Microcuentos de terror

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El ser de otro mundo aterrizó la nave en la plaza de una ciudad desierta. No vio a ningún humano y el radar, cuyo radio de alcance era de cincuenta kilómetros, tampoco detectó humano alguno. Sonrió con complacencia. El virus había cumplido su cometido.

Con todo, era de esperar que aún habría algunos focos de resistencia, pero sería un juego exterminarlos. Y entonces, por fin podrían colonizar aquel planeta, avistado por primera vez hacía miles de años.




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