Microcuentos de terror

97

—Tienes que hacerlo —dijo el hombre a la mujer.

—No me atrevo.

—Sabes que es necesario.

—Pero los niños…

—Es la única manera de salvarlos.

Con lágrimas en los ojos, la mujer disparó. Luego entró a la casa. Los niños, que lo habían visto todo, lloraban silenciosamente. Pese a todo, lo aceptaban. Sabían que, una vez contraída la enfermedad, era la única forma de que el padre no se volviera contra los suyos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.