Mia | Híbridos Rebeldes 1

57. Tarde para arrepentimientos

Mia

Henry Grayson me había dado tres meses para prepararme y asistir ritual, él había exigido que le entregara el anillo de Eden. No lo hice, al menos no se lo di a él, Grayson simplemente deseaba que me lo quitara y eso hice, tuve que obedecerle cediéndole mi anillo a Hareth. Él lo mantendría en un lugar seguro.

Y ahora sin ese objeto me estaba sintiendo expuesta, al tenerlo me sentía protegida al conocer su poder. Me estaba atacando un pánico constante por este motivo, me sentía observada y tal vez así era.

Otro día había comenzado, había transcurrido una semana desde que comencé a entrenar para activar mis habilidades suspendidas. Le había contado todo a mis padres y ellos accedieron a que les siguiera la corriente a la gente de El Concejo, si ellos ya estaban enterados de todo, era mejor hacerles creer que tenían el control. Mis padres no mencionaron ningún plan, algo que evitara el ritual en su momento, solamente me indicaron los pasos a seguir que en resumen era continuar con las lecciones de “llegar a mi poder congelado”. Mi madre comentó que había un camino fácil para encenderme, para llegar a esos poderes, solo que no me dijo cuál, ella consideró bien ir paso por paso para ocupar el tiempo definitivo por El Concejo ya que acá la cuestión era demorar mi llegada a ese momento determinado.

Hareth estaba recordándome que debía convertirme en loba sí o sí antes de “entregarme” a ese ritual. Lo malo es que no había indicios de mi parte licántropo. Por eso, ahora nos encontrábamos llegando al lugar de entrenamiento situado en Luna Eclipsa. Aquí tenía que enfrentarme a un par de circuitos para probar mis capacidades.

Hacías unos días había estado recurriendo a ese lugar acompañada de Hannah, ahora mismo esa cercanía se había congelado una vez más. Estábamos alejadas y nuevamente ella me parecía la persona más pesada y caprichosa. Nuestro desafío de miradas había vuelto cada vez que nos encontrábamos.

En el lugar de entrenamiento me encontré con los primos Mayer, ellos se acercaron a saludarme, Hannah y los hermanos Brown también se encontraban presentes, ellos mantuvieron su distancia. Brenda, siendo tan amable, se ofreció a ayudarme y acepté para no sentirme tan sola a pesar de que Hareth no me abandonaba en ningún instante.

Anthony me deseó suerte y volvió hacia los hermanos Brown y Hannah. Evité mirarlos y procedí con lo mío. De pronto pasaron las horas y caí, sedienta, sobre la colchoneta. Entonces Hareth se apuró en ir a buscarme una botella de agua, Brenda a mi lado todavía se veía muy bien.

—¿Y la desaparecida de Abby? —me preguntó ella.

—Ya lo has dicho tú, anda desaparecida —me reí—. Se encuentra entretenida en la manada de su compañero, me dijo que es muy pueblo muy lindo, incluso hay una playa cerca. ¿Qué dices si la visitamos? ¿Podrías?

—Seguro —se entusiasmó la pelinegra.

Asentí sonriente pero mi sonrisa se esfumó al sentir esa molestia en mi garganta. Observé la dirección por donde Hareth se había ido, no lo vi por ninguna parte así que me levanté diciéndole a Brenda que iría yo misma por esa botella de agua. Llegué a esa zona, me refresqué la garganta explorando una vez más con ojos analíticos toda la estancia. No vi a Hareth, pero Hannah sí cruzó ante mi vista. La rubia estaba saliendo del lugar y eso me dio una idea, así que también salí por si encontraba a Hareth fuera del establecimiento.

No lo vi, pero una vez más me fijé en Hannah. La encontré muy sospechosa alejándose de la zona llegando a la línea de árboles, siguiendo esa línea vertical que daba directamente a la calle y cruzando esta empezaba el bosque. Ella echó un vistazo sobre su hombro antes de perderse por ese camino.

De pronto me llené de desconfianza y sin darme cuenta ya me estaba dirigiendo en la misma dirección que ella, apresuré mis pasos en cuanto llegué a la línea de árboles y la distinguí demasiado alejada de mí. Entonces decidí seguirla, ella iba en dirección al bosque y me causó intriga e inquietud su repentino deseo de dar una caminata por ese lugar.

 Pasaron algunos minutos, ya nos habíamos adentrado entre los altos y frondosos árboles, había ramitas caídas al igual que hojas, estas crujían bajo mis pies y por eso caminaba con demasiado esmero para no dar alguna señal de que alguien la estaba siguiendo, caminaba lento pero sin perderla de vista, hasta que de pronto ya no la vi más. Me alteré ante ello y la busqué con la mirada con un poco de desesperación.

No estaba, no veía a Hannah por ninguna parte, de todas formas seguí caminando. Esto me pasaba por seguirla a una distancia demasiado larga.

Continué andando y a lo lejos noté un conjunto de sauces, sus hojas onduladas caían hasta el suelo, detrás de esa cortina de hojas me pareció ver algo, entorné los ojos y reconocí una sombra, una silueta. Era una figura femenina, Hannah. Lo siguiente que apareció delante de mi vista fue lo que me desconcentró, vi asomarse también la sombra de una figura masculina.  

En un suspenso extrañamente peligroso, decidí acercarme más. Mis pasos fueron pausados y muy precavidos a medida que me acercaba, me remojé los labios ante los nervios que había despertado, dándome cuenta de que mi pulso había subido súbitamente. Tal vez era a causa de la adrenalina del momento; por el temor al ser descubierta, pero me di cuenta que no era aquello cuando me asomé por detrás de aquellas hojas y descubrí que efectivamente aquella silueta le pertenecía al cuerpo esbelto de Hannah.

Contuve la respiración y la necesidad de emitir una exclamación de asombro cubriendo mi boca con ambas manos, acallando cualquier sonido que intentase salir de mi garganta, ante lo que presencié.

Ella me daba la espalda, estaba demasiado ocupada con lo que estaba haciendo como para darse cuenta de mi presencia, o de mi intensa mirada asombrada hacia ella, hacia ellos.

Un hombre al cual no podía verle el rostro por culpa del ferviente beso que estaba contemplando entre ellos me lo impedía, la melena rubia de Hannah estaba suelta y se movía al ritmo de la ligera brisa, ocultándole perfectamente parte del rostro al tipo que besaba. Además de que él estaba utilizando un gorro negro y una gabardina del mismo color que me impedía reconocerle si es que en que algún momento lo vi antes, era incapaz de reconocerle por como vestía, pero la forma de su cuerpo y su altura me resultaban muy familiares.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.