Microcuentos de terror

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El cuerpo era un espectáculo horrendo para la vista. Tenía pegotes de tierra por todo el cuerpo, pero lo más horrendo era la carne amorfa, carcomida, con partes donde los gusanos habían dejado a la vista el hueso, blanco. Tenía toda la pinta de haber permanecido bajo tierra varios días.

Pero lo que de verdad me horrorizó fue cuando se puso de pie y, ante la mirada incrédula y aterrada de un centenar de curiosos, alzó un dedo negro y me señaló.

—¡Él fue quien me asesinó!




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