Mid [#2 Aberrantes]

Capítulo 9 - No quiero que me despidan en mi primer día

El cielo comenzaba a oscurecer. Se encaminaba nuevamente a ConAbe, ya comenzaba el turno nocturno y sabía que el miembro de oficina estaba marchándose. Caminaba por las calles de Horifell cabizbajo. Seguía pensando en Lissa, dónde podría encontrarse. Constantemente leía las noticias con la esperanza de leer que hombres habían muerto por causas desconocidas. Conocía la causa desconocida.

De nuevo, guardias se encontraban en la entrada de ConAbe, Cooper saludó y decidió entrar, sin embargo, uno de los hombres lo detuvo.

—¿A dónde vas?

—A trabajar —respondió.

Uno de los hombres enarcó su ceja.

—Nunca te he visto por aquí.

—Soy nuevo. Aún no me han dado mi ficha de identificación.

Los hombres intercambiaron miradas. No sabía si creerle o no, de igual forma no había nadie que confirmara lo que decía, ya todos se habían marchado, solo quedaba seguridad. Por las pintas que traía Cooper, podría deducirse que no venía con malas intenciones.

—De acuerdo —se encogió de hombros y le dio el paso libre.

Cooper se adentró de nuevo a las instalaciones de ConAbe, esta vez con más conocimiento de los departamentos.

Vio su teléfono celular. No había personal de oficina ni recepcionistas a esa hora, solo personal de vigilancia. Se adentró nuevamente al elevador y, mientras se cerraban las puertas, Cooper examinó su teléfono celular. Verificó el archivo que había descargado, eran las cámaras, los videos más recientes de la central de ConAbe, incluyendo la zona roja donde se encontraban los Aberrantes encerrados.

Cooper pasó los videos que no le daban importancia. Se detuvo al ver a una chica de cabello rosado y cuernos sobresaliendo de su cabeza. Tenía que ser ella.

Lo único que hacía era estar acostada en su cama. Vio la información de la cámara, decía celda 324. Debía ir allí.

Se abrieron las puertas.

Varios hombres esperaban en el elevador, pasaron por él y Cooper se encaminó a la sala de vigilancia. Esta vez no tocó la puerta, solo la abrió. La luz hizo acto de presencia dentro de la penumbra haciendo que los hombres uniformados volvieran su mirada en Cooper.

—¿Hola? —preguntó uno de ellos.

—Hola —saludó Cooper y colocó ambas manos en sus bolsillos—. Soy el chico nuevo de vigilancia nocturna.

—De acuerdo —dijo con recelo.

Cooper no identificó al grupo de personas que lo había recibido en la tarde. Este era el turno nocturno.

—Cuéntenme —Cooper continuaba con sus manos dentro de sus bolsillos—, ¿Qué debemos hacer aquí?

—Nada, solo ver las cámaras —se encogió de hombros el chico detrás del teclado—, ¿realmente pensabas que hay que hacer algo aquí?

—No lo sé —Cooper se encogió de hombros y de su bolsillo extrajo un pequeño artefacto. Era redondo y pequeño, casi imperceptible—, pensé que por necesitar personal era algo más cansado.

Cooper apoyó su mano encima del tablero haciendo que el pequeño artefacto reposara encima de la madera caoba.

—Eso significa que alguien de aquí va a ser despedido —el hombre sonrió con malicia.

Los demás rodaron sus ojos en blanco.

El pequeño artefacto era un pequeño escudo electromagnético impidiendo que cualquier señal externa llegara a esa habitación. No podrían recibir llamadas, sus radios no funcionaría, e incluso, la señal de las cámaras se interrumpiría.

—Bueno, muchachos —Cooper sacó otro artefacto, esta vez un poco más grande, pero igual de redondo y plateado que el anterior—, creo que hasta aquí estoy bien.

Cooper se levantó de su asiento, antes de que cualquiera pudiera hacer algo, Cooper presionó la pequeña pelota de acero haciendo que se formara una bola de humo en la habitación. Cooper se acercó a la puerta y la cerró, mientras que con su mano desocupada activaba el campo electromagnético, impidiendo que pudieran pedir ayuda.

Escuchó gritos y comenzó a sentir el forcejeo de abrir la puerta, al cabo de unos segundos el forcejeo desapareció al igual que los gritos de auxilio.

Cooper soltó la perilla de la puerta y se dirigió al elevador de nuevo.

Presionó el botón que marcaba «S3».

Ya comenzaba a divertirse.

Las puertas del elevador se abrieron de par en par, revelando un extenso corredor de paredes igual de blancas que el suelo y el techo. Dos hombres se encontraban charlando frente a una puerta de metal, a su costado había un mecanismo pequeño electrónico, quizás, allí debían colocar sus tarjetas de identificación para poder entrar. Cooper pensaba, una y otra vez, que debía evitar la violencia.

Se acercó a los dos hombres y a medida que se iba aproximando, ambos pararon de hablar para enfocar su atención en Cooper.

—Hola —saludó Cooper.

—No puedes estar aquí —comentó uno de ellos.

—¿Okey? Estoy aquí porque me ordenaron estar aquí.

—Solo puede entrar personal autorizado.

—Si me obligan a venir, ¿eso me convierte en personal autorizado?




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