Mía

❀~CAPÍTULO 8~❀

—Esto tiene que ser un error—solté entrando en la oficina de mi jefe como si fuera la dueña, en lugar de una empleada más.

—¡Intenté detenerla, pero es igual de intempestiva que su esposa!—chilló William intentando peinarse el cabello que le había desordenado en un intento de distraerlo.

—Cuidado con la forma en que hablas de mi esposa, Will—soltó Alexander con dureza y su asistente tembló, haciendo que su cabello pareciera aun más desordenado.

—Lo digo en el mejor de los sentidos, Sr. Dryden, lo juro—aseguró pero yo tenía temas más importantes qué hablar, así que dejé la carpeta con la información del nuevo proyecto sobre el escritorio de mi jefe, dándole una mirada airada.

—No puedo hacerme cargo de este proyecto—solté por primera vez en mi historia laboral dentro del conglomerado.

—¿Revisaste las comisiones extra que te asigné? Son muy buenas—respondió él distraídamente, con su atención en los papeles que había estado firmando cuando llegué.

—Sé lo que estás haciendo.

—¿Y qué es eso? Ilústrame, Amy—respondió Alex con sequedad.

—Quieres que trabaje con él—acusé con dureza y Alex frunció el ceño divertido, sin despegar la mirada de los benditos papeles.

—Por supuesto. Es el encargado del proyecto de Veenstra, Inc... Es su representante, ¿Cómo no ibas a trabajar con él?—murmuró firmando sobre una línea.

—Alex—susurré mortificada.

—Has sido una trabajadora impecable por años, Amy. Mi familia te aprecia y yo lo hago. Te consideramos como una más de nosotros y valoro tus capacidades dentro de la empresa. Eres una pieza clave y lo sabes, siempre te lo he dicho... Por eso me he tomado el atrevimiento de asignarte este proyecto.

—Ni siquiera estamos interesados en la hostelería.

—No lo estábamos antes. Ahora sí. Soy yo quien decide en qué pone sus recursos y esta vez he escogido este proyecto... Tu trabajo aquí es ser mis ojos mientras el proyecto que yo aprobé se desarrolla. Eso es todo.

—¿Por qué no Andrew?—me quejé, a riesgo de sonar como la peor trabajadora de la historia.

—Porque Andrew ya tiene su propio calvario qué atravesar.

—Felizmente cambiaría el suyo por el mío.

—Imposible, soy yo quien decide qué proyectos asignar y a quién... Es tu responsabilidad hacer tu trabajo y punto—soltó con más dureza de la que solía usar conmigo y yo me mordí el labio inferior, conteniendo las ganas de gritar.

Sentía que todo estaba poniéndose en mi contra.

—Bien. Entendido, señor—murmuré luchando por mantener mi tono neutro y luego recuperé la carpeta que me había dado William, saliendo de su despacho con el cuerpo erizado y no de la manera positiva.

Bajé hacia el estacionamiento con mi mente hecha un desastre y conduje a casa con la inútil esperanza de que todo fuera una simple pesadilla.

Me detuve frente a la puerta del departamento cuando mi teléfono vibró.

Lo saqué del bolso, creyendo que sería un mensaje de Will o algo así, pero desafortunadamente me di cuenta de que no era él.

Era el innombrable.

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Desconocido: Buen día, bonita... Estoy

contando las horas para volver a verte.

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Desconocido: Agéndame, amor.

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Desconocido: Y por favor no elimines

mis mensajes.

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Solté un gruñido de pura frustración, odiando que supiera todo lo que se me pasaba por la cabeza cada vez que me escribía.

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Yo: Vete al infierno.

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Desconocido: Aun te amo, Amy.

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Yo: Déjame en paz.

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