Contigo en la distancia
Christina Aguilera
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El silencio del apartamento de Chae-Yoon se sentía, por primera vez, como un bálsamo tras el caos de la jornada. Había regresado a casa hace apenas una hora, dejando atrás el aire aséptico de la clínica y el peso opresivo de las miradas de su familia. Aún con el abrigo puesto, caminaba por el salón cuando su teléfono vibró; era Geo. Al deslizar el dedo por la pantalla y escuchar su voz profunda, sintió que finalmente podía soltar el aire que había contenido durante todo el día.
-Hola, Gye-On -susurró ella, dejándose caer en el sofá con un suspiro de cansancio.
-Escritora, tu voz se noto agotada. ¿Cómo estás mi amor? -la voz de Geo sonó cargada de una preocupación genuina.
Chae-Yoon cerró los ojos, encontrando consuelo en la cercanía invisible del músico.
-Ha sido un día largo, Geo. Mi padre sufrió un colapso hipertensivo en su despacho hace unas horas y tuvieron que llevarlo de urgencia a la clínica. Hubo mucho alboroto, médicos, tíos dando vueltas y protocolos de seguridad que parecían no tener fin. Por suerte, ya lo han estabilizado y está en su suite privada, así que finalmente pude venirme a casa.
Al otro lado de la línea, el silencio de Geo fue breve, pero lleno de una intensidad que Chae-Yoon pudo sentir. Su tono, cuando respondió, era firme y cargado de una urgencia protectora.
-Escúchame, ¿quieres que tome el primer vuelo de regreso? Puedo estar ahí mañana mismo si me lo pides. No me importa el contrato ni la sesión, solo me importas tú.
Chae-Yoon sonrió levemente, sintiendo un nudo de calidez en el pecho, pero negó con la cabeza, consciente de la profesionalidad de su pareja.
-No, Gye-On, por favor. No incumplas ningún contrato por mí. Mi padre está en manos de especialistas y, de todas formas, ni siquiera soy yo quien lo está cuidando; mi madre y el personal de la clínica se encargan de todo. Estoy bien, solo necesitaba escuchar tu voz.
-Te extraño tanto, Chae-Yoon -confesó Geo, abandonando por un segundo su fachada analítica-. La distancia se siente como un vacío innecesario cuando sé que estás pasando por esto.
-Yo también te extraño -admitió ella, sintiéndose más ligera-. Y para ser sincera, extraño muchísimo tu comida.
Geo soltó una carcajada ronca, su tono cambiando drásticamente a uno más juguetón y ladino.
-¿Ah, sí? ¿Solo eso extrañas de mí? ¿Mi habilidad con la estufa? -bromeó, enfatizando su falsa indignación.
Chae-Yoon, contagiada por su buen humor, soltó una risita suave mientras se arropaba con una manta.
-Pues claro, Gye-On. ¿Por qué otra razón más te extrañaría? No se me ocurre ninguna otra cosa -respondió ella con un tono burlón y fingida inocencia.
Geo soltó un bufido divertido, bajando un poco el tono de su voz, cargándolo de una promesa traviesa que hizo que a Chae-Yoon se le calentaran las mejillas.
-Qué descarada te has vuelto, escritora. Te prometo que vas a pagar muy caro ese comentario cuando te tenga enfrente -le advirtió él, sonando sumamente complacido-. Te voy a cobrar cada segundo de esta broma con intereses, ya verás.
-¿Ah, sí? Estaré esperando a ver cómo piensas cobrarme, músico -retó ella, riendo bajito.
La conversación continuó por un buen rato entre bromas y promesas silenciosas. En la calidez de su hogar, el recuerdo del hospital y la sombra de la dinastía Kang se desvanecieron. Por espacio de una hora, solo quedaron ellos dos, unidos por una fibra invisible que la distancia no lograba romper.