Untitled 2014
G-dragon
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La mañana en la biblioteca pública era un remanso de paz, el lugar perfecto para que Chae-Yoon buscara inspiración histórica para su nueva obra. Sin embargo, el silencio se fracturó cuando, cerca de la sección de hemeroteca, dos chicas comenzaron a hablar con una mezcla de emoción y estridencia.
-¡No puedo creerlo! -exclamó una-. ¿Viste las fotos de Geo? ¡El líder de Solstice está saliendo con Min-ji!
Chae-Yoon sintió un impulso cálido al escuchar el nombre de Geo, una sonrisa automática asomándose a sus labios. Pero su expresión se congeló al escuchar el resto.
-Sí, las vi en todos los portales -respondió la otra chica-. Entrando a ese hotel... hacen una pareja espectacular, ¿verdad? Me alegra tanto que por fin tenga a alguien de su nivel. Se ven hechos el uno para el otro.
El corazón de Chae-Yoon se sintió como si hubiera sido sumergido en hielo líquido. La sonrisa se desvaneció, dejando una mueca de incredulidad. Justo en ese instante, su teléfono vibró con una intensidad violenta; era Soo-min.
-Chae-Yoon... ¡dime que no has visto las redes sociales! -dijo Soo-min, sin rodeos, con una voz cargada de cautela.
-Acabo de escuchar a unas chicas hablar de ello, si a eso te refieres .-respondió Chae-Yoon con voz monocorde, manteniendo una calma fingida-. Pero no he abierto ninguna aplicación. Iré a casa ahora mismo.
Al llegar a su apartamento, Soo-min ya estaba allí, esperándola con una expresión de preocupación genuina. Juntas, recorrieron las páginas sensacionalistas. Las imágenes eran devastadoras: Geo, con su chaqueta oscura característica, caminando cerca de una conocida actriz, y una última captura donde ambos desaparecían tras las puertas giratorias de un hotel de lujo. Los comentarios eran una marea desbordada: fans enloquecidas, defensores del romance y críticos implacables.
-Escúchame bien -sentenció Soo-min, cerrando el portátil de golpe-. Antes de sacar conclusiones o dejar que tu mente te juegue una mala pasada, tienes que escuchar lo que Geo tiene que decir. Esto tiene toda la pinta de ser una trampa mediática o un malentendido de proporciones épicas. No entres a las redes sociales, por favor. Desconéctate.
Soo-min se marchó poco después, dejando a Chae-Yoon en un silencio sepulcral. En cuanto la puerta se cerró, la prohibición se rompió. Chae-Yoon encendió su computadora y miró las fotos una y otra vez. Se veían naturales, casi cómplices. El dolor era físico, una presión en el pecho que apenas le permitía respirar. Tomó su teléfono y marcó el número de Geo. «El número que usted ha marcado no está disponible...». Lo intentó de nuevo diez minutos después, y otra vez una hora más tarde.
Pasaron las horas, luego los días. Cuarenta y ocho horas de silencio absoluto por parte de Geo. No hubo un mensaje, no hubo una llamada, ni siquiera una notificación de la agencia aclarando el incidente.
La esperanza, que al principio era una llama pequeña, terminó de extinguirse. Chae-Yoon lloró hasta que sus ojos perdieron el rastro de las lágrimas, pero al dolor le siguió una oleada de rabia gélida. La decepción se transformó en una indignación que le quemaba las manos; ¿era esto lo que valía su relación para él? Se sintió estúpida, utilizada, y sobre todo, profundamente resentida por haber creído, aunque fuera por un momento, que Geo era diferente al resto del mundo de cartón piedra que él mismo habitaba.
El tercer día llegó envuelto en una grisalla de lluvia que golpeaba los cristales del apartamento de Chae-Yoon con una insistencia casi cruel. Ella no había dormido; sus ojos, hinchados y enrojecidos, observaban el teléfono móvil que descansaba sobre la mesa como si fuera un artefacto explosivo. La rabia, que durante las últimas setenta y dos horas había sido una hoguera, se estaba transformando en una frialdad cortante.
La puerta del apartamento sonó con un golpe seco. Soo-min entró con paso decidido, pero al ver el estado de Chae-Yoon -sentada en el suelo de la sala, con el rostro desprovisto de toda chispa de vida-, se detuvo en seco.
-No ha contestado -dijo Chae-Yoon, con la voz tan desgastada que parecía un susurro-. Tres días, Soo-min. Tres días sin saber absolutamente nada.
Soo-min se sentó a su lado, suspirando con pesadez.
-Chae-Yoon, a veces las agencias de gestión artística encierran a los líderes en un aislamiento total cuando estalla un escándalo de esta magnitud. Es probable que le hayan confiscado todo.
Chae-Yoon se levantó con una brusquedad que hizo que Soo-min retrocediera, su dolor convirtiéndose rápidamente en una indignación volcánica.
-¡No me hables de gestión ni de contratos! -exclamó, caminando por la sala con pasos erráticos-. Además las agencias no privatizan a los idols hoy en día de esa forma. Por lo menos me merecía un mensaje. No pido una explicación detallada, no pido una justificación de lo que pasó en ese hotel, solo algo... un simple aviso para que yo no me preocupara. ¿Tres días sin saber nada? ¿Si es cierto o si es mentira? Nada. ¡Absolutamente nada!
Se detuvo frente a la ventana, apretando los puños con tal fuerza que sus nudillos se tornaron blancos.
-¿Y qué, ahora resulta que también le quitaron el teléfono a su manager? -continuó, con una risa amarga y carente de humor-. ¿A todo su equipo de seguridad? ¿A su asistente personal? Odio las explicaciones vacías, Soo-min. Me siento una idiota. He estado aquí, esperando, mientras él protagonizaba el guion de una comedia romántica barata frente a toda Corea.
Chae-Yoon caminó hacia la mesa, tomó el teléfono y, con un movimiento cargado de una determinación gélida, eliminó el contacto de Geo de su lista de favoritos.
-Lo que más me duele es que me hizo creer que yo era diferente -dijo, mientras sus dedos temblaban levemente-. Me hizo creer que este sentimiento, nuestras charlas, nuestra historia... significaban algo más que un pasatiempo entre sesiones fotográficas.