Mi Voz De Angel

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3D
Jungkook

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El ajetreo en el área de emergencias continuaba, pero ahora el ritmo era distinto. Era un movimiento coordinado, una urgencia profesional que finalmente giraba en torno a Da-in. Mientras las enfermeras comenzaban a preparar el equipo de ecografía bajo la mirada intimidante de Chae-yoon, el padre de Geo seguía en un estado de shock absoluto, procesando no solo la crisis de salud de su hija, sino la fuerza indomable que Chae-yoon acababa de desplegar.

Chae-yoon, sintiendo que la adrenalina empezaba a descender y dejándole un ligero temblor en las manos, se acercó al padre de Geo, quien seguía mirando al médico con una mezcla de desconcierto y gratitud.

-Padre-dijo Chae-yoon, manteniendo la voz baja para no alterar más a la madre de la chica-, entiendo que todo esto ha sido abrumador. Pero, ¿ya se comunicaron con Geo?

El hombre parpadeó, sacudiéndose el estupor. Se llevó la mano al bolsillo y sacó su teléfono, que había ignorado por completo desde que llegaron al hospital.

-No... -respondió él, con la voz un poco quebrada-. Queríamos saber que tenía Da-in antes de comunicarme con el.

Chae-yoon apretó los labios. Sabía que Geo estaba de viaje y que recibir una llamada así a la distancia, sin saber exactamente qué pasaba, sería una tortura para él. Sin embargo, ocultárselo era imposible; si algo le pasaba a Da-in, Geo jamás se lo perdonaría.

-Debe llamarlo -dijo ella con firmeza, poniendo una mano reconfortante sobre el brazo del hombre-. Pero no le diga que es solo un desmayo. Dígale la verdad, que está siendo atendida y que le están haciendo pruebas. Necesita saber que estamos aquí y que estamos haciendo todo lo necesario. Si él está en el aeropuerto o en camino, es mejor que sepa dónde encontrarnos.

El padre de Geo asintió lentamente, todavía mirando a Chae-yoon como si fuera la primera vez que veía su verdadera personalidad, esa que, bajo su fachada de chica tranquila y reservada, escondía un instinto feroz cuando los suyos estaban en peligro.

-Tienes razón -dijo él-. Iré a buscar una zona donde haya menos ruido para llamarlo.

Mientras él se alejaba hacia un pasillo lateral, Chae-yoon volvió la vista hacia la camilla. Da-in seguía ahí, pálida y frágil, pero ahora los médicos se movían con rapidez, conectando electrodos y ajustando el monitor. Chae-yoon cruzó los dedos, rezando para que su instinto -aquel que la medicina le había inculcado antes de renunciar- fuera correcto y pudieran estabilizarla antes de que Geo llegara.

**********

El padre de Geo se alejó para hacer la llamada, dejando a Chae-yoon junto a la madre de la chica, quien observaba cómo los enfermeros preparaban el equipo de ecografía con una eficiencia que antes no existía. La mujer se giró hacia Chae-yoon, con los ojos todavía húmedos pero cargados de una admiración nueva y profunda.

-Chae-yoon... no sé cómo agradecerte -susurró la madre de Geo, apretando su brazo con fuerza-. Ese doctor nos estaba ignorando por completo. Sin tus palabras, sin esa seguridad que tuviste al hablarle de estudios y diagnósticos, no sé qué habría sido de mi pequeña.

La madre hizo una pausa, mirando a Chae-yoon con curiosidad, como intentando descifrar el misterio de la joven.

-Es una bendición que hayas tenido esa formación -continuó la mujer-. Se nota que vienes de una familia de médicos, esa facilidad para manejarte en un hospital, ese vocabulario... es algo que solo se aprende en casas donde la medicina es el tema de conversación diario. Gracias al cielo que estabas aquí y que tu familia te dio esa preparación.

Chae-yoon sintió una punzada en el pecho. El peso de su pasado, ese que había decidido enterrar para encontrar paz como novelista, amenazaba con salir a la superficie. Podría haberles contado la verdad: que no fue solo una "educación en casa", sino que ella había sido una estudiante prodigio, alguien cuyo nombre fue mencionado en los círculos académicos más exigentes mucho antes de que decidiera dejar el bisturí por la pluma.

Pero no lo hizo. Un velo de tristeza y reserva cruzó sus ojos, aunque rápidamente lo ocultó tras una sonrisa amable y humilde.

-Simplemente... aprendí lo necesario, señora -respondió Chae-yoon, evitando profundizar en el tema-. Lo importante ahora es Da-in. Solo deseo que los resultados nos den respuestas rápidas.

La madre de Geo, al ver su reticencia, no insistió, asumiendo que para Chae-yoon era un tema doloroso o simplemente privado. Sin embargo, en el fondo, la mujer se sentía profundamente aliviada; aquel "prodigio" de la medicina que ella ignoraba, ahora estaba allí, velando por la vida de su hija.

Chae-yoon volvió la vista hacia Da-in, sintiendo cómo el silencio que ella misma había impuesto protegía su secreto, pero también cómo su instinto médico volvía a tomar el control absoluto mientras el cardiólogo de guardia finalmente aparecía en la sala.

***********

El ambiente en el pasillo lateral del hospital era gélido, pero el padre de Geo sentía el sudor frío recorriéndole la espalda. Con la mano temblorosa, marcó el número de su hijo, intentando controlar el tono de su voz para no desatar el pánico antes de tiempo.

-¿Papá? ¿Qué pasa? Me pillas justo saliendo de la última sesión -la voz de Geo sonaba cansada pero animada, todavía ajena a la pesadilla-. ¿Estás bien? ¿Qué haces llamando a estas horas?

-Geo, escucha... mantén la calma, por favor -su padre cerró los ojos, apoyándose contra la pared-. Ha ocurrido algo con Da-in. Se desmayó hace un rato en clase y la han traído a emergencias. Es una situación seria, hijo, pero quiero que te tranquilices porque, gracias al cielo, Chae-yoon está aquí. No sé qué habríamos hecho sin ella.

-¿Chae-yoon? ¿Qué quieres decir? ¡Papá, dime qué tiene Da-in! -la voz de Geo se tornó instantáneamente tensa, perdiendo toda la alegría-. ¿Está consciente?




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