Mi Voz De Angel

11/2

Remedy
Adele

🎧

El viernes por la tarde, el aeropuerto de Incheon se convirtió en un caos absoluto con la llegada de Geo. Tras semanas de una exitosa y extenuante promoción en los Estados Unidos, Geo finalmente pisó suelo coreano. Sin embargo, a pesar del cansancio del viaje y del abrumador desfase horario, el líder del grupo tenía una sola prioridad en mente. Esa misma noche, burlando la seguridad y a los reporteros en una de sus habituales salidas nocturnas secretas, se dirigió directamente al apartamento de Chae-Yoon.

Al abrirse la puerta, el reencuentro borró de golpe la distancia de las últimas semanas. Pasaron unas horas maravillosas, cenando juntos y compartiendo anécdotas entre risas y miradas cargadas de una devoción contenida. Por primera vez desde que comenzaron a salir, Geo se quedó a dormir en casa de Chae-Yoon.

La atmósfera de la habitación, envuelta en la penumbra y la calidez del regreso, se volvió densa y profundamente íntima. Entre los besos pausados y las caricias que se volvían cada vez más urgentes sobre las sábanas, por primera vez estuvieron a punto de tener relaciones sexuales. Sin embargo, en el último instante, la timidez y los nervios bloquearon a la escritora. Para gran vergüenza de Chae-Yoon y sincera alegría de Geo -a quien le desbordaba el pecho ver la pureza de sus reacciones-, ella detuvo el momento con la respiración agitada.

-Gye-On... espera -susurró Chae-Yoon, con las mejillas encendidas en un tierno carmesí-. Es... es la primera vez que haría algo así.

Geo la miró fijamente con sus ojos negros, deteniendo cualquier movimiento de inmediato. Una sonrisa corta, ladina y sumamente tierna se instaló en sus labios mientras acomodaba un mechón de su abundante melena chocolate detrás de la oreja.

-Entonces debemos esperar -respondió él con total parsimonia y respeto, sin un ápice de frustración-. No hay prisa, escritora. Tenemos todo el tiempo del mundo.

Con una suavidad extrema, Geo la atrajo hacia su pecho fibroso y la abrazó con firmeza protectora. Chae-Yoon se acurrucó entre sus brazos, sintiendo los latidos acompasados de su corazón como el mejor somnífero. Poco a poco, el cansancio los venció y ambos se quedaron profundamente dormidos.

El idilio de la noche se quebró de manera abrupta durante la madrugada. Geo se despertó sobresaltado en mitad de la penumbra al escuchar un sonido lastimero a su lado. Al aguzar el oído, descubrió que Chae-Yoon estaba llorando amargamente en mitad del sueño, moviéndose inquieta entre las cobijas.

-Perdón... mamá... papá, por favor-balbuceaba la joven con una voz ahogada por la angustia, mientras gruesas lágrimas empapaban su almohada-. No... no fue mi culpa... Yo no quería... No fue mi culpa...

Geo se asustó muchísimo al presenciar la severidad de la crisis colectiva que la dominaba. Su fijeza analítica se transformó en pura alarma. Sin dudarlo, la tomó con delicadeza por los hombros y comenzó a moverla suavemente para sacarla de la pesadilla.

-¡Chae-Yoon! Chae-Yoon, mírame. Despierta, por favor -la llamó con voz firme pero cargada de una profunda consideración.

La escritora abrió los ojos de golpe, saliendo del trance. Se quedó mirándolo fijamente en la oscuridad, con la respiración entrecortada y acelerada, y los ojos dorados color whisky completamente abiertos como dos grandes órbitas vacías, perdidas en el terror del recuerdo. Su cuerpo temblaba descontroladamente, presa de una ansiedad ciega.

Acto seguido, sin exigirle explicaciones inmediatas, Geo la envolvió en sus brazos con una fuerza inquebrantable, pegándola a su cuerpo.

-Estoy aquí, Chae-Yoon -le repitió al oído una y otra vez, acariciándole la espalda de manera parsimoniosa-. Estoy aquí y no te soltaré. Está todo bien, ya pasó. Estás a salvo conmigo.

Permanecieron así durante largos minutos, en los que el músico se convirtió en el anclaje de la joven contra la marea de su propio pánico. Poco a poco, el ritmo cardíaco de Chae-Yoon comenzó a descender y su respiración se estabilizó hasta que se calmó por completo.

Cuando los temblores cesaron, Geo se separó apenas unos centímetros. Con una devoción infinita, estiró sus manos largas y le agarró la cara con extrema suavidad entre sus palmas. Con las yemas de sus pulgares, le limpió las lágrimas de los ojos, retirando la humedad de sus mejillas definidas. No hizo preguntas, ni presionó el silencio de la habitación; solo se quedó mirándola fijamente, ofreciéndole su presencia absoluta como un refugio mudo contra los demonios que, ahora lo sabía con certeza, la acechaban desde las sombras de su pasado.

*************

Geo aguardó en silencio. La habitación permanecía envuelta en una penumbra densa, rota únicamente por el sonido irregular de la respiración de Chae-Yoon, que poco a poco buscaba recuperar su ritmo. Él no retiró sus manos; mantuvo sus palmas cálidas acunando las mejillas definidas de la joven, ofreciéndole un anclaje físico, una calma absoluta y considerada que ella jamás había experimentado en los momentos más oscuros de su existencia.

El silencio de la madrugada se prolongó por unos instantes que parecieron eternos, un espacio suspendido donde el pasado y el presente se miraron de frente. Finalmente, la escritora, con el corazón aún latiéndole con fuerza desbocada en el pecho pero sintiéndose segura bajo la fijeza analítica de esos ojos negros, dejó caer la mirada y comenzó a hablar en un hilo de voz quebrado.

-Tuve un hermano mayor... Se llama Dae-Yoon -soltó despacio, permitiendo que el nombre flotara en el aire por primera vez en años-. Él murió cuando tenía diecinueve años. A esa edad, Gye-On, ya se sabía que iba a convertirse en un excelente neurocirujano, él ya estaba en su último año de medicina. Era un genio. Amaba esa carrera con todo su ser, la vivía con una pasión que yo nunca pude entender. Pero es que... no podía ser de otra manera. Al igual que él, toda mi familia pertenece a ese mundo. Mis bisabuelos fueron médicos, mis abuelos, mis padres, mis tíos, mis primos... Todos, absolutamente todos, son doctores.




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