Microcuentos de terror

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Ahí estaba yo, de pie ante la tumba. En la lápida, mi nombre y fecha de nacimiento y muerte. Según esta, morí un viernes 7 de mayo.

Se apodera de mí un sentimiento de desesperación e incredulidad, hiperventilo, el aire empieza a faltarme y un fuerte dolor nace en mi pecho.

De pronto estoy despierto pero el dolor persiste, a lo lejos, como un débil eco, escucho la voz de mi esposa.

—¡Ayuda! ¡A mi esposo le está dando un infarto!

Es la madrugada de un viernes 7 de mayo.




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