Microcuentos de terror

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Por tercer día consecutivo lo primero que vio fue al cuervo posado en la rama de aquel viejo amate. Experimentó un escalofrío y tuvo la certeza de que el pajarraco representaba un mal presagio.

Decidió ser precavido. Respetó los semáforos camino del trabajo, miró a los lados antes de hacer un giro y leyó las fechas de caducidad de todo lo que consumió. Regresó a casa a salvo.

El cuervo continuaba ahí, y entonces cayó en la cuenta de que no miraba hacia su habitación, sino a la de al lado, la de su hija. Poco después la vio cruzar la calle al grito de “papi, papi”. También vio el camión que se acercaba a toda velocidad.




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