Los dedos de Chae-Yoon se crisparon ligeramente sobre el papel al detallar la línea de su mandíbula y sus ojos cautivadores y negros, fijos en las cuerdas. Bajo la luz de la tarde, su tez clara relucía con un tono notablemente saludable y luminoso. Al verlo allí, sentado en su propia alfombra, entendió perfectamente por qué las marcas de ropa y cosméticos se ponían de rodillas por tenerlo como embajador. El hombre transmitía un lujo sofisticado sin el menor esfuerzo.
-Te quedaste callada de repente -dijo Geo, rompiendo el hilo de sus pensamientos con una voz suave que la trajo de vuelta a la realidad-. ¿En qué piensas?
-En que... es difícil trabajar cuando me interrumpes a cada minuto haciendo ruido. -bromeó ella, intentando sonar casual.
-¿Ruido? Esto es arte, escritora -replicó él con una sonrisa coqueta y desbordante de confianza, inclinándose un poco hacia ella-. Además, pensé que te gustaba mi música.
A solas con la calidez de la conversación, una oleada de recuerdos de las últimas semanas la tomó por sorpresa. Pensó en las reuniones previas, en los toques accidentales en su estudio, en las miradas intensas que cruzaban y que ya no se sentían tan inocentes. Geo la estaba desarmando poco a poco, derribando uno a uno sus pesados escudos. Lo encontraba brillantemente inteligente por la forma en que guiaba el proyecto, pero lo que más le desbocaba el corazón era la soltura con la que hacía bromas directas solo para verla teñirse de rojo de la vergüenza.
Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios al recordar que, mucho antes de conocer al ser humano detrás del ídolo, él ya era su favorito del grupo; su bias absoluto. Pero descubrir al hombre atento y considerado en la intimidad de su hogar superaba cualquier expectativa.
Sintió un ligero vértigo al proyectar el futuro. Sabía que se estaban adelantando mentalmente a los hechos y que allanar el terreno para el comienzo de una relación romántica implicaría un cambio drástico y monumental en su vida privada. Pero al mirarlo allí, tan cómodo en su espacio, Chae-Yoon se dio cuenta de algo irrefutable: nunca en su vida se había sentido con nadie de la forma en que se sentía al pasar el tiempo con Geo.
Geo detuvo el rasgueo de las cuerdas, apagando el sonido con la palma de la mano. Sin levantar la cabeza, una sonrisa coqueta y ladina apareció en su rostro, demostrando que estaba perfectamente consciente de la intensa inspección de la que era objeto.
-Si me sigues mirando de esa manera, Chae-Yoon, voy a empezar a creer que tú misma estás interrumpiendo tu concentración... o que te gusto más de lo que admites -comentó él, levantando sus cautivadores ojos negros para clavarlos directamente en los de ella, cargados de una confianza desarmante.
Chae-Yoon sintió el calor subirle a las mejillas al instante, pero esta vez, estando en su propia casa, sostuvo el contacto visual, dejando que el silencio y la complicidad de la sala hablaran por los dos.
La tarde continuaba desvaneciéndose perezosamente a través del ventanal del departamento de Chae-Yoon. Una taza de café de Geo descansaba a un lado de la alfombra, mientras él, con la guitarra apoyada en el regazo, punteaba notas sueltas, creando una melodía baja que llenaba los silencios. La conversación, que había empezado con tecnicismos del álbum, se había desviado de forma natural hacia senderos mucho más íntimos.