Microcuentos de terror

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El día que le pedí matrimonio, decidió sincerarse. Me amaba, y quería que supiera quien era: yo decidía si la aceptaba o huía. Me llevó al subsuelo y me mostró su colección de cabelleras. Diferían en tamaño y color, pero todas conservaban el cuero cabelludo.

Recordé las noticias de los crímenes ocurridos en el país en los que se informaba que a diversas victimas les habían arrancado la cabellera.

Fue toda una sorpresa.

En fin, en treinta días me caso. Ahora mismo ando de viaje, en busca de un regalo de bodas: la cabellera pelirroja que a mi amada le falta en su colección.




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