Mi Voz De Angel

Capitulo 12

Sing of the times
Harry Styles

🎧

Después de aquella intensa y reveladora madrugada en el apartamento de Chae-Yoon, el ambiente había quedado envuelto en una quietud profunda. Geo, con su fijeza analítica, comprendió que su escritora necesitaba un cambio de aire urgente; quedarse en ese lugar, sola no le haría bien para procesar todo lo que acababa de confesar.

Aprovechando que la empresa le había otorgado unos días libres obligatorios para descansar y recuperarse del agotador desfase horario de los Estados Unidos, Gye-On tomó las riendas de la situación con total parsimonia.

-Empaca una bolsa, Chae-Yoon -le había dicho con suavidad, mirándola con esos ojos negros cargados de una devoción protectora mientras le acariciaba la melena chocolate-. Tengo la semana libre antes de retomar la producción. Vámonos a mi apartamento. Allí estaremos tranquilos, nadie nos va a molestar y podrás escribir sin presiones. Yo me encargaré de cuidarte.

Chae-Yoon, sintiendo un alivio inmenso por la propuesta, aceptó sin dudarlo. El cambio de escenario era justo lo que su mente desgastada necesitaba. Por eso, tras pasar el resto del viernes y la noche del sábado refugiados en el espacioso departamento del músico, la mañana del domingo los encontró instalados allí, en una burbuja de paz que se sentía madura y sumamente real. El líder de Solstice se encontraba en la ducha y el ambiente aún conservaba el aroma al café que Chae-Yoon había preparado temprano en la cocina de Geo.

A unos kilómetros de ahí, la familia de Geo tenía sus propios planes. Originalmente, su madre solo tenía la intención de enviarle con un repartidor unas guarniciones y platillos caseros que le había preparado, sabiendo que su hijo bendito venía llegando de pasar semanas comiendo comida rápida en el extranjero. Pero tras debatirlo en la mesa, la nostalgia ganó; tenían varias semanas sin verlo debido a la gira y extrañaban demasiado al pilar de la casa. Así que el padre, la madre y la hermana menor decidieron que lo mejor era empacar los contenedores de comida y presentarse todos juntos de sorpresa en su hogar, asumiendo que Geo estaría solo y durmiendo ya que era domingo.

Utilizando la clave de acceso que conocían de memoria, la familia abrió la puerta principal entre susurros y risas cómplices, listos para asustar al músico.

Pero los sorprendidos fueron ellos.

Al entrar a la sala de estar, lo primero que vieron no fue a Geo. Sentada cómodamente en el centro del sofá de su hijo, con una taza entre las manos y los pies cruzados debajo de ella en una postura completamente hogareña, estaba una joven que no reconocían. Llevaba ropa de casa holgada y el cabello recogido de forma informal.

Al escuchar la puerta y ver de frente a las tres personas, a Chae-Yoon casi se le cae la taza de la impresión. El pánico y un nerviosismo eléctrico la dominaron por completo al recordar que estaba en propiedad ajena. Se puso de pie de un salto limpio, dejando la taza en la mesa de centro con manos temblorosas, y de inmediato dobló el torso en una reverencia impecable de noventa grados, con las mejillas encendidas en un tierno carmesí, para asombro de los padres y hermana de Geo que se percataron de los hermanos que era esa joven.

-¡Buenos días! Yo... mi nombre es Kang Chae-Yoon. Mucho gusto -saludó con la voz temblando por la formalidad y la vergüenza de ser atrapada en fachas en un apartamento que no era el suyo.

En ese preciso instante, ajeno por completo al drama de la entrada, Geo apareció desde el pasillo de las habitaciones. Venía caminando sin prisa, vestido únicamente con una toalla amarrada a la cintura, dejando su torso fibroso y el pecho al aire, mientras usaba otra pequeña toalla blanca para secarse el cabello húmedo. Tenía una sonrisa inmensa, ladina y desbordante en la cara, fija exclusivamente en la escritora.

-Chae-yoon escuché que se abría la puerta, pediste algo de.....-Geo ni siquiera terminó la frase.

Con total naturalidad, acortó los pasos directo a estamparle un beso de buenos días en los labios a Chae-Yoon. La escritora, viendo que el peligro se le venía encima a paso firme, abrió los ojos dorados de par en par como dos grandes órbitas y comenzó a retroceder con lentitud, haciéndole señas mudas de que parara y gesticulando con la boca para que mirara detrás de él.

Geo parpadeó, divertido por lo que creía que era otra de sus tiernas ocurrencias.

-¿Qué pasa? ¿Por qué haces esas caras...?

Antes de que sus labios rozaran los de ella, un carraspeo agudo y perfectamente ensayado resonó desde el umbral de la cocina.

-¡Ejem! -la madre de Geo se cruzó de brazos, sosteniendo un contenedor de vidrio lleno de kimchi con una ceja levantada.

Gye-On se congeló en su sitio. Con la toalla a medio camino en la cabeza, se volteó despacio sobre sus talones. Ahí, parados en mitad de su sala, estaban sus padres y su hermanita menor. Los tres lo miraban fijos con expresiones de absoluto asombro ante la estampa de su hijo medio desnudo y en la obvia actitud de adoración hacia la invitada que se estaba quedando en su casa.

El silencio duró tres segundos, hasta que la timidez del momento se rompió. A leguas se notaba que la escena les producía una risa incontenible. La hermana menor se tapó la boca para ahogar una carcajada limpia, señalando el pecho descubierto de su hermano, mientras el padre de Geo negaba con la cabeza, exhibiendo esa misma sonrisa ladina que su hijo había heredado, inmensamente divertido por haber atrapado al gran e inalcanzable líder de Solstice con las defensas completamente bajas.

Geo se percató de inmediato del torbellino que se había desatado en la mente de la escritora. Mientras él soltaba una risa suave y se retiraba a toda prisa a la habitación para ponerse ropa adecuada, Chae-Yoon se quedó en la sala lidiando con un colapso interno.




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