Mi Voz De Angel

Capitulo 13

Girl Crush
Harry Styles

🎧

La luz difusa del domingo por la mañana se filtró perezosamente a través de las cortinas del dormitorio, dibujando líneas doradas sobre el suelo de madera. Chae-Yoon se removió entre las sábanas, despertando a un ritmo mansa y desprovisto de esa opresión matutina que solía atenazarle el pecho. Lo primero que inundó sus sentidos fue el delicioso aroma a café recién hecho que entraba de manera sutil en la habitación, viajando desde la cocina como una invitación silenciosa a regresar al mundo.

Al incorporarse despacio, se pasó la mano por el rostro de forma distraída, pero un leve rictus de dolor cruzó sus facciones al sentir una pequeña molestia en la mejilla. Fue en ese milisegundo cuando la memoria de la madrugada la golpeó de frente: recordó la bofetada que le había dado su padre en el pasillo vacío del hotel.

Se puso de pie con cuidado y caminó hacia el baño. Al mirarse en el espejo, confirmó lo que tanto temía: en efecto, tenía una marca roja muy visible en la mejilla. Chae-Yoon soltó un suspiro largo frente a su reflejo, sabiendo perfectamente que ese recuerdo físico le duraría días; tenía una piel extremadamente clara y delicada, de esas que se le hacía un moretón de cualquier cosa por el más mínimo impacto.

Tras hacer sus necesidades y lavarse la cara con agua fría, salió de la habitación a paso lento en dirección a la cocina. Ahí encontró a Geo, quien se mantenía de espaldas, frente a la estufa, concentrado en la preparación del desayuno.

Agradeciendo internamente su pacífica presencia, Chae-Yoon se acercó a él con total parsimonia y lo abrazó por la espalda, hundiendo el rostro en su camiseta holgada. El músico, que en ese momento estaba volcando toda su fijeza analítica en cocinar un perfecto omelette, se congeló por un segundo ante el tierno contacto, pero de inmediato se dio la vuelta con cuidado para no apagar el fuego.

Geo la rodeó con sus manos largas, la abrazó contra su pecho y luego la besó con una dulzura infinita, depositando en sus labios todo el cuidado que no había podido expresarle al mundo exterior. Al separarse apenas unos centímetros, el líder de Solstice se quedó mirándole la cara en silencio. Sus ojos negros se posaron inevitablemente en la marca roja que manchaba la piel clara de su escritora, y una sombra de muda e inmensa furia protectora cruzó su mirada, aunque la transmutó rápidamente en pura ternura.

Acariciándole el cabello chocolate, Geo rompió la quietud de la cocina y solo le preguntó, con su voz profunda y considerada:

-¿Quieres hablar de lo que pasó ayer, Chae-Yoon?

La escritora sostuvo su mirada, asimilando la devoción desbordante de su novio, y esbozó una pequeña sonrisa mansa que, por primera vez en mucho tiempo, no era una máscara de etiqueta.

-Mi padre hablo y luego yo respondí, al parecer no le gusto ni una pizca lo que dije pie que obtuve esto... pero para ser honestos, nunca me había pegado de ninguna manera, crecí en una casa fría sin demostraciones de afecto pero inmensamente protegida, así que todo está bien, Gye-On... de verdad -le dijo en un hilo de voz, asegurándole que, mientras estuviera dentro de ese apartamento y en sus brazos, el resto del mundo ya no tenía el poder de lastimarla.

Tras apagar la estufa, Geo sirvió el desayuno en la pequeña mesa del comedor. El ambiente del apartamento se sentía sumamente pacífico, protegido del ruido exterior y de las secuelas de la noche anterior. Mientras desayunaban en un silencio cómodo, compartiendo el omelette y el café caliente, Geo mantenía su fijeza analítica atenta a cada ademán de la escritora.

Verla comer con tranquilidad, vistiendo su ropa holgada y con el cabello chocolate libre de ataduras, le devolvía el centro al músico. Sin embargo, no podía evitar desviar la mirada de vez en cuando hacia la piel clara de su mejilla, donde la marca roja de la bofetada insistía en recordarle la crueldad del Director Kang.

Geo dejó su taza de porcelana sobre la mesa, se inclinó un poco hacia adelante y rompió la quietud con su voz profunda y parsimoniosa:

-Escritora... ¿qué quieres hacer hoy? -le preguntó, mirándola con una devoción desbordante-. Tengo el día completamente libre para ti. Haremos lo que tú quieras, lo que te apetezca. Si quieres salir a caminar donde nadie nos moleste, ir a algún lugar apartado de la ciudad, o lo que sea, solo dilo. Yo lo haré.

Chae-Yoon detuvo sus movimientos y lo miró. La sola idea de cruzar la puerta del apartamento y enfrentarse a las miradas del mundo exterior la hacía tensarse sutilmente. No quería lidiar con la etiqueta, ni con los comentarios, ni con el peso de su apellido. Esbozando una sonrisa pequeña, dejó su cubierto y negó suavemente con la cabeza.

-Quiero quedarme en casa, Gye-On -confesó en un hilo de voz, buscando su mano larga sobre la mesa-. Solo quiero escuchar música, ver algunas series o hacer un maratón de películas. Quiero pasar todo el día aquí contigo, relajándome y olvidándome de que existe el resto del mundo. Eso es todo lo que necesito.

Geo asimiló la súplica de paz en sus palabras y la tensión de sus propios hombros se disipó por completo. Apretó los dedos delgados de la escritora con suavidad y le dedicó una sonrisa corta y ladina.

-Está bien, escritora -le dijo con total parsimonia-. Tus deseos son órdenes hoy. Me parece el plan perfecto. Quédate en el sillón mientras yo recojo la cocina, y ve eligiendo qué lista de reproducción o qué serie vamos a empezar.

Chae-Yoon soltó un suspiro de alivio genuino. Mientras se acomodaba en el sofá con una manta ligera, escuchando de fondo el tintineo de los platos en la cocina, entendió que no importaba lo rota que la hubiera dejado la gala del sábado; ese domingo, refugiada en la madurez y los cuidados de Geo, la vida volvía a tener un ritmo mansa y reconfortante.




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