Spring Snow
10cm
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El trato hacia los padres de Geo en la clínica era impecable, casi irreal. Desde el momento en que se confirmaron los protocolos, fueron atendidos con una deferencia absoluta. Tras pasar por el riguroso filtro de esterilización -batas quirúrgicas, mascarillas y desinfección estricta-, pudieron ver a Da-in. La madre fue la primera en entrar, conteniendo las lágrimas al ver a su hija conectada a un sinfín de monitores que marcaban el ritmo de su corazón. El padre le siguió poco después, saliendo de la unidad con el rostro pálido pero, por primera vez en el día, con la esperanza de ver que ella seguía luchando.
Al salir, el personal de enfermería los guio no a una sala de espera, sino a una de las suites de recuperación postoperatoria. Era un espacio amplio, con tonos suaves y comodidades que los hicieron sentir, por un momento, alejados de la pesadilla hospitalaria. Allí, Chae-yoon, previendo la necesidad de ellos, les había hecho llegar en tiempo récord una bolsa con ropa limpia y artículos de aseo personal. Tras una ducha reparadora, el silencio de la suite les permitió finalmente digerir la realidad mientras esperaban noticias.
Chae-yoon, agotada tras la adrenalina de las últimas horas, comprendió que los padres necesitaban ese breve momento de privacidad. Sabía que Geo estaba en camino, así que decidió ausentarse apenas una hora: necesitaba refrescarse y traerles una cena adecuada, algo más que el café del hospital.
Fue precisamente en ese intervalo cuando
las puertas automáticas se abrieron de golpe, dejando entrar a un Geo visiblemente agitado, con la ropa desaliñada por el viaje apresurado y el rostro marcado por una mezcla de terror y agotamiento extremo.
-¡Papá! ¡Mamá! -exclamó Geo, soltando su bolso de mano con un golpe seco. Sus ojos recorrieron la sala con una intensidad febril, buscando respuestas. -¿Cómo está ella? ¿Es cierto lo que me dijeron por teléfono? ¿Puedo verla?
Su madre se levantó rápidamente, estrechándolo contra su pecho mientras sollozaba en silencio. Su padre, con una mano firme sobre el hombro de su hijo, lo guio hacia uno de los sillones para que se sentara.
-Está estable, Geo. Está bajo monitoreo constante y los médicos nos han explicado todo el procedimiento para mañana -respondió el padre con una calma que le costaba mantener.
-Los protocolos de cuidados intensivos son estrictos -añadió la madre, secándose las lágrimas-. Ya entramos a verla hace un rato y no se nos permite volver a pasar hasta que el personal médico lo autorice. Pero han prometido que en cuanto la enfermera de turno haga el cambio y pase a revisar sus constantes, le pediremos que te deje entrar a verla, aunque sea un momento.
Geo asintió, aunque su ansiedad no disminuyó. Se pasó una mano por el cabello, inquieto, mirando hacia el pasillo por donde habían desaparecido los paramédicos horas antes. Entonces, al notar la ausencia de la persona que se había convertido en el pilar de toda esa pesadilla, su expresión cambió.
-¿Y Chae-yoon? -preguntó Geo, con la voz cargada de una urgencia que no pudo ocultar-. ¿Dónde está? -Necesito verla, necesito hablar con ella, peso Geo.
El padre de Geo le dedicó una mirada llena de gratitud antes de responder.
-Ella se movió por nosotros desde el primer minuto. Estuvo aquí sin descanso, nos ayudó con todo, incluso nos trajo ropa limpia. Hace apenas una hora decidió irse a casa un momento; necesitaba tomar una ducha y descansar, pero sobre todo, insistió en traernos algo de comer para que no tuviéramos que depender de la comida del hospital. Está haciendo todo por nosotros, hijo.
Geo se quedó en silencio, con la mirada fija en la puerta de la sala de espera. Saber que Chae-yoon se había ido a descansar después de haber cargado con todo el peso de la emergencia le provocó una punzada de culpa y una admiración profunda, pero su necesidad de verla, de agradecerle y de saber que ella estaba bien, era ahora lo único que mantenía su mente ocupada mientras esperaba el permiso para entrar a ver a su hermana.
El eco de los pasos de Chae-yoon sobre el mármol de la clínica fue lo primero que Geo escuchó. Ella había regresado renovada, vistiendo unos pantalones de tela suave y un suéter de punto, con el cabello recogido en una coleta alta. Al cruzar la puerta de la sala de espera, sus ojos se encontraron con los de él. Antes de que ella pudiera siquiera soltar las bolsas de comida, Geo se levantó de un salto y la envolvió en un abrazo tan apretado que le robó el aliento. Fue un abrazo cargado de miedo, alivio y una gratitud que las palabras no podían contener.
La madre de Chae-yoon, quien había estado acompañando a los padres de Geo con la elegancia y calidez que la caracterizaban, se despidió poco después. Les dedicó una última mirada de aliento antes de retirarse, prometiendo volver a primera hora del día siguiente para estar presente durante la intervención.
-Padre, madre -dijo Chae-yoon con firmeza suave, dirigiéndose a los padres de Geo-, ya es tarde. Vayan a la suite pueden cenar ahi, necesiten descansar para tener fuerzas mañana. Yo me quedaré aquí con Geo, no se preocupen por nada, Además si todos nos quedamos, mañana todos estaremos cansados, Da-in estará bien.
Conmovidos por la insistencia de Chae-yoon, los padres aceptaron finalmente y se retiraron a buscar el descanso que tanto les urgía.
Cuando el silencio se adueñó finalmente de la sala de espera, Chae-yoon se giró hacia él, percibiendo la angustia que Geo intentaba ocultar bajo una máscara de fortaleza.
-Geo... -murmuró ella, acercándose para tomar su mano helada-. ¿Quieres verla? ¿Necesitas ver a tu hermanita?
Él apenas pudo articular un "sí" cargado de vulnerabilidad, apretando los dedos de ella como si fueran su único ancla. Chae-yoon lo guio con paso decidido hacia el puesto de enfermería, pasando de largo sin detenerse; solo dedicó una inclinación de cabeza respetuosa a la supervisora, quien les devolvió el gesto con una mirada de comprensión absoluta. Las enfermeras presentes, al reconocer la identidad de Geo, abrieron los ojos con sorpresa, pero mantuvieron una distancia profesional, demostrando por qué aquella clínica era la más exclusiva: el personal era impecable en su discreción, entendiendo sin palabras que aquel no era el momento para fans, sino para un hermano preocupado.