Microcuentos de terror

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—Por favor —suplicó al doctor—. Quítame la camisa.

—No puedo. Eres peligroso para ti mismo. Te matarías.

—Y así me ayudarías. ¿Es que no entiendes que ellos vienen todas las noches y me torturan sin parar? Ya les dije que lo siento, que estoy arrepentido de lo que les hice, pero no me perdonan, no se van. Por favor, te lo suplico, libérame. Suéltame para que pueda acabar con mi vida y así escapar de ellos.

—Eso sería demasiado fácil. —El doctor le sonrió con malicia—. Mi padre era uno de esos pobres infelices que torturaste hasta la muerte.




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