Mi Voz De Angel

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Conversations in the dark
John Legend

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El cruce del océano Atlántico marcó el inicio de una de las etapas más extenuantes pero exitosas en la carrera de Geo. El viaje a los Estados Unidos fue un torbellino de desfase horario, luces de neón y una agenda que no dejaba espacio ni para el más mínimo respiro. La promoción de su mini álbum lo llevó desde los estudios de los programas matutinos más importantes de Nueva York hasta los escenarios principales de Los Ángeles. En todas partes, el fenómeno Solstice se hacía sentir, y el carisma magnético del líder dejaba huella en cada entrevista.

Sin embargo, en medio del ruido de los reflectores, las ovaciones del público y las reuniones con productores internacionales, la mente de Gye-On seguía anclada en Seúl.

Las videollamadas se convirtieron en el único refugio de la distancia. A pesar de la diferencia de horario abismal, Geo buscaba cualquier espacio libre en su camerino, entre toma y toma, o a altas horas de la madrugada en su hotel para marcar el número de su escritora. Al otro lado de la pantalla, la imagen de Chae-Yoon aparecía en su apartamento, usualmente vistiendo ropa cómoda y con el cabello chocolate recogido de manera informal. Para Geo, ella se veía inexplicablemente hermosa en cada enlace; la luz del teléfono reflejada en sus grandes ojos dorados color whisky era suficiente para borrar todo el cansancio de sus extenuantes jornadas.

Aquellas conversaciones transcurrían en un tono mansa, pausado y cargado de una devoción que ninguno de los dos intentaba ya ocultar. Hablaban con un amor y un cariño tan profundos que parecía que el mundo exterior no existía. Los "te extraño" iban y venían en cada llamada, pronunciados con la firmeza de quien cuenta los días para un regreso esperado.

En una de esas ocasiones, Soo-min se encontraba de visita en el apartamento de Chae-Yoon, ayudándola a ordenar algunas cosas en la sala mientras la escritora sostenía el teléfono frente a ella.

-Te extraño mucho, escritora -se escuchó la voz profunda y parsimoniosa de Geo a través del altavoz, acompañada de esa sonrisa corta y ladina que se dibujaba en la pantalla-. Aquí hace frío, pero recordar tu sonrisa en la montaña me mantiene caliente.

Chae-Yoon sintió que las mejillas se le teñían de un tierno carmesí y sonrió con timidez, acomodándose un mechón de cabello detrás de la oreja.

-Yo también te extraño, Gye-On... mucho más de lo que imaginas. Cuenta los días, por favor.

Sentada en el sofá cercano, Soo-min no pudo contenerse más. Al escuchar semejante despliegue de afecto, la estilista comenzó a hacer ruidosos sonidos de arcadas teatrales, exagerando los gestos mientras se llevaba una mano al estómago como si estuviera a punto de colapsar por empalagamiento.

-¡Por los cielos, ya basta! -exclamó Soo-min en un tono divertido y dramático, poniéndose en pie de un salto-. Estoy harta, me voy a la habitación. No pienso quedarme aquí a escuchar toda esa azúcar que desprenden ustedes dos. Me va a dar diabetes de solo oírlos. ¡Hablen de sus cosas empalagosas en privado!

Chae-Yoon soltó una carcajada limpia y risueña, la primera en muchos días, mientras en la pantalla, Geo emitía una risa suave y ronca, divertido por las ocurrencias de la estilista. Soo-min caminó hacia el pasillo agitando las manos en señal de protesta cómica, dejando a la pareja a solas en su burbuja de cariño, un espacio donde la distancia física parecía acortarse con cada palabra de amor compartida.

**************

Los días continuaron su marcha inexorable entre la distancia transatlántica y la rutina silenciosa de Seúl. Fue una tarde gris cuando el sonido de notificación en la computadora de Chae-Yoon rompió la calma de su sala de estar. Al abrir la bandeja de entrada, un correo formal con el membrete de la familia Kang congeló su respiración.

Era la invitación oficial y los detalles logísticos para el aniversario de la fundación benéfica.

El documento especificaba de manera rigurosa que el evento requería estricta vestimenta de etiqueta y, hacia el final del texto, una nota fría dictada por su padre añadía una presión extra: Chae-Yoon debía preparar un discurso breve para la apertura de la gala.

Esa fundación, que llevaba el nombre de su fallecido hermano, había sido creada por sus padres años atrás para conmemorar su trágica muerte y honrar lo mucho que él amaba la medicina. Su propósito principal era noble y de gran alcance: funcionaba activamente para recaudar fondos y financiar cirugías e intervenciones médicas de alto costo para personas de bajos recursos que no podían permitirse pagar un hospital privado. Era el orgullo filantrópico de su padre, pero para Chae-Yoon, representaba el monumento más doloroso de su culpa y de su ausencia.

Su primera reacción visceral fue el rechazo. No quería asistir. El simple pensamiento de pararse en ese salón, bajo la mirada escrutadora del Director Kang y rodeada de la alta sociedad médica, le provocaba una opresión asfixiante en el pecho. Sin embargo, las palabras parsimoniosas y sabias del doctor Choi resonaron con fuerza en su mente: «Usted debe ir a esa fundación y ponerse de frente ante lo que tanto la asusta... Solo cuando deje de huir del dolor del pasado, descubrirá que la culpa no tiene poder real». Sabía que el terapeuta tenía razón; era momento de encarar los fantasmas y quemar de una vez por todas esos sentimientos reprimidos que la estaban consumiendo por dentro.

El calendario marcaba una cuenta regresiva que dividía sus emociones en dos frentes muy claros. Por un lado, Geo regresaría a Corea el viernes de esa misma semana, finalizando su exitosa promoción en los Estados Unidos. Por el otro, la gala benéfica del aniversario de la fundación estaba programada para el sábado de la semana siguiente.

Chae-Yoon observó el teléfono sobre su escritorio, consciente de que los días de ocultarse tras una sonrisa mansa debían terminar. Sabía perfectamente que debía hablar con Geo en cuanto él pisara suelo coreano. Necesitaba sincerarse por completo con él, mostrarle sus episodios de ansiedad, sus visitas al psiquiatra y la complicada realidad de su familia antes de que la presión de la gala la hiciera estallar. Esperaba con todo el corazón tener el valor de abrirle su alma, antes de que fuera demasiado tarde.




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