Microrrelatos/ Historias cortas

EXTRA AMOR CORRESPONDIDO: LAS PERSEIDAS (PUNTO DE VISTA DE ELLA)

Han pasado algunas semanas desde la boda de mi primo Francisco. Es agosto, y a pesar del calor, y de que estamos en plena feria, la gente sale a disfrutar, ya sea por la tarde o por la noche. Y Evie no está por el pueblo, ya que está pasando unos días de vacaciones en el mar con sus padres y su hermana.

Yo estoy con mis tíos – mi padrino y su mujer, ayudándoles en la librería-papelería. Es por la tarde, y justo estoy colocando unos libros que han llegado en las estanterías, cuando oigo abrirse la puerta del local. Levanto la vista y por poco se me caen los dos libros que me quedan por colocar. Es él. Me invade esa oleada de nervios que siento cada vez que le veo.

- Hola – me dice, acercándose al mostrador.

- Hola – respondo, yendo detrás de este para poder atenderle, intentando parecer tranquila.

Me pide una agenda y un estuche de bolígrafos de colores, y mientras se lo doy, me doy cuenta de que me está mirando.

- ¿Sabes que esta noche se ven las perseidas? – me pregunta, apoyándose en el mostrador

Le miro un momento con el ceño fruncido, Espera, no me digas que me está…

- Ah, sí. Eran hoy – le digo, un poco descolocada.

Él asiente

- Sí. Estaba pensando en ir al campo, al camino del molino. Ahí no hay farolas y se ven mejor. ¿Quieres venir?

El corazón de da un vuelco. Me retuerzo las puntas del pelo mientras me pienso la respuesta, como si fuese la decisión más difícil de mi vida.

- Yo…vale. Aunque nunca he visto una lluvia de estrellas – confieso en voz baja.

Él curva la boca con esa sonrisa que me deja sin aire.

- Entonces es un buen momento para empezar

Y antes de que pueda decir nada más, mi tía me llama desde el almacén. Él deja el dinero sobre el mostrador, y justo antes de salir, dice:

- Si te animas, estaré allí a las diez.

Y finalmente sale de la tienda tan campante, como si no me hubiese invitado a la noche más mágica del año. Yo me quedo ahí plantada, con todo el cuerpo temblando y el corazón latiendo tan rápido que puedo respirar.

***

Son casi las diez y todavía no sé qué ponerme. Al final me decanto por una camiseta y unos vaqueros, porque no quiero parecer que me he arreglado demasiado.

Salgo a la calle tras despedirme de mis tíos, y aunque por la noche aún hace calor, noto algo diferente en el aire. Me dirijo hasta el molino, que no está muy lejos con una mezcla de nervios y emoción

Al llegar a mi destino, lo veo. Está apoyado en su coche, con las manos en los bolsillos, y cuando me ve y me sonríe, siento que me derrito ahí mismo.

- Pensé que no vendrías – me dice.

Me encojo de hombros – Bueno, pues al final ya ves que sí.

Él asiente, con esa sonrisa que me pone muy nerviosa y abre la parte trasera de su coche para sacar una manta.

- Vamos, conozco un sitio donde se ven mejor

Me guía por un pequeño sendero hasta llegar a un claro y apenas hay ruido excepto los grillos y el sonido lejano del río.

Extendemos la manta y nos sentamos. Al principio me cuesta mirar al cielo porque él está muy cercano. Sin embargo, cuando levanto la vista, me quedo sin palabras.

- Mira – me dice él de pronto, señalando hacia arriba.

Una línea brillante cruza el cielo y desaparece. Me quedo tan sorprendida que sin pensarlo, suelto un pequeño jadeo y le agarro del brazo.

- ¡He visto una!

Él suelta una risa suave – Te lo dije, era un buen momento para empezar.

Nos quedamos unos segundos en silencio, hasta que pasa otra estrella fugaz y es entonces cuando me dice en voz baja

- Pide un deseo

Sonrío – Ya lo he pedido

Cuando me giro, me está mirando de lado, como si quisiera decir algo más. Siento que me arden las mejillas y aparto la mirada, nerviosa

- ¿Y si te digo que yo también tengo un deseo? – pregunta

- ¿Cuál? – susurro

Se inclina un poco, lo suficiente para que su hombro roce el mío – Que no te vayas corriendo esta vez

Me quedo mirándolo sorprendida, con el corazón a mil por hora

- No voy a hacerlo – digo, sin pensar demasiado.

Me coge de la mano suavemente, entrelazando sus dedos con los míos, y el calor de su mano me hace estremecerme. Miro hacia arriba justo cuando otra estrella cruza el cielo y no puedo evitar pensar que puede que sea el mejor deseo: estar aquí a su lado, sin huir.

No volvemos a hablar. No hace falta. Simplemente nos quedamos en silencio, observando cómo las estrellas fugaces pasan por el cielo. Y justo entiendo que no necesito pedir nada, porque lo que siempre había soñado está ocurriendo ahora.



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En el texto hay: crush, amor, metas

Editado: 28.08.2025

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