LONELY
RM (BTS)
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El resto de la semana transcurrió en una calma idílica, casi irreal. Chae-Yoon y Geo pasaron esos días prácticamente encerrados en el apartamento del músico, construyendo un refugio propio donde el tiempo parecía avanzar a un ritmo mucho más despacio y tranquilo. Para la escritora, aquellos días fueron un bálsamo necesario: despertaba sin el peso de la angustia matutina, escribía sus borradores en el estudio mientras Geo componía en silencio con sus auriculares puestos, y compartían cenas ruidosas sazonadas con las guarniciones que la madre de él les había dejado. Fue una rutina doméstica y pacífica que le demostró a Chae-Yoon cómo se sentía vivir sin miedo.
Sin embargo, la burbuja de paz comenzó a disiparse lentamente a medida que los días del calendario avanzaban. El viernes por la tarde llegó, trayendo consigo la temida y necesaria cita con el doctor Choi, su psiquiatra.
Mientras Chae-Yoon terminaba de organizar sus pertenencias en la habitación, el nerviosismo volvía a asaltarla. Sabía que esa consulta no sería una más del montón; era el momento de evaluar su recaída de ansiedad y, sobre todo, prepararse mentalmente para lo que venía al día siguiente. Geo, que mantenía su fijeza analítica siempre atenta a los sutiles cambios de humor de la joven, se plantó en el umbral de la puerta con las llaves del auto en la mano.
-Te acompaño -le dijo con su habitual voz profunda y parsimoniosa-. Dejo que te revise el doctor Choi y te espero abajo el tiempo que haga falta. Te ofrezco llevarte, escritora.
Chae-Yoon se quedó estática por un segundo, mirándolo con sus grandes ojos dorados. Aunque ella ya le había abierto el corazón sobre su pasado en la medicina y el colapso de su residencia, todavía había muchas cosas y secretos desgarradores que no le había contado. Para una persona tan celosa de su privacidad y sus traumas como ella, permitir que alguien se involucrara en su espacio terapéutico era un paso gigante, una grieta deliberada en la armadura que había llevado por años.
Geo lo sabía perfectamente. No la estaba presionando; simplemente estaba allí, ofreciéndose como un escudo. Chae-Yoon asimiló la devoción en los ojos negros del músico, soltó un suspiro mansa y, por primera vez, asintió con una sonrisa pequeña.
-Está bien, Gye-On. Gracias... Me gustaría que me lleves -aceptó en un hilo de voz.
El trayecto en el automóvil se sintió corto, envuelto en una de las listas de reproducción suaves que Geo ya no se atrevía a criticar. Unos días antes, durante una de esas noches silenciosas en el apartamento, Chae-Yoon ya le había advertido con mucha cautela que ese viernes por la noche no regresaría a dormir con él, se quedaría en su propio apartamento. Les tocaba separarse temporalmente porque el sábado tenía una reunión crucial con sus padres: la gala benéfica de la fundación en honor a su hermano Dae-Yoon.
Al dejarla frente a la clínica del doctor Choi, Geo detuvo el motor y se giró hacia ella. Su rostro no mostraba reproche ni desconfianza, solo una madurez y un respeto absolutos por los tiempos de la escritora. Le acomodó con ternura un mechón de cabello chocolate detrás de la oreja y le dedicó una de sus miradas más profundas.
-Sé que mañana es un día difícil para ti, Chae-Yoon -le dijo, rompiendo el silencio con una serenidad que a ella le devolvió el centro-. Ve a tu cita, habla con el doctor y ve a reunirte con tu familia si es lo que necesitas para cerrar ese ciclo. Pero prométeme algo: cualquier cosa que pase, el más mínimo problema, o si esa oscuridad quiere regresar... me llamas. Estaré allí en un santiamén, no importa la hora ni el lugar.
Chae-Yoon sintió un nudo de profunda gratitud en la garganta. Sabía que el poder del Director Kang y la rigidez de la dinastía médica la estarían esperando al día siguiente, pero tener la certeza de que Geo rompería el mundo con tal de llegar a ella en un segundo le dio el valor que le faltaba.
-Te lo prometo, Gye-On -murmuró ella antes de inclinarse y dejar un beso mansa en sus labios.
Y así fue todo. Chae-Yoon bajó del auto con el corazón resguardado por esa promesa, lista para cruzar el umbral de su pasado, sabiendo que ya nunca más volvería a estar sola en la tormenta.
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El consultorio del doctor Choi siempre olía a madera de cedro y a té de cebada, un aroma estudiado meticulosamente para inducir una calma casi inmediata en sus pacientes. Tras cincuenta minutos de una sesión intensa, donde Chae-Yoon había desnudado su alma respecto a la recaída de ansiedad, el peso aplastante de la gala del sábado y el bálsamo que significaba tener a Geo en su vida, el psiquiatra cerró su libreta de anotaciones.
-Has dado pasos gigantescos esta semana, Chae-Yoon -le dijo el doctor Choi, ajustándose las gafas con profesionalismo-. El hecho de que hayas permitido que ese joven te trajera hasta aquí demuestra que estás lista para delegar el peso de tus crisis. Mañana será un día duro con tu familia, pero tu estructura emocional está mucho más firme que hace dos años. Confía en tu proceso y en tus avances.
Chae-Yoon soltó un suspiro largo, sintiendo cómo la tensión acumulada en sus hombros cedía un poco. Se puso de pie, acomodando su falda, lista para marcharse y enfrentar el fin de semana.
Sin embargo, justo cuando su mano tocaba el pomo de la puerta de madera, el doctor Choi se aclaró la garganta de una forma sospechosamente poco profesional. La formalidad del terapeuta pareció agrietarse por un segundo.
-Por cierto, Chae-Yoon... -comenzó el médico, intentando mantener un tono casual que no engañó a la escritora en absoluto-Mmmnn .... ¿Cómo se encuentra Soo-min? Hace un tiempo que no sé de ella.
Chae-Yoon detuvo sus movimientos y se giró despacio. Sus grandes ojos brillaron con una chispita de picardía que rara vez mostraba. Ella, que conocía a la perfección a su mejor amiga, sabía perfectamente que el impecable y serio doctor Choi todavía babeaba en secreto por Soo-min. La confianza de conocer su alma y el lazo estrecho que compartía con ambos le dieron el valor para jugar un poco.