Microrrelatos/ Historias cortas

EXTRA AMOR CORRESPONDIDO: LAS PERSEIDAS (PUNTO DE VISTA DE ÉL)

Decido entrar en la librería-papelería de sus tíos solo para verla, con la excusa de que necesito una agenda y un estuche de bolígrafos de colores. La encuentro en una estantería colocando unos libros, que, casi se le caen cuando me ve, y esa reacción suya me parece de lo mas adorable.

- Hola – le digo, acercándome al mostrador.

- Hola – responde, yendo detrás de este para atenderme, pero la noto nerviosa, como todas las veces que hablamos.

Le pido la agenda y el estuche de bolígrafos, pero en realidad estoy pensando en invitarle a ver la lluvia de perseidas, que es esta noche, y sé que si no lo hago ahora, puede que no encuentre otra oportunidad. Así que, sin pensarlo mucho, le suelto:

- ¿Sabes que esta noche se ven las perseidas?

Ella frunce un poco el ceño, como si no esperara que yo sacara el tema.

- Ah, sí…eran hoy

Asiento y me apoyo en el mostrador – Sí. Estaba pensando en ir al camino del molino. Allí no hay farolas y se ven mejor. ¿Quieres venir?

Se queda callada durante unos segundos mientras se retuerce un mechón de pelo, como hace siempre que está nerviosa, y yo contengo la respiración.

- Yo…vale. Aunque nunca he visto una lluvia de estrellas – confiesa en voz baja.

Sonrío sin poder evitarlo – Entonces es un buen momento para empezar.

En ese momento, su tía la llama desde el almacén. Ella se da la vuelta enseguida, como si agradeciera la interrupción y yo dejo el dinero sobre el mostrador. Justo antes de salir, añado:

- Si te animas, estaré allí a las diez

Y me voy, como si no acabara de invitarla a algo que para mí lo significa todo.

****

Son casi las diez y estoy apoyado en mi coche, con las manos en los bolsillos. Miro a la carretera y pienso que quizás no venga. Pero entonces la veo caminado hacia mí. Viste de forma sencilla, solo con unos vaqueros y una camiseta y aun así, me queda sin aire.

- Pensé que no vendrías – le digo

Se encoge de hombros, con esa mezcla de timidez y seguridad tan suya – Bueno, al final ya ves que sí.

Abro la parte trasera del coche y saco la manta – Vamos, conozco un sitio mejor.

La guío por un sendero hasta llegar a un claro. No se oye nada, salvo los grillos y el río a lo lejos. Extiendo la manta y nos sentamos.

Durante un momento no miro al cielo, sino solo a ella, en cómo evita mi mirada, en cómo juega con las manos y cómo se esfuerza por parecer tranquila. Toda ella me parece preciosa.

- Mira – digo de repente, señalando hacia el cielo.

Una estrella fugaz cruza el cielo. Ella suelta un pequeño jadeo y me agarra del brazo. Esa reacción me descoloca por completo.

- ¡He visto una!

Suelto una risa suave – Te lo dije, era un buen momento para empezar.

Unos segundos después, pasa otra y digo en voz baja:

- Pide un deseo.

Me quedo en silencio, mirándola de reojo. El brillo del cielo se refleja en sus ojos y sé que ninguna estrella puede compararse.

- ¿Y si te digo que yo también tengo un deseo? – pregunto.

Se vuelve hacia mí con una sonrisa - ¿Cuál?

Me inclino un poco, lo suficiente para que mi hombro roce el suyo – Que no te vayas corriendo esta vez

Hay un silencio durante unos segundos y el corazón me late muy deprisa, temiendo su respuesta.

- No voy a hacerlo – dice, muy bajito.

Siento un alivio enorme cuando la oigo decir eso y entrelazo sus dedos con los míos. Y entonces me queda claro que no necesito nada más, pues todo lo que deseo está aquí, a mi lado.



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En el texto hay: crush, amor, metas

Editado: 29.08.2025

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