Mid [#2 Aberrantes]

Capítulo 8 - Lo quieres todo, pero al tenerlo quieres más

Shaper escudriñó el bar inerte. De igual forma, esto no era lo que buscaba. Se adentró más y dio con tres puertas. La del medio era el baño de mujeres, la de su izquierda era el baño de caballeros, mientras que la derecha solo mostraba un cartel donde decía «Solo personal autorizado No entre».
Shaper la abrió y reveló una habitación llena de escobas y mopas, suplementos de limpieza, entre otras cosas, cerró la puerta a sus espaldas y palmeó la pared a su derecha.
El cuarto era pequeño, solo podía entrar una persona debido a la cantidad de elementos de limpieza que abarcaban el lugar.
Shaper empujó un poco la puerta y esta se movió un poco dejando a la vista una pequeña grieta. Shaper la empujó un poco más y la pared se abrió como si de una puerta se tratara, a su vez que el sonido de la música se hacía presente, al igual que unas luces que iluminaban debajo de cada peldaño. Shaper vio a sus espaldas y comenzó a bajar los peldaños, la puerta se cerró a sus espaldas.
No era la primera vez que iba a ese lugar, pero sí la primera vez que le pidió a Scorpion que abriera un portal para ella. Sus manos paseaban por el pasamano de las escaleras, era de metal y estaba helado. Esta vez logró ver desde arriba el local, un escenario vacío al final de la habitación y en cada lado una barra siendo atendidas por dos personas completamente idénticas; quizás su poder era duplicarse, nunca lo supo, pero ambos eran Aberrantes y lo daba por sentado.
El lugar estaba repleto de personas que no ocultaban lo que eran. No había ningún glamour, había una variedad increíble de personas.
Uno con piel verde, otras de morado, unos sin ojos, personas más altas que otras y tan gordos que les costaba creer que estuvieran vivos, incluso uno de ellos tenía el rostro de una serpiente. Shaper no le prestaba ni la mínima atención a eso, pero sí necesitaba de alguien. Una vez que logró bajar todos los peldaños, decidió hacerse paso entre la multitud.
Las miradas la seguían, todas acosándola y con la misma pregunta reflejada en sus ojos «¿Qué hace una niña aquí?». No había ningún menor de edad, ni siquiera personas pequeñas, todas parecían ser mayores de 20 o 25. Shaper decidió tomar asiento en uno de los taburetes vacíos frente a una de las barras. El bartender la observó de reojo, pero continuó organizando las botellas y los vasos. No la iba a atender y no le importaba, tampoco es que ella necesitara un trago.
Shaper observó a las personas a su alrededor de nuevo, pero una sola logró captar su atención.
En una de las mesas cuyos asientos tenían forma de U se hallaba una mujer. El resto de los puestos estaba siendo usado por personas con compañías un tanto escasas de ropa.
La mujer tenía una copa en su mano y la alzó en su dirección. La estaba llamando.
Shaper vio a sus espaldas para ver si se trataba de alguien más, pero los hombres a sus espaldas estaban conversando entre ellos. Shaper saltó de su asiento y se acercó a la mujer.
Desde su distancia pensaba que su piel era blanca como la nieve, sin embargo, a medida que se iba acercando se percataba de que usaba una máscara blanca.
Había algo en especial en ella, como una serpiente. No podía ver su rostro pero era hipnotizante.
El cabello negro de la mujer caía en cascada por encima de sus hombros, era tan largo que rozaba su cintura. Su contextura era delgada, pero con curvas, usaba un traje negro ajustado a su cuerpo y lo único que revelaba era su mano pálida y sus uñas largas como agujas color cobre.
Shaper tomó asiento al lado de la mujer y ella tomó otro trago.
La mujer alzaba un poco su máscara para que lograra beber de la copa, sin embargo, tenía cuidado de que su rostro no fuera revelado.
Shaper intentaba ojear desde abajo. Tenía curiosidad por ver su rostro.
Si todos los Aberrantes de aquí tenían aspectos de monstruos ¿Por qué ella se escondería? Shaper no logró encontrar nada. Incluso vio sus labios rojizos y carnosos. Debía ser hermosa. Quizás era eso, quizás su poder era enamorar con solo verla a la cara.
La mujer enmascarada dejó la copa encima de la mesa y esto hizo a Shaper enderezarse. Quizás ella notó que la estaba tratando de observar.
Por el sonido que provocó el cristal notó la diferencia entre estos asientos y el resto. Aquí el sonido de la música era perceptible, pero podías escuchar a la gente a tu alrededor.
—¿Qué hace una niña como tú en un lugar de vagos y Aberrantes perdidos como este? —preguntó ella.
Hasta su voz era como una dulce melodía. Era veneno, pero era tan dulce. Shaper se limitaba a verla a los ojos, no entendía por qué se sentía tan intimidada por ella.
—Creo que eso no es asunto de nadie.
—Eso es verdad —dijo ella.
Era tan neutral. Esa voz era demasiado indiferente como para tratarse de un humano, siquiera de un Aberrante. Parecía un robot, carecía de sentimientos.
—Si quieres puedes mirarme —sentenció la mujer de cabellos negros—, no te convertiré en piedra, te lo aseguro.
Shaper giró su cabeza lentamente y logró ver su máscara con más atención. Su rostro era blanco como la nieve y unos ojos muertos. Una máscara blanca cubría completamente su rostro y lo único que quedaba a la vista eran sus ojos color carbón.
—¿Por qué tanto anonimato?
La mujer la vio de reojo.
—Mi nombre es Deanna —respondió y sus pupilas se centraron en la pista de baile—, ¿Cuál es el tuyo?
—Creo que con mi rostro ya es suficiente presentación —murmuró Shaper y se cruzó de brazos viendo como una de las personas se subía a la tarima y colocaba el micrófono.
—La verdad es que sí, Shaper —Shaper giró para verla con asombro—, tengo ojos en todos lados. Apareces en las noticias y eres una de las niñas más ricas del mundo. Eres huérfana y tu amiga y tú se las arreglaron para salir de esa pocilga ¿Necesito decir algo más?
Por más que lo intentara, Shaper no lograba conseguir algún atisbo de emoción en su voz, hablaba seguido y sin fracturar su voz, sin contar con que era lo suficientemente femenina.
—¿Por qué me llamaste?
—Porque te conozco —dijo ella y un camarero se acercó a su mesa, tomó la copa y dejó otra llena en su lugar. Se marchó sin decir nada y Deanna tomó otro sorbo. La bebida era rosada—, conozco esa mirada y pareces tener hambre de algo.
—Creía que me conocías como para saber qué es lo que necesito.
—No lo sé, todos aparentan querer algo y tenerlo todo, pero en realidad nadie tiene nada o lo tienen, pero no lo que desean. Tú tienes esa mirada.
—¿Cuál?
—Lo quieres todo, pero al tenerlo quieres más. Solo que hay un problema —Deanna cambió la posición de las piernas—, que hay alguien que te lo impide.
—Me sorprende el hecho de que no hayas dicho «algo».
—Puedo ayudarte con eso —respondió Deanna.
—¿Cómo?
—Existe algo, un monstruo atrapado en una de las instalaciones más seguras del mundo y qué coincidencia que el lugar esté en esta ciudad.
—¿Un… monstruo?
Shaper vio a Deanna, no mostraba ningún atisbo de miedo o preocupación, estaba hablando en serio.
—El gobierno lo encontró y lo colocó en una jaula, sabían de su potencial y lo difícil que era domarlo así que lo mantienen bajo nuestros pies.
—Espera —la detuvo Shaper—, dijiste gobierno, es decir que lo tiene el ConAbe.
—Exacto. Sabes que una de sus extensiones está en el centro de la ciudad y solo por una razón. Porque bajo las alcantarillas y el metro se encuentra el ConAbe. Es la única criatura capaz de detener a tu amigo el velocista. He escuchado que hasta le están poniendo un nombre de lo más ridículo.
—Vale, vale —asintió Shaper y vio como una mujer elegante de vestido rojo y negro hacía aparición en la tarima, tomó el micrófono con ambas manos y comenzó a cantar—, suponiendo que sé cómo entrar, cosa que es mentira…
—Tienes una amiga que se teletransporta a todos lados, cuando lo desee. Creo que podrás con ello fácilmente.
—Vale, lo pillo, me conoces tan bien como la palma de mi mano. Pero esta información no viene gratis y lo sé porque conozco a todas las criaturas que son casi como tú.
—Lo que yo quiero es lo mismo que tú quieres, Shaper. Acabar con los que me hicieron mal. Y si acabar con ellos es destruir este pueblucho creo que estaremos a mano. Tienes suficiente dinero como para crear un imperio y suficientes bolas como para hacerlo realidad, solo falta el empujón que te estoy dando.
—Un empujón que no sé si debería fiarme.
—Eso ya es asunto tuyo. Solo espero haber encontrado en ti lo que buscaba.
—¿Qué cosa?
—Bolas. Coraje.
Shaper asintió.
Ambas chicas seguían viendo a la multitud. Algunos bailando y otros escuchando con atención a la chica sentada en sus asientos. Incluso los camareros tenían el mismo aspecto que los bartenders. Realmente nadie sabía quién era el dueño o si alguno de ellos lo era, pero, joder, quienquiera que fuera su dueño debía de lucrar enormemente con aquel lugar clandestino.
Shaper sin decir nada más se levantó de la silla.
—Nos encontraremos de nuevo —dijo Deanna con mucha seguridad.
Shaper se dirigió escaleras arriba sin mirar atrás, sin embargo, podía sentir la mirada de la mujer a sus espaldas.
Todo este asunto la hizo estremecer.




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