Twyla se hallaba sentada en el sofá con las rodillas elevadas con un bloc de notas reposando en su regazo. Su lápiz era pequeño de la cantidad de cosas que había escrito. Quizás eran artimañas, pero al menos había sospechado de ello desde un principio.
Twyla usaba un short color azul un poco corto pero holgado, al igual que una playera de Minnie Mouse blanca con el lazo de Minnie sobresaliendo de la camiseta.
Continuaba escribiendo mientras la televisión continuaba encendida frente al sofá. Las cortinas color café cubrían las ventanas y le daban un contraste más vintage al lugar. Su apartamento era una mezcla de colores entre castaño y blanco, por alguna razón esos colores le recordaban a París.
—Pero estaba enfermo —murmuró Twyla y decidió borrar una parte de su bloc de notas.
Lo único que había anotado eran los hechos: Siempre llegaba a tiempo a trabajar, no lo había visto en su ambiente laboral, pero raramente cuando él no está en las oficinas, siempre el velocista aparece salvando a todos. No, estaba pensando que Alan era el velocista, pero no, no podía ser. No podía ocultarlo siempre, aunque estaba renuente a no ir a un hospital, incluso cuando tenía registro médico. Sin embargo, los doctores pueden ser amigos de Aberrantes y entregarles un diagnóstico falso.
Joder, todo era tan complicado. Alan sería capaz de decir verdad ¿No? No, es un hombre, todos los hombres mienten al final.
Al final escribió «¿Cómo pudo ver al velocista antes de llevarlo al hospital si nadie lo ha visto en su vida?»
Pocos lograron tomarle una foto mientras estaba en movimiento, pero nadie era capaz de verlo a simple vista.
Llamaron a la puerta.
Twyla tomó la libreta y colocó el lápiz por encima de su oreja.
—¿Quién es? —preguntó ella mientras se acercaba a la puerta.
—Soy yo —respondió Alan.
El corazón de Twyla se aceleró. Tenía notas acusando a su amigo de ser un velocista.
No podía hacer mucho en poco tiempo, así que decidió lanzar el bloc de notas debajo del sofá.
—Voy —dijo ella y se acercó al espejo de cuerpo completo. Era un desastre; no podía cambiarse, ya era demasiado tarde—, dame un segundo.
Acomodó su cabello castaño y optó por sus pantuflas de conejo, no tenía más nada para cubrir sus pies en poco tiempo. Se acercó a la puerta y la abrió de par en par con una sonrisa en el rostro. La estatura de Alan era tan alta que Twyla debía de alzar su cabeza para verlo a los ojos, le ganaba por una cabeza.
—¡Alan! —exclamó ella sorprendida.
—Hola —respondió él con afabilidad.
Alan llevaba en una mano dos cajas de pizzas grandes, pero lo que más le había llamado la atención a Twyla eran las flores que portaba en su otra mano. Eran seis margaritas de chocolate y seis rosas blancas. Eran perfectas.
—Pasa, pasa —dijo Twyla a su vez que le daba un espacio para entrar.
Por un momento había olvidado el desastre que era, cómo usaba un pijama mientras que él estaba bien vestido, el perfume que Alan portaba, las rosas que cargaba en su mano y las pizzas. Amaba la pizza. Le encantó el detalle. Jamás había visto este lado de Alan, este lado tan detallista.
—Son para ti, por cierto —dijo Alan entregando el ramo de flores.
—Alan no debiste, de verdad, aunque son muy hermosas y van con el…
—Apartamento —dijo Alan colocando las pizzas en la isla de la cocina.
Escudriñaba el lugar con una sonrisa. Se sentía realizado de haber llegado a su apartamento por primera vez.
—Nunca había visto unas margaritas de chocolate ¿Dónde las encontraste? —preguntó Twyla colocando el ramo en un jarrón blanco.
—Son importadas de Japón —respondió Alan colocando ambas manos dentro de sus bolsillos.
Twyla rió entre dientes y tomó asiento en el sofá, le hizo una señal para que Alan hiciera lo mismo. El lugar estaba perfumado por Alan, era una delicia. Fuera del área de trabajo, Alan transmitía una vibra diferente. Era el mismo chico tímido, pero esta vez lo sentía más confiado de sí, resplandecía con luz propia.
—Lamento lo de esta tarde —comenzó Alan mientras tomaba asiento—, yo de verdad me sentía muy mal y…
—Por lo menos llegó Andron al rescate —rió Twyla.
—¿Andron?
—Así es como lo llaman en las noticias últimamente —respondió Twyla y tomó su teléfono que estaba encima de la mesa de cristal—, Andron, es «corredor» en latín. Es una coincidencia que empiece por la A, ¿no crees?
—Sí, sí, es una coincidencia —Alan se puso de pie al instante—, iré por los platos, tengo demasiada hambre ¿Tú no tienes hambre? Traje dos pizzas porque no sabía que te gustaría, así que una es de pepperoni y otra es vegetariana. Porque puedes ser vegetariana o no, no digo que sea malo, pero…
—Alan —lo interrumpió Twyla—, relájate. Estaba jugando contigo.
Alan asintió y comenzó a buscar en los cajones de la cocina los platos.
—Alan —interrumpió nuevamente Twyla. Alan giró para verla y ella estaba señalando una de las gavetas superiores.
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Editado: 16.06.2026