El coche de policía corría a una velocidad moderada. Scorpion se hallaba en el asiento trasero jugando con sus dedos mientras fijaba su mirada en la ventana.
Las esposas comenzaban a calentarse gracias a su tacto con la piel, una de sus uñas largas se había quebrado en la escena del crimen, pero eso no era lo que le importaba, sino el hecho de haber estado tan cerca del velocista. Nadie sabía su nombre, ni quién era, pero todos lo admiraban.
Los ojos verdes de Scorpion danzaban mientras observaba a cada persona pasar. Su frente estaba adherida al cristal, agregándole más monotonía a su aspecto. Alzó una de sus cejas perfectamente curvadas y maquilladas sin ninguna razón aparente. Mientras sus ojos se enfocaban en lo que estuviera fuera, su oído estaba más al tanto de lo que ocurría en los asientos delanteros.
Los dos policías discutían sin prestar atención a nada, Scorpion los vio de reojo, no estaban ni siquiera concentrados en ella.
Ella suspiró y una vez que el coche se detuvo por una luz roja en un semáforo, Scorpion provocó que un portal se creara en la cabina, justo debajo de su asiento. No elaboraba ningún sonido, así que era fácil abrir un portal.
Una vez que su cuerpo logró atravesar el portal, extendió las piernas en el aire y cayó de pie con la misma gracia de un gato.
Estaba en un callejón.
El olor a putrefacción azotó su nariz, el bote de basura estaba frente a ella, sin contar con el aspecto de la calle. Graffitis marcados en todas las paredes, basura por doquier, ratas corriendo de un lado a otro tratando de comer basura.
Scorpion vio al final de la calle como el coche en donde estaba anteriormente aceleraba y se dirigía a la comisaría, ni siquiera se habían percatado de que ella no estaba allí. Colocó los ojos en blanco.
—Idiotas —murmuró.
Scorpion creó otro portal. Esta vez un óvalo que se encontraba adherido a la pared dejando a la vista una hermosa sala de estar con las paredes blancas y enormes vidrieras que dejaban a la vista una hermosa ciudad. Scorpion caminó hasta el portal y una vez dentro este se cerró.
El apartamento en el que ella vivía era una de las residencias más codiciadas de Acrisea.
Tenía una hermosa vista: los rascacielos casi tocaban las nubes, los autos corriendo de un lado a otro y las calles limpias a su alrededor. Delante de ella solo había un muro de mármol blanco donde se revelaba un dibujo de una flor. Las escaleras estaban iluminadas debajo de cada peldaño para subir hasta la segunda planta. Rayos, era el apartamento más lujoso que existía.
En uno de los sofás de piel color hueso se hallaba sentada la misma niña que Scorpion había amenazado con lanzar al vacío.
—Sabes que eso no era parte del plan —dijo la niña cruzada de piernas.
Era totalmente diferente a como estaba en el banco. Su voz era segura de sí misma, ni siquiera aparentaba lo que su edad indicaba. Seguía siendo una niña, pero esta vez había amarrado sus cabellos dorados en una coleta de caballo alta. Sus ojos verdes ya no eran dulces, expresaban deseo y malicia, decepción y rencor. A pesar de ser una niña de solo 11 años.
—Pero hicimos lo que teníamos que hacer, ¿verdad? —preguntó Scorpion encogiéndose de hombros.
—¿Y tú coqueteando con él? —La niña se levantó de su asiento.
—Lo siento, Shaper, pero era parte del plan.
—Siento que no me cuentas todos los planes, Scorpion —intervino Shaper y se dirigió a la cocina.
—Pero fue fácil —continuó Scorpion y tomó asiento en uno de los sofás individuales de cuero negro—, tuvimos el dinero y nadie salió herido. Ni siquiera los policías se dieron cuenta de que me escapé.
—Eventualmente, lo harán —Shaper tomó una jarra de agua y la vertió en un vaso de cristal.
—Pero eso no importa ahora —Scorpion colocó ambos pies encima de la mesa de cristal. Sus tacones estaban limpios, no había rastros de tierra—, lo hermoso que se veía él.
Shaper colocó los ojos en blanco a su vez que cerraba la puerta del refrigerador.
—Es un viejo —dijo ella y comenzó a beber agua.
—Es un hombre como yo —dijo Scorpion con la mirada perdida—. Era hermoso ¿Viste sus ojos?
—Sí —dijo Shaper y alzó ambas cejas—, quería matarlo cuando lo vi.
—Sabes que el plan es…
—Que se enamore de ti —Shaper colocó los ojos en blanco, al igual que el vaso en el fregadero—, lo sé. Pero no le veo lo emocionante a ese hombre. Es un estorbo. Es un nerd.
—No sabes eso —Scorpion colocó ambas botas de tacón en el suelo con rabia—, es un hombre hermoso, quizás si es un nerd por pensar que puede cambiar el mundo, pero es lindo y yo podría cambiar eso.
—¿Convertirlo en un niño malo? —Shaper enarcó una ceja.
—Sí, así es. Demostrarle lo bueno que es ganar una gran cantidad de dinero, recibir respeto de otras personas y muchas otras cosas. No necesariamente ser bueno es… bueno.
—Exacto —Shaper se acercó a su amiga y tomó asiento en el sofá frente a ella—, pero hasta que eso suceda, hasta que él sea… como tú dices… malo, vamos a tener que apartarlo del camino si queremos seguir teniendo esta hermosa vida que tenemos.
—Lo sé.
—¿Dejaste que te tocara? —preguntó Shaper cruzándose de piernas—, sabes a qué me refiero.
—Si lo sé. Si lo hizo, sentí un pequeño apretón en mi brazo.
Scorpion pasó su mano por su brazo. Aún podía sentir el fuerte apretón de su amado. Si la había tocado y él no tenía guantes como para protegerse, en definitiva estaba infectado. Esperaba que no estuviera muerto.
Esa era otra de sus cualidades, el poder envenenar a sus víctimas con solo un toque, era por eso por lo que decidió llamarse Scorpion. La mayoría de los Aberrantes solo sufrían dolor, pero al cabo de unas horas volvían a la normalidad, era debido a que los Aberrantes tenían una capacidad increíble de evitar enfermarse.
Pero no sabía qué tan potente podía ser su enamorado. Debía estar muerto ahora.
—Entiendo lo emocionada que debes de estar porque te ha tocado —intervino Shaper y se colocó de pie, Scorpion despertó de su ensimismamiento—, pero tenemos trabajo que hacer.
—¿Trabajo? —preguntó la chica frunciendo el ceño—, ¿Qué trabajo?
—Tenemos que terminar esto. Quiero aprovechar que el niño quizás esté muerto o esté inconsciente, pero quiero sacar provecho de esto. Voy a buscar a alguien que pueda ayudarnos.
—Pero, Shaper —habló Scorpion cabizbaja—, entiendo que quieres poder y todo eso. Pero con este dinero que sacamos creo que estamos bien —se encogió de hombros—, es decir, tenemos una linda casa, podemos vivir de esto por mucho tiempo. No es necesario…
—¿Quieres que te detenga allí, Scorpion? —interrumpió Shaper.
Físicamente, se diría que Scorpion era la mayor, pero el aura entre ambas dejaba claro quién era la que daba las órdenes.
Shaper a pesar de ser pequeña, daba su autoridad a la vista. Sus ojos parecían estar en llamas, al igual que cómo sus hombros se habían tensado, preparada para propinarle una golpiza a su amiga. Scorpion al notar sus acciones, decidió bajar la mirada. Asintió.
Shaper asintió de la misma manera.
—Ahora, necesito que por favor abras un portal para mí —respondió Shaper dándole la espalda a su amiga.
Scorpion asintió de nuevo y liberó un suspiro de derrota.
—¿A dónde quieres ir?
—A La Colección de Carol —respondió Shaper esta vez más tranquila.
Scorpion vaciló por unos segundos. Conocía el bar y a estas horas de la tarde estaba usualmente cerrado, pero no podía contradecirla y menos después de esa discusión. Decidió tragarse sus dudas y solamente creó un portal en el interior del local.
Como lo esperaba, estaba oscuro, los asientos de madera se encontraban vacíos y las cortinas que cubrían las ventanas daban a entender que no estarían en funcionamiento.
Sin dudarlo, Shaper se adentró en el portal con forma de óvalo, entraba a la perfección. Scorpion abrió la boca para decir algo, pero la cerró una vez que Shaper estaba dentro.
—Te llamaré cuando haya acabado —dijo Shaper y dio media vuelta.
—De acuerdo.
El portal se hizo más pequeño hasta desaparecer. Scorpion se mantuvo sentada y ocultó su rostro entre sus manos.
¿Por qué estaba pensando estas cosas? ¿Por qué estaba dudando de sí misma? Sabía lo que las otras personas habían hecho, la maldad que había corrido, las sombras que la rodeaban al igual que las burlas, de la nada quería dejar de robar, quería vivir con lo que ya tenía. Si era cierto, todo el mundo la iba a reconocer como la chica que robó, secuestró, hizo de las suyas sin pagar, sin contar con el hecho de ser una Aberrante.
Pero él había dicho… después de mi condena… No, es mentira. Me mintió. No lo iba a hacer.
Despertó de ese sueño. No todo era bondad, no siempre iba a ganar el bien.
Las personas te apuñalarán por la espalda y luego te preguntarán por qué sangras.
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Editado: 28.05.2026