Mia | Híbridos Rebeldes 1

20. El campamento

El autobús se detuvo al final de la calle, que daba al sendero de un hermoso bosque.

Salimos y nos topamos con un camino empedrado, los ayudantes comenzaron a sacar nuestros equipajes, dándole a sus respectivos dueños. Y yo ni siquiera sabía qué había pasado con el mío.

El calor del sol ya me estaba molestando también. Antes de que entrara en pánico, reconocí a la persona al que se le había encargado mi mochila, y él lo seguía teniendo.

—¡Ah, mierda! Si hubiese sabido que nosotros lo íbamos a cargar, no hubiese empacado tanto —se lamentó Abby con una mochila en su espalda y un bolso grande colgando de su hombro. La ayudé con el bolso solo para no parecer una inservible.

—¡Alumnos, a partir de aquí caminamos! Así que síganme, sin quejas ni protestas.

Ella hizo que nos reuniéramos todos de nuevo, los del último año fueron por delante. Y apenas en ese momento distinguí a los hermanos Collins entre ellos, seguramente nos alcanzaron en auto porque nos lo vi en el instituto. También vi a Hannah, ella estaba caminando como si estuviese modelando en una pasarela sin nada de carga, las cosas que ella había preparado estaban en manos de sus amigos.

—Según mis cálculos, en unos diez minutos llegamos —dijo April apareciendo a mi lado.

—¿Y tú no traes nada? —le preguntó Abby al notar que ella estaba libre de carga.

—Oh, sí. En estos momentos me gusta tener novio —señaló un costado y ahí vimos a Drew llevando muy cómodamente el equipaje de ella—. A los chicos les gusta alardear su fuerza, pídele a alguien que lo cargue por ti —aconsejó April—, a los licántropos no les cuesta nada, y si lo niega es por mera flojera, o no lo sé.

—Así es —secundó Brenda, uniéndosenos únicamente con una botellita de agua en mano.

—¿Dónde está Anthony? —preguntó Abby al no encontrarlo.

—Fue por su conquista —le respondió la pelinegra.

—¿Ah? ¿Y ahora quién podrá ayudarme?

—Yo… —se ofreció Drew.

Abby sonrió.

—¿De verdad? Veo que ya tienes mucha carga ahí.

—Eh, Liam, ayúdame con esto —Drew llamó a un amigo, este se acercó de inmediato ocupándose de la mochila de mi amiga.

—Oh, ahora sí. Disfrutemos de la caminata —exclamó Abby en cuanto se desocupó. Y yo me quedé con su bolso.

(…)

Unos minutos después alcanzamos nuestro destino, nos detuvimos a mitad del bosque en una parte despejada de árboles. A unos cuantos metros de ahí se encontraba una casa amplia. Y menos mal, no había calculado el tema de los baños, pero ahora, al ver esa construcción ya podía estar tranquila.

Continuamos y nos situamos justo en el medio de ese gran espacio despejado, allí se encontraba un enorme árbol dándole sombra a una gran parte del entorno. El lugar se conservaba bastante bien, el pasto no era molestoso, estaba bien cuidado, y es que otros cursos habían ido antes que nosotros.

—Aquí nos detenemos —anunció un profesor, tomando la voz de líder mientras la directora se alejaba acompañada de su secretaria rumbo a la casa—. Este será el lugar en donde armaremos las carpas, las cuales están en la única propiedad que podrán notar —nos informó—. Esa casa tiene todo lo que vamos a necesitar: comedor, cocina y, por supuesto, baños para cada sexo, para los que tengan pareja aclaro que, desde ahora, no es para tener relaciones —observó a cada chico y chica que estaban demasiado juntos, entre ellos a April y a su novio.

—Gracias por la aclaración, señor Green —tomó voz una mujer—. Chicos, vamos a necesitar de su ayuda para traer y montar las carpas, las cuales son para cuatro personas, cuatro personas del mismo género—aclaró firmemente—. Después tomaremos un descanso para darle inicio a las actividades. 

Todos comenzaron a soltar sus equipajes, y de la nada ya había una montaña de estos en la base del árbol.

—¡Somos cuatro, compartimos! —anunció Brenda.

—¿Y si no quiero? —tentó Abby.

—¡Te obligamos! —le respondió en el mismo tono.

Solté una risa junto a April.

—Busquemos la carpa antes de que agarren los mejores  —propuso la rubia.

—¡Vamos, tiene que salir muy bien! —Brenda no dejó su entusiasmo al hablar.

Quince minutos después, ya había algunas carpas hechas, les envidiaba en aquel momento porque la nuestra no estaba quedando para nada bien.

—¿Están seguras que no había instrucciones? —les pregunté por décima vez a las chicas.

—No, no sé y mi teléfono no tiene señal como para buscar un tutorial en YouTube—me respondió April—. Hacemos esto todos los años y siempre se me dificulta recordar, uf.

—Yo sí me acuerdo —intentó asegurarnos Brenda—, y estoy segura que eso no va así —señaló una parte que intentamos armar en vano.

—Entonces arréglalo tú, experta —incitó April. Brenda bufó, pero de todas formas le hizo caso. Nos dio instrucciones y minutos después nuestra carpa ya estaba armada. Oh, sí.

—A ponerlo lindo por dentro —comunicó April, miró alrededor y no encontró lo que al parecer buscaba—. ¿Y las colchonetas?

—No lo trajimos —Brenda se llevó una mano en la frente—. Apurémonos antes de no tengamos de otra que dormir en el duro suelo. Estos colchones son lo mejor, el año pasado quise robarme uno, pero son demasiados grandes como para que pasara desapercibido —nos contó mientras nos dirigíamos a la casa.

—Dime que no son colchonetas de esos finos de gimnasia —pidió Abby.

—No, no, estos son especiales. Son como mini camas, hasta patitas trae, una simulación claro.

—Cuatro no va a caber dentro, solo dos —informó April—. Pero creo que vamos a poder… ubicarnos. Si alguien quiere su espacio, lo dividimos con mantas.

—Por mí, como sea —opiné.

—Me da lo mismo —secundó Abby.

—Y nosotras ya nos conocemos —le dijo Brenda.

—Okey, sigamos.

Ingresamos por las dobles puertas, dentro comenzaba inmediatamente el enorme comedor. Largas mesas estaban situadas una al lado de la otra, con sillas rusticas como todo el lugar. Había una puerta en esa zona, daba hacia la cocina seguramente. Nosotras continuamos por la esquina llegando hasta el pasillo que daba los baños, y al final de este se encontraba una estancia que contenía todo lo que podríamos necesitar, todo muy bien acomodado.




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