Cuando Francisco y Amelia acaban el baile de recién casados, todos los invitados estallamos en aplausos. Lo han hecho muy bien, y eso que Amelia es más tímida. Pero eso es lo de menos, pues ambos se han coordinado sin problemas. Se nota que están muy enamorados.
A partir de ahí, es el turno de los invitados, y varias parejas se animan a salir a la pista. Pero yo no. No soy muy fan de bailar en público, y además no se me da muy bien.
Me quedo en una de las esquinas de la sala, observando y me fijo en que ella está al otro lado conversando con Antonio, quien es uno de los primos de su madre, y con Paloma, su mujer. Parece que está incómoda, como si tratase de rechazar la invitación de ellos de sacarla a bailar, pero sin parecer maleducada. No mucho después, veo que Evie se acerca a ella muy sonriente y los otros se retiran. Obviamente no puedo escuchar lo que están diciendo, pero sé que es algo sobre mí, ya que Evie señala con la cabeza hacia donde estoy. Ella mira en esta dirección y me ve, y como siempre, aparta la mirada. Finalmente, Evie se va, dejándola sola y la sigo observando un rato más. Está muy pensativa, y aunque al principio no quería moverme de mi sitio, algo me dice que tengo que hablarle, hacer algo. Así que camino hacia ella.
- Hola. ¿No bailas? – le pregunto, intentando sonar tranquilo, aunque realmente no lo estoy.
Ella gira la cabeza inmediatamente y me mira con una mezcla de sorpresa y nervios.
- Eeeh…no – responde – Es decir, me gusta bailar, pero no en público-
- Yo tampoco bailo en público – le contesto, dejando escapar una sonrisa- Pero la única diferencia es que a mí no se me da bien bailar.
- ¿Y entonces qué haces pidiéndome que baile contigo? – pregunta, curiosa
- No lo sé – respondo, encogiéndome de hombros – Quizás es que contigo me siento más- seguro – y me siento un poco estúpido por decir eso, aunque ella me mira durante unos segundos.
Le tiendo la mano, pero ella mira un momento hacia sus padres, quienes asienten para dar su aprobación. O quizás simplemente para decir: “Está bien”. Luego vuelve a mirarme y acepta mi mano. La guío suavemente hacia la pista de baile, donde no hay tanta gente como antes, y eso me alivia un poco. A continuación, nos colocamos de frente, y con mucho cuidado, pongo mis manos en su cintura. Ella baja la mirada, nerviosa, pero no se aparta.
Nos movemos despacio, sin decir nada. Hasta que le digo en voz baja:
- Estás temblando
- Estoy bien – responde, aunque creo que es consciente de que ni ella misma se lo cree
- ¿Te da miedo bailar conmigo o que te vuelva a sujetar si te caes?
Me mira un momento y luego esboza una pequeña sonrisa.
- Puede que ambas cosas – contesta, bajando la mirada de nuevo, avergonzada
- Tranquila – le digo, apretando suavemente su cintura – Si te caes, me aseguraré de cogerte otra vez. Pero esta vez no salgas corriendo hacia el baño.
Ella me observa con una expresión que no sé descifrar.
- ¿Y si no lo hago? – pregunta en un susurro
- Entonces simplemente me quedaré contigo – respondo sin dudar.
La canción termina y nos soltamos poco a poco con timidez. Ambos damos un paso hacia atrás, como si no hubiera pasado nada.
Pero el que caso es que sí lo ha hecho. Y no lo voy a olvidar.