Microcuentos de terror

75

Estaba agazapado tras la ventana tapiada con madera. La escopeta tenía puestos los dos cartuchos.

Afuera, por una rendija, veía al monstruo (de piel grisácea, cabello quebradizo, rostro macilento y mirada salvaje) embestir con furia la puerta. Los goznes chirriaban en señal de que no iban a resistir demasiado.

Apunté por el resquicio, decidido a disparar. Era el monstruo o yo.

Monstruo, porque esa cosa de allá afuera ya no era mi esposa. 




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