Microcuentos de terror

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El hombre entró por la puerta, no por la chimenea, como se suele decir. El niño, magullado y con sangre en la comisura de la boca, se había desmayado mientras escribía una carta para él.

—Tranquilo —le susurró al oído—. Te traje un regalo mejor: ¡Venganza!

Le besó la frente, se puso de pie y se encaminó a la habitación en la que dormía el bastardo que lo golpeó.




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