Microcuentos de terror

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Lo terrible no fue morir. Lo verdaderamente aterrador fue encontrarme de nuevo con mi familia. Todos reían con locura, todos lloraban, todos estaban cubiertos de llagas y gusanos. Todos ardían.

Y todos me decían, con una escalofriante sonrisa en sus rostros descarnados: bienvenido, hijo. ¡Bienvenido al infierno!




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