- Demuéstramelo – le dije. – Demuéstrame que realmente me quieres. Que no me vas a hacer daño – Añadí en voz baja
- ¿Cómo crees que te voy a hacer daño? – Me preguntó él
- Ya no creo en el amor. He visto muchos divorcios y separaciones. Todos los hombres sois iguales – Confesé.
- Eso no es verdad. No generalices por favor – me pidió con voz triste – Sabes que me gustas desde hace años..
Eso era cierto. Él, Mateo, estaba enamorado de mi desde que yo tenía dieciséis y el diecinueve. Pero yo nunca había estado interesada en una relación. Más en ese momento, que había visto a muchas parejas conocidas y cercanas a mí que bien se habían separado o divorciado. Lo único que deseaba era estar soltera. Aunque él siempre me había respetado, tanto mis decisiones como a mi persona.
- Pero gustar no es lo mismo que amar – Añadí de nuevo.
- ¿Qué tengo que hacer para que confíes en mí? – me preguntó finalmente, derrotado.
Esperé unos segundos para decirle:
- Si tanto me amas como bien dices, enséñame lo que es realmente el amor, no las tonterías que hay ahora
- Entonces déjame hacerlo. Y si no funciona, lo descartamos. Prefiero ser solo tu amigo a perderte para siempre-
Suspiré. Era cierto que no perdíamos nada por intentarlo. Él era un chico muy bueno, lo había evidenciado todo el tiempo. Aunque hay veces que en fondo no conocemos bien a las personas…
Meneé la cabeza, ahuyentando los malos pensamientos y le contesté:
- Está bien, intentémoslo.
Él sonrió: - Gracias. Por confiar en mí.