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El viaje hacia la zona montañosa a las afueras de Seúl se sintió como un verdadero escape de la realidad. El aire puro y el aroma a pino recibieron al grupo en un terreno privado y exclusivo, rodeado de un bosque espeso que prometía mantener a raya el ruido de la ciudad. Para Chae-Yoon, sentir la tierra bajo sus pies fue el primer respiro real que se permitió en semanas.
Al caer la noche, el campamento se transformó en un escenario idílico. Encendieron una gran fogata que ahuyentó el frío de la montaña, tiñendo el claro de luces anaranjadas y sombras danzantes. Sentados en círculo sobre troncos y mantas, el ambiente se llenó rápidamente de una energía desbordante y genuina.
Historias bajo las sombras y guerras de ingenio
Con el crujir de la leña de fondo, S.H tomó la iniciativa para inaugurar las historias de terror. Con una linterna apuntando a su mentón desde abajo y exagerando los tonos de voz, comenzó a relatar una supuesta leyenda local sobre un espíritu que habitaba los bosques profundos de esa misma montaña. Las réplicas e interrupciones dramáticas de los demás chicos de Solstice convirtieron lo que se suponía que era un relato espeluznante en una comedia total, haciendo que Soo-min se tapara la boca de la risa.
Para mantener la energía, pasaron rápidamente a los juegos de mesa y de adivinanzas que habían llevado para la ocasión. Las dinámicas se volvieron intensamente competitivas. Geo, con su fijeza analítica y su mente parsimoniosa, descifraba los acertijos casi antes de que terminaran de plantearlos, ganándose quejas divertidas de todo el grupo. Chae-Yoon, sentada a su lado y contagiada por el ambiente ameno, participaba lanzando respuestas sencillas pero sumamente agudas que hacían que Shin-Hyeok se llevara las manos a la cabeza por el asombro.
El clímax de la noche llegó cuando los chicos sacaron un pequeño set de karaoke portátil con luces LED integradas. Cada uno debía cantar una canción muy opuesta a su estilo y personalidad. Soo-min, habiendo dejado atrás cualquier rastro de timidez, se adueñó del micrófono con total soltura, interpretando una balada con una energía arrolladora que puso a todos a aplaudir rítmicamente al unísono.
Sin embargo, nadie en ese claro estaba preparado para lo que vendría después.
Animada por el ambiente y tras haberse tomado dos vasos de soju para entonar el cuerpo, Chae-Yoon se puso en pie cuando le llegó su turno junto a su mejor amiga. Cuando la pista musical comenzó a sonar, la escritora tomó el segundo micrófono. En lugar de cantar una línea melódica suave, Chae-Yoon comenzó a rapear las estrofas rápidas y complejas del tema con una fluidez, ritmo y precisión absolutas.
La mandíbula de Shin-Hyeok cayó literalmente por la sorpresa, mientras que los demás miembros del grupo se quedaron paralizados, sin poder creer lo que estaban escuchando. Geo, que mantenía su copa en la mano, se enderezó de inmediato en su asiento, con los ojos negros abiertos de par en par en un estado de absoluto shock. Su escritora, la chica de la estructura ósea delicada y la mirada dorada, estaba dominando los tiempos del rap con una soltura impresionante.
Que conste que Chae-Yoon no estaba borracha ni hacía tonterías; los dos vasos de soju simplemente habían derribado su habitual timidez, dejándola mostrar una faceta inmensamente divertida y risueña que jamás exhibía en Seúl. Soo-min la secundó de inmediato, y juntas cantaron la canción rapeada a la perfección, complementándose en cada nota y remate como si hubieran ensayado toda la vida.
Al terminar la pieza, el claro estalló en vítores y aplausos ruidosos. Los chicos de Solstice se reían con ganas y celebraban los pasos de baile improvisados y las ocurrencias que ambas amigas desplegaban bajo las estrellas. Geo, recuperándose del asombro, no pudo evitar que una sonrisa sumamente orgullosa, ladina y desbordante se instalara en su rostro. Ver a Chae-Yoon tan llena de vida, riendo a carcajadas limpias y disfrutando sin los fantasmas del pasado sobre sus hombros, era el verdadero éxito que él quería celebrar esa noche.
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La magia de la noche anterior aún vibraba en el aire de la montaña. Después del gran asombro del karaoke, donde las risas y los aplausos se prolongaron hasta que la fogata comenzó a consumirse, el ambiente se volvió sereno, envuelto por el susurro constante del viento entre los pinos.
Gye-On, aprovechando la quietud del momento, se acercó a Chae-Yoon con paso parsimonioso.
-¿Quieres ir a caminar un rato? -le preguntó en un tono mansa y considerado, extendiendo una de sus manos delgadas hacia ella.
-Sí -respondió la escritora con una sonrisa suave, aceptando el gesto sin dudar.
Ambos se alejaron del grupo de manera sutil, adentrándose por un sendero iluminado con lucecitas de colores. Caminaron unos metros hasta salir por completo de la vista de los chicos y de Soo-min, dejando atrás el eco lejano de sus conversaciones. El camino los condujo hasta un mirador natural, un balcón de roca firme que abría una panorámica impresionante del valle dormido y de un cielo salpicado por millones de estrellas.
El silencio que se instaló entre ellos no era incómodo; era el silencio de dos personas que compartían un código propio. Geo se detuvo y metió las manos en los bolsillos de su chaqueta negra, contemplando el horizonte por un largo momento antes de fijar sus ojos negros en Chae-Yoon. Su porte elegante recortaba una silueta imponente contra la luz de la noche. Ella, se paró a su lado, sintiendo la brisa fresca mover su abundante melena color chocolate.
-A veces es difícil encontrar un lugar donde el ruido se apague por completo -rompió el silencio Gye-On, con esa fijeza analítica y honesta que lo caracterizaba. Se giró despacio hacia ella, despojándose de la postura distante que solía mostrar ante el mundo-. Siempre he observado el amor que se tienen mis padres. Es una unión inquebrantable, fuerte... el tipo de amor que sobrepasa el tiempo, los contratos, las expectativas y cualquier tormenta. Desde que era muy joven, viendo cómo se cuidan el uno al otro, siempre quise un amor así en mi vida. Alguien con quien construir un refugio real, donde no existieran las apariencias.