Acabamos de llegar a la finca donde se celebra el banquete de la boda de Francisco y su ahora esposa, Amelia. Mucha gente del pueblo estamos aquí. Estoy hablando con mis tíos cerca de unas mesas, cuando de repente, la veo. Está a unos metros de mí y va de un lado a otro, ayudando con los preparativos, muy concentrada en lo que hace y me permito observarla. Va preciosa, con un vestido de tonos claros y un maquillaje sencillo que consiste en máscara de pestañas y pintalabios de un color nude, seguidos de unos tacones que, claramente, no domina muy bien y hacen que pierda el equilibrio y se tropiece, pero yo me muevo rápido y la sujeto por la espalda y la cintura, evitando que se caiga.
- ¿Estás bien? – le pregunto preocupado.
Ella se tensa ante mi contacto y dice: - Sí, sí, gracias…qué torpe soy – dice rápidamente, apartándose como si la hubiese quemado.
Me doy cuenta de hay alguna gente mirándonos, entre los que están sus padres, sus tíos, su abuela materna, Francisco y Amelia, todos con cara de preocupación. Pero ella, avergonzada, se va directamente al baño. Y yo trato de contener una sonrisa, porque eso me parece adorable.
Veo que Evie va detrás de ella, cubriéndola como siempre hace.
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Un par de horas después de la comida, voy al baño, y al salir, me dirijo a una de las mesas donde están algunos de mis familiares, pero me detengo a medio camino al oír la voz de ella. Está de pie, en una de las mesas, hablando con su tío, quien creo que es también su padrino y me fijo en lo que le está diciendo:
- ¿Pero es que tito, no entiendes lo mucho que me importas? ¿Qué te necesito como respirar? Porque yo sin ti no puedo vivir
Sonrío. ¿Pero qué está diciendo?
- No sabes lo mucho que significas para mí – continúa – No quiero que te pase nada, así que deja de fumar de una vez. ¿No ves que eres el amor que odio, la guerra que lucho, la droga que tomo?
La mesa entera estalla en carcajadas. Y yo, aunque no lo hago, sigo ahí, sonriendo como un tonto, atento a lo que dice
- Y para ver si te termino de convencer, déjame que piense otra frase así cursi… ¡Ah, ya! – exclama, luego de un par de segundos – Eres la luz en medio de mi oscuridad, y de todas las canciones que existen tú eres la única melodía
El grupo sigue riéndose, y ella hace una leve reverencia, de broma
- Y ahora, si me disculpáis, me retiro. - Pero al darse la vuelta, me ve. Nos miramos durante un momento y veo que su expresión cambia, de divertida a aterrada y se queda blanca. Yo me quedo mirándola sin decir nada, con media sonrisa, porque sigo sin creer lo que ha dicho. Es tan ella. Tan dulce, tierna, encantadora…
Baja la mirada enseguida, se da la vuelta y se va corriendo de nuevo, por segunda vez. Y yo me quedo donde estoy, entre atónito y fascinado.