Microcuentos de terror

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Me dijeron que la vereda que atraviesa el bosque estaba embrujada. No pregunté qué horrores se le atribuían, pues no quería que mi mente se sugestionara.

Me aventuré por ella preguntándome que encontraría: ¿gritos, lamentos, visiones de seres sobrenaturales; un jinete cabalgando un caballo de fuego tal vez?

Sin embargo, conforme caminaba, nada raro ocurría y empecé a pensar que lo del embrujo eran simples rumores.

Transcurrieron los minutos, media, una, dos horas… la senda tenía dos kilómetros de longitud. Poco a poco empecé a intuir la terrible verdad, y era que, una vez dentro, resultaba imposible abandonar la vereda.




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