Microcuentos de terror

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La lluvia de cadáveres se dio a primeras horas de la mañana. Cayeron cuerpos enteros y restos: cabezas, torsos, brazos y piernas, pero, sobre todo, huesos. Cundió el pánico en el barrio y todos gritaban que era el fin del mundo. No lo era. Yo sabía que existía una explicación científica. La televisión me dio la razón: una tromba marina había alcanzado un cementerio anegado y los cuerpos habían ascendido a las nubes.

La información llegó demasiado tarde: la mitad de mis vecinos se quitó la vida creyendo que en efecto era el fin del mundo.




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