CONTROL
Zoe Wees
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Acababan de dar los últimos retoques a la quinta canción del mini álbum y, aunque Chae-Yoon insistía en que ella solo era una asesora y no tenía mérito directo en la composición musical, no podía ocultar el brillo de orgullo en sus ojos. Las melodías eran desgarradoras, profundas y hermosas; definitivamente el álbum sería un éxito rotundo a nivel mundial.
Tras apagar los monitores del estudio, se habían trasladado a la sala de estar para relajarse. Sentados en la alfombra, compartían un ambiente de total ligereza, hablando y riendo abiertamente sobre las desventajas de ser un idol mundial. Geo, con su habitual confianza y sentido del humor, le contaba con gestos dramáticos lo absurdo que era no poder ir a comprar un simple helado a la esquina sin desatar una persecución digna de una película de acción. Chae-Yoon se tapaba la boca con suavidad, con las mejillas aún teñidas de un rosa mancebo, disfrutando de la frescura con la que él se tomaba la fama.
En medio de una de sus risas compartidas, el teléfono de Chae-Yoon empezó a sonar sobre la mesa ratona. El aparato estaba físicamente mucho más cerca de Geo que de ella. Con total naturalidad, él estiró su brazo para tomarlo y pasárselo, pero antes de hacerlo, sus cautivadores ojos negros leyeron mecánicamente el nombre iluminado en la pantalla de cristal:
Director Kang
-Chae-Yoon, te llam... -Geo comenzó a decir, pero las palabras se le congelaron en la garganta al levantar la vista.
El cambio fue fulminante. En el microsegundo en que Chae-Yoon leyó ese nombre en la pantalla, toda la calidez y la risa se evaporaron de su rostro. Se puso completamente pálida, como si la sangre se le hubiera drenado de golpe, y su expresión se transformó en una máscara de rigidez y desamparo. El contraste fue tan violento que a Geo se le encogió el estómago.
-Lo siento... -se excusó ella con una voz que apenas rebasó un susurro, arrebatándole el teléfono de las manos con una torpeza impropia de sus modales impecables-. Tengo que... tengo que atender esto.
Sin esperar respuesta, Chae-Yoon se puso en pie a toda prisa y salió hacia el balcón espacioso del ático, cerrando la puerta de cristal detrás de sí para buscar privacidad.
Geo se quedó sentado en la alfombra, inmóvil, sosteniendo el vaso de agua que tenía en la mano con una fuerza desmedida. No intentó escuchar la conversación, respetando su espacio, pero le resultó imposible apartar la mirada. Desde la sala de estar, a través del gran ventanal, la observaba con una fijeza analítica y protectora.
La estampa de Chae-Yoon afuera era dolorosa. Toda la elegancia natural de su porte se había convertido en una tensión física indomable. Tenía la espalda erguida como una cuerda a punto de romperse y Geo notó de inmediato la fuerza desmesurada con la que sus nudillos, completamente blancos, sostenían el teléfono contra su oreja. Ella apenas hablaba; se limitaba a escuchar, asintiendo rígidamente con la cabeza hacia la nada, mirando hacia el vacío de los rascacielos de Seúl.
Geo, que guardaba en silencio sus propias sospechas sobre el hermetismo de Chae-Yoon y el misterio que rodeaba a sus padres, no necesitó ser un genio para atar cabos. Intuía con una certeza aplastante que quienquiera que fuera ese tal "Director Kang", le hacía un daño inmenso a Chae-Yoon. El solo hecho de ver cómo ese hombre borraba la luz de sus ojos en un segundo le provocó a Geo una punzada de rabia y una urgencia posesiva por salir, quitarle el teléfono y apartarla de todo lo que la hiciera sufrir. Pero se obligó a contenerse; sabía que forzar las cosas solo la asustaría y la haría retroceder a su circulo de silencio.
Para cuando Chae-Yoon finalmente colgó y guardó el teléfono en el bolsillo de su abrigo, la noche ya había caído por completo. Se tomó unos segundos en el balcón, de espaldas a la sala, respirando hondo para recomponerse antes de deslizar la puerta de cristal y regresar al interior.
Cuando volvió a sentarse, ya no era la misma. La chispa que iluminaba su rostro hacía diez minutos había desaparecido, reemplazada por una cortina de formalidad profesional. Sin embargo, Geo le dio un enorme crédito interno: ella se esforzó al máximo, desplegando toda su disciplina y entereza, para actuar como si nada hubiera pasado y demostrar que la llamada no la había afectado.
-Bien, Gye-On -dijo ella, forzando una sonrisa mansa que no llegó a sus ojos melancólicos mientras tomaba sus folios de trabajo-. Creo que nos distrajimos un poco. Deberíamos revisar las notas de la quinta canción una vez más antes de que se haga más tarde, ¿te parece?
Geo la observó en silencio, deteniéndose en la rigidez de sus hombros y en cómo evitaba mirarlo directamente a los ojos para que él no descubriera la vulnerabilidad que ocultaba. Su instinto le decía que ese "Director Kang" era una pieza clave en el rompecabezas de su dolor, pero decidió respetar el pacto silencioso de darle tiempo al tiempo.
-Claro, Chae-Yoon -respondió Geo con una suavidad inusitada, acomodándose cerca de ella y extendiendo la mano para rozar, con un tacto deliberadamente cálido y reconfortante, el borde de su muñeca-. Revisemos lo que quieras. No hay ninguna prisa.
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-Te lo estás tomando demasiado a pecho, escritora -dijo Geo con suavidad, interrumpiendo el silencio que se había instalado en la sala tras su regreso del balcón.
Él no había retirado la mano de su muñeca; al contrario, sus dedos daban ligeras caricias que intentaban inyectarle algo de calor a su piel helada.
-Dijiste que revisaríamos las notas de la quinta canción, pero tienes los ojos fijos en la misma línea desde hace cinco minutos y la página está al revés.
Chae-Yoon parpadeó, saliendo de su letargo con un leve sobresalto. Miró el papel en sus manos y, al notar que Geo tenía razón, sintió que el rubor de la vergüenza volvía a traicionarla, aunque esta vez mezclado con una profunda fatiga emocional.